Dieciocho.

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Nathalie se aferra a él como si fuera su única salvación, como si su vida dependiera de ello; sus labios se mueven con una necesidad desesperada, tratando de recuperar todo el tiempo perdido, de sentirlo, de confirmarse a sí misma que es real, que...

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Nathalie se aferra a él como si fuera su única salvación, como si su vida dependiera de ello; sus labios se mueven con una necesidad desesperada, tratando de recuperar todo el tiempo perdido, de sentirlo, de confirmarse a sí misma que es real, que no es una ilusión nacida de su propio anhelo.  

Sus manos siguen en su rostro, negándose a soltarlo, lo presiona contra sí con todo el fervor acumulado, como si quisiera fundirse con él, como si su cuerpo y el suyo debieran ser uno solo.  

Betterfly recibe su beso con sorpresa, no lo esperaba, no es que no lo disfrute, porque lo hace, demasiado incluso, odiaba verla y no poder hacer nada, odiaba esa barrera entre ellos, la distancia que ella misma imponía entre su versión civil y la del héroe. 

Porque él sabe que, si no llevara la máscara, si estuviera ahí como el hombre ordinario que ella dice llamar amigo, ella jamás lo besaría así.  

Y duele.  

Pero ahora hay algo más importante que debe hacer; él mueve sus manos a los hombros de la mujer y la aparta con suavidad. La separación es mínima, apenas unos centímetros, pero suficiente para cortar el beso.  

—Tengo que hablar contigo —Ella lo mira, sus labios todavía están entreabiertos—. Y debe ser de inmediato.  

—¿Sucedió algo? —Parpadea, aún tratando de procesar la interrupción.  

—No —Responde—. Pero es prudente que te diga algunas cosas, ¿Podemos hablar en privado?  

—Estamos adentro, ¿Qué más privado puede ser?  

—Tuve que entrar a tu casa con mucha precaución —Exhala casi con impaciencia—, debo asegurarme de que nadie me vea entrar o que sepan que estoy aquí.  

Esa preocupación en su tono la inquieta, él nunca había sido tan precavido, así que si está actuando así, entonces algo no está bien.  

—Hablemos en mi habitación. —Anuncia tras un breve silencio.  

Sin pensarlo demasiado, Nathalie toma su mano. Todo sigue oscuro, así que él no podría guiarse solo, pero la sensación de sus dedos entrelazados con los de ella le provoca una gran calidez en el pecho.   

Al llegar a la habitación de Nathalie, ella se acerca a la lámpara de noche y la enciende, la luz es tenue, pero suficiente para que sus rostros queden iluminados en una suave penumbra.  

El héroe la observa en silencio, tiene mucho que decirle pero antes, necesita asegurarse de que está lista para escucharlo.

—Quizás debamos sentarnos. —Él la mira con seriedad. 

—Siéntate.  

Pero ahora que Betterfly lo piensa, sentarse en la cama parece… inapropiado, o al menos, extraño, no había considerado ese detalle antes, y ahora la idea de estar ahí, juntos, en ese espacio reducido e íntimo, le resulta incómoda.  

Como una polilla cazando en la oscuridad  ‖Gabenath‖Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora