Veintiseis.

148 17 12
                                        

Nathalie comienza a bajar lentamente, hasta que ya no pudo más y se deja caer, sentada sobre el frío concreto, sin preocuparse por la suciedad, por el polvo o por su aspecto

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Nathalie comienza a bajar lentamente, hasta que ya no pudo más y se deja caer, sentada sobre el frío concreto, sin preocuparse por la suciedad, por el polvo o por su aspecto.

Gabriel se había ido y no en el sentido vago de una despedida, se lo habían llevado, arrastrado como un trofeo, como una maldita victoria para el enemigo.

Y ella no pudo hacer nada.

Mira hacia al vacío, todo en ese lugar la aplastaba, cada rincón parecía gritarle al oído lo que había perdido, que el supremo lo tenía ahora y aunque toda su vida había vivido bajo sus órdenes, ni siquiera ella sabía lo que haría con él. 

El supremo era cruel, sí, pero también impredecible, a veces, su crueldad era física, otras… mucho peor.

Ella pensaba en los peores escenarios, trataba de evitarlos, de negar cada imagen mental que su mente le lanzaba, pero era inútil, una parte de ella ya temía lo inevitable.

¿Y si ya no estaba con vida? Era absurdo pensarlo, apenas lo habían capturado, pero el supremo no necesitaba tiempo, no necesitaba razones.

Nathalie baja la mirada y empuja con brusquedad su rifle lejos, como si fuera basura, como si ese objeto que había cuidado y afinado durante años no valiera nada ahora. Quizás no lo valía, ¿De qué le servía un arma que no podía salvarlo?

Sus ojos empezaron a humedecerse; primero sin que ella lo notara, después fue imposible ignorarlo, las lágrimas caían, una, otra, otra, como si por fin todo se hubiera roto por dentro.

¿Cómo es que nunca se dio cuenta? Gabriel siempre estuvo ahí, tan amable, paciente y sinceramente bueno.

Ahora, con la verdad frente a ella, comprendía que esas cualidades no eran simples gestos de cortesía, sino convicciones y se sentía estúpida y ciega, porque en un mundo como este, ¿Cuántas personas así existían? ¿Cuántas personas todavía creían en algo?

Había creído que él era débil, sumiso, un hombre que jamás alzaría la voz, que nunca sería capaz de responder a la violencia con más que silencio.

Y sin embargo… Él había hecho temblar al mundo, había puesto de rodillas a la organización, se había enfrentado al supremo e intentó cambiarlo todo y en el proceso, había cambiado su mundo.

La garganta se le cierra, el pecho le dolía de tanto contener el aire; ella no pudo salvarlo y eso era lo peor, ni como mujer, ni como aliada, ni como alguien que… quizás… también lo amaba.

¿Lo amaba? ¿A quién amaba? ¿A Gabriel? ¿A Betterfly? El problema es que… eran el mismo y eso lo volvía todo un caos, un espiral imposible de entender.

Nathalie recuerda su declaración, ¿Por qué nunca pudo corresponderle? Quizás porque no lo entendía, porque nunca se permitió verlo realmente, ¿Y si él moría pensando que ella nunca lo amó? ¿Y si se iba creyendo que todos sus esfuerzos, todas sus palabras, fueron en vano?

Como una polilla cazando en la oscuridad  ‖Gabenath‖Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora