59: secretos revelados

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Adara Petrova

Suspiré con cansancio y me levanté del escritorio de mi oficina sintiendo el peso de las horas que trabajé.

Habían pasado 4 dias desde que Cael me llevó a Islandia, pasamos 3 dias y fueron los mejores de mi vida.

Sentia que por fin mi vida encajaba y estaba realmente feliz.

Ya era de noche asi que estaba esperando que Cael me enviara un mensaje para salir.

Siempre nos ibamos juntos, era como una rutina.

Mi telefono sonó desde mi bolso y viendo el número contesté.

su carita llenó la pantalla y sonreí.

— Hola mi amor — lo saludé y él se sonrojó viendome con adoración.

— ¿Cuando vienes mami? — la carita de Rhys se llenó de tristeza y no pude evitar odiarme por hacerlo sentir de esa forma.

— Ya hemos hablado de eso cariño...

— ¡No! Yo quiero estar contigo, te quiero a ti, pero tú no nos quieres a nosotros...n-nos dejastes — las lágrimas empezaron a correr por su rostro.

Desde hace unas semanas Rhys había empezado a llamarme, mi padre dice que no le dió mi número, pero de alguna forma lo tuvo que conseguir y desde entonces me llama todos los días sin falta.

— Eso no es así, amor. Escucha, no llores por favor, Rhys...

Cortó la llamada.

Mis propias lágrimas mojaron mi rostro. Lo estaba haciendo mal, lo estaba lastimando.

Sus lagrimas eran como cuchillas en mi corazón, pero no sabía que hacer o decir, porque el...el tenía razón, los había dejado.

La puerta de mi oficina se abrió y no tuve que alzar la mirada para saber quién era.

— No se en dónde esté tu cabeza, pero no es verdad, no lo es — murmuró, se acercó y luego estaba arrodillado ante mi para verme el rostro.

Sus dedos quitaron las lágrimas de mis mejillas con delicadeza y luego besó mis párpados.

— ¿Que sucedió? — inquirió con paciencia.

Me quedé callada un momento más y después le conté la llamada de Rhys.

Esperé palabras reconfortantes, pero el simplemente asintió y se levantó así que también lo hice yo.

— ¿No me dirás nada? — pregunté dudosa.¿Y si el también creía que no servía para ser madre?

— No, ven vamos a casa — me agarró de la mano y recogió mi bolso.

Y así fue, en todo el trayecto hasta el departamento el se quedó en silencio mientras me acariciaba el muslo con sus dedos.

Aunque odiaba que su silencio me tuviera inquieta, lo necesitaba.

Cuando llegamos al departamento adoptamos la rutina de siempre, yo me iba a bañar mientras el se encargaba de pedir algo de comer y hacer llamadas de trabajo.

Estaba terminando de cepillarme los dientes cuando Cael entró al baño.

Me enjuagué la boca y lo ignoré hasta que terminé con mi rutina y el se quedó en silencio esperando.

Cuando terminé me volteé para enfrentarme a él, pero apenas abrí la boca el ya estaba en frente mío besándome.

Envolví su cuello entre mis brazos mientras el jugaba con mi boca a su antojo.

PASION PROHIBIDA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora