𝐏𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐚𝐝𝐮𝐥𝐭𝐨𝐬 (+𝟏𝟖)
En el mundo clandestino de una poderosa organización criminal, Nathalie es una cazadora letal y eficaz; su misión: capturar al reciente héroe Betterfly, un hombre que se ha convertido en una espina constan...
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El cielo sobre París comenzaba a teñirse de tonos malva y ámbar, los últimos destellos del sol empezaban a desvanecerse tras los tejados.
Nathalie estaba en su balcón con los brazos cruzados sobre la baranda, mantenía la vista perdida en el horizonte, pero su mente estaba muy lejos de aquella vista.
Ella estaba esperando; Betterfly nunca le había dicho exactamente cuándo volvería, solo había dicho que pronto antes de desvanecerse en la noche.
Así que decidió salir al balcón y esperarlo, sin saber con certeza si esa noche sería la noche en que el héroe aparecía.
Recordaba con cierta nostalgia los tiempos en que él iba a verla todas las noches, sin falta, ella se lo había tomado casi como un juego, un capricho del héroe, incluso lo había considerado ridículo en más de una ocasión.
Y ahora lo extrañaba tanto.
Ojalá hubiera sabido valorarlo más porque ahora ella moría por su ausencia.
Pero entonces escucha un ruido, es un golpe en la puerta, ella frunce el ceño ligeramente; no podía ser él.
Betterfly no tocaría la puerta, jamás lo hacía, él llegaba como una sombra, sin anunciarse, deslizándose desde las alturas o surgiendo de la oscuridad.
Entonces... ¿Quién podría ser?
Nathalie gira sobre sus talones y entra en el departamento, camina hacia la puerta, más curiosa que preocupada, solo queriendo despejar rápidamente la incógnita.
Al abrirla, sus ojos se encontraron con Gabriel y lo primero que vio fue su sonrisa, no una sonrisa cualquiera.
Una sonrisa amplia, sincera, de esas que son capaces de iluminar incluso los ojos más cansados. Por alguna razón, la simple visión de ella lo había hecho sonreír de ese modo.
—Hola —Su voz era cálida y suave, aunque con un matiz apenas perceptible de nerviosismo—. Espero no estar molestando.
—Lo dices como si mi vida fuera interesante. —Arquea una ceja con leve ironía.
Su tono era juguetón, pero su mente aún estaba parcialmente en el balcón, imaginando la posibilidad remota de que el héroe pudiera llegar.
—¿Quieres pasar? —Ofrece.
Él niega con la cabeza casi de inmediato, moviendo la mano con un gesto rápido, torpe, como si temiera aceptar la invitación.
—No, no… será algo rápido —Se frota la nuca, vacilando un poco, con la mirada esquiva—. Yo... bueno... en realidad… —Se detuvo a mitad de la frase, nervioso, incapaz de hilar las palabras—, ¿Quieres venir conmigo a algún lado?
Ella no daba una respuesta, lo cuál puso más nervioso al hombre —Quiero despejarme un poco... y no quisiera hacerlo solo. —Inhala profundamente
La confesión fue simple, casi torpe, pero genuina, sus manos estaban cerradas en puños a los costados, y aunque la mujer no lo notaba, las uñas se le clavaban en las palmas; no por frustración, sino por los nervios.