Edgar Guidacci
Adara se removió en la cama y jadeó ante el movimiento.
Suspiré con diversión, llevaba 5 horas dormida.
Después de que cayó inconsciente en mis brazos y vi que no tenía la mínima intención de despertar tuve que improvisar y sacarla de la FCE en brazos.
Claro que eso sería de lo que hablarían todos por semanas. Como le arranqué la ropa, le tuve que poner mi camisa y yo salí sin ella.
Todo un espectáculo.
Podía haber ido a buscar otra en los vestuarios de misiones, pero no me parecía dejarla sola.
Se quejó a mi lado y luego como si reaccionara se incorporó de golpe para después soltar el grito más feo que había escuchado en mi vida y volver a tumbarse.
— Estás loca, mujer — murmuré mientras veía su rostro adolorido, de alguna manera saber que yo estaba detrás de eso me ponía.
Abrió la boca, seguramente para insultarme por dejarla así, pero la cerró cuando un ladrido entusiasta se escuchó en la habitación.
Sus ojos brillaron, pero fue lo suficientemente inteligente para no levantarse o moverse y sólo llamó al bicho ese para que fuera hasta ella.
Joder, ¿Por qué le compré un maldito perro? Había traído al enemigo a mi propia casa.
Ella le daba besos por todo el pelaje y el le pasaba la lengua por la cara con entusiasmo.
Apreté la mandíbula y decidí que no tenía tiempo para esto.
Me levanté de la cama sólo con bóxers y fui hasta el baño sin mirar a la pelirroja y al bicho ese.
Más le valía a ese animal estar fuera de nuestra cama cuando saliera o lo iba a devolver y conseguiría uno que sea alérgico al tacto humano o algo así.
Después de 20 minutos ya me había cambiado y para la mala suerte del bicho el seguía en la cama con la pelirroja.
Ella se había vuelto a dormir y tenía a esa bola de pelos abrazada como si fuera un puto peluche.
Me acerqué a la cama y la vi dormir por unos segundos.
Adara era caótica, nunca podría adivinar que haría mañana o en unos meses. Si yo era complicado de leer, ella era una puta tumba humana. Reía y socializaba como quien nunca había visto el otro lado retorcido del mundo, y a veces mataba y torturaba como si eso estuviera en lo más profundo de ella.
Para mi consternación me gustaba en ambas fases, en la retorcida y en la normal, aunque no hubiera nada normal en aquella mujer.
Observé el anillo en su dedo y una sensación de posesividad se instaló en mi pecho, era mía.
No me arrepentía de lo que había hecho, ahora era mía y no me dejaría.
Era mi esposa.
Siempre estoy un paso más adelante que los demás y daba la posibilidad de que Adara algún día se enterara de quien era, así que sólo era precavido.
Sabía que si se enteraba saldría huyendo de mi y quizás me matara o algo así, como dije, es impredecible.
Pero si un matrimonio no la ataba entonces me aseguré de que la atara lo que más ama en este momento.
Azul y Rhys eran su mundo, y a mi esos niños también me gustaban y dado que ellos querían que yo fuese su padre...solo me aseguré de darles mi apellido. Todos salimos ganando.
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PASION PROHIBIDA
ActionRusia, Italia, España. Los países que lo gobiernan todo, no por presidentes o reyes, sino por mafias. Estas tres mafias mueven los hilos del mundo entero. La sociedad vive con una falsa ilusión de protección, si hay agentes policiales, entonces hay...
