Veintidós.

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Gabriel entraba a su oficina sin levantar la vista, camina como un autómata, con los hombros caídos y los pasos arrastrados, el no mira si entorno, solo cruza el umbral, buscando algún refugio invisible dentro de esas cuatro paredes

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Gabriel entraba a su oficina sin levantar la vista, camina como un autómata, con los hombros caídos y los pasos arrastrados, el no mira si entorno, solo cruza el umbral, buscando algún refugio invisible dentro de esas cuatro paredes.

Un lugar donde, tal vez, pudiera respirar sin que doliera tanto, 

—Me preguntaba cuándo terminarían ustedes dos. —La voz de Marinette lo sorprende. 

El hombre se gira, algo sobresaltado, la joven estaba cerca de la ventana al fondo de la oficina apoyada con el celular en una mano y una ceja alzada.

—¿Qué haces aquí? —Pregunta confundido, sin fuerzas siquiera para sonar molesto.

—Tuve que fingir que te estaba ayudando aquí —Explica—. Tu hijo tiene serios problemas.

—Pues… te lo agradezco. —Murmura, dejándose caer en los pequeños escalones del atril con un suspiro largo, como si el aire le pesara dentro del pecho.

Después él se queda en silencio, el tipo de silencio que se queda pegado a las paredes.

Marinette lo observa, había algo extraño en él, vacío y ausente, ella se acerca con lentitud, sin burlas ni ironías esta vez.

—¿Por qué Nathalie estaba usando tu ropa? —Pregunta como tanteando un terreno desconocido.

Gabriel no responde, se queda ahí, con la mirada clavada en el suelo, como atrapado en un pensamiento que no podía soltar.

—¿Qué pasa? —Ella frunce ligeramente el ceño y se acerca más preocupada sin admitirlo. 

—Hice algo muy malo. —Confiesa levantando la mirada y con ojos apagados. 

La joven se cruza de brazos, esperando algo más, pero como él no decía nada, bufa —¿Qué, no regaste las plantas?

—No… esto es serio. Soy un completo idiota.

Ella se siente con él en el escalón, ya sin burlas, solo observándolo con cuidado —¿Qué pasó?

Él tarda unos segundos, tragando saliva —Me acerqué a ella con una versión diferente de mí, no muy distinta, pero para ella… somos dos personas completamente diferentes.

—¿Qué mierda…?

Gabriel ni siquiera reacciona a su grosería —Y ella ama a ese hombre, lo ama con locura y debería sentirme bien, ¿No? Porque soy yo, pero me duele tanto —Su voz tiembla un poco—. Porque… quiero que me mire a mí como lo mira a él.

—¿En qué te metiste? Ni siquiera entiendo. —Ella parpadea confundida 

—Ya no sé qué hacer —Se pasa las manos por el rostro, exasperado—. Si ella no me ha notado es porque… soy irrelevante en su vida, ¿Y qué tal si, cuando descubra que soy yo, simplemente no me quiere a mí, sino a ese otro?

Como una polilla cazando en la oscuridad  ‖Gabenath‖Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora