capítulo 47|Lilith Méndez, Parte 2

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Adara Petrova

Ya estoy arreglada, cuando Lilith Méndez me manda a llamar.

Llevo un "conjunto", si es que se le puede llamar así, ya que es un pedazo de tela básicamente.

La parte de abajo es una "falda" en forma triangular de ambos lados, la tela es de un plateado metálico y ambas piezas se sostienen con una cadena negra por la cadera.

La parte de arriba también son piezas triangulares del mismo color y se unen por dos cadenas a sus extremos. Nunca me he sentido tan desnuda, como ahora. Se ven las formas de mis bustos y en la parte de abajo la "falda" solo me cubre la jodida raja y ya.

El tipo de corte de "la falda" no me permite ponerme bragas y como la costura no se une en la parte de abajo estoy con la entrepierna al aire. Si algún tipo quiere verme la entrepierna no va a tener que hacer ningún esfuerzo más que agachar la jodida cabeza.

Por último llevo unos tacones altos de punta fina color negro. La peluca está recogida en una coleta alta y llevo un maquillaje oscuro y cargado para ocultar mis rasgos reales.

Abro la puerta y al otro lado veo a una impaciente Lilith esperando.

Me observa de arriba abajo y observo como su rostro forma una mueca de disgusto, se qué no es envidia o disgusto hacía mi, es la vestimenta.

Después de todo creo que mi plan puede llegar a funcionar.

Lilith lleva puesto un vestido ajustado verde oscuro que hace resaltar sus ojos de un verde más claro.

A diferencia de la ropa que yo debo usar, su vestido es más decente, tiene un escote que deja ver el valle de sus senos y nada más, aparte de que es ajustado. Admiro su cuerpo que se nota natural y me pierdo en su belleza exótica. No estoy acostumbrada.

Lleva su cabello entre caramelo y rubio suelto y un maquillaje ligero.

Le da una última mirada a lo que llevo puesto para después voltear y empezar a caminar en dirección contraria a donde están las demás habitaciones, supongo que soy la última.

La sigo sintiéndome muy incómoda al no tener nada cubriendome como es debido. No soy alguien que se avergüenza de lo que tiene, pero tampoco necesito que todos los viejos asquerosos que asistan me vean el coño.

La finca de Méndez tiene un aire entre moderno y algo casual, cosa que me dejó sorprendida. No voy a negar que pensé que iba a tener todo en oro como el ególatra que es.

Bajamos por las escaleras por las cuáles enante subimos cuando nos mostró las habitaciones.

A medida que bajamos el ruido se hace presente hasta hacerse más fuerte.

Al bajar todas las escaleras me sorprendo al no encontrar nadie dentro de la casa, exceptuando a los meseros y empleados de cocina y limpieza.

Supongo que el ruido viene de un lugar exterior.

Como suponía caminamos hasta llegar a unas puertas corredizas transparentes que dejan ver el exterior a un patio extenso y lleno de gente.

Pues aquí vamos, joder.

Siento como mi batería social se agota solo en ver a toda esa multitud.

Suspiro mentalmente y pongo mi mejor cara de sumisa y dibujo una sonrisa en mi rostro.

Al pasar las puertas corredizas varias miradas recaen en mi y en Lilith, veo la incomodidad de ella y me apiado al instante, no parece gustarle nada este mundo.

Se acerca a mi y me susurra al oído que no me meta en problemas y a la fuerza me dice que obedezca en lo que me digan.

Ella se aleja después de eso y observo como dibuja una sonrisa y empieza a saludar y a comportarse como si de verdad le gustara ser parte de este mundo.

PASION PROHIBIDA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora