epílogo.

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—Sabes que sólo me voy dos noches, ¿verdad? Ni siquiera salgo de Philadelphia.

Sasha me mira con burla. Está subida al autocar, que aún mantiene sus puertas abiertas. Desde la acera, asiento de forma solemne.

—Sí, pero quería llevarte hasta la estación. Perdona por ser perfecta.

Ella rueda los ojos pero sonríe. Se hace un lado para que Priya y Beverly puedan entrar al autobús. El evento tan esperado empieza esta noche, y el gimnasio ha alquilado el vehículo para llevarlas y luego devolverlas a casa.

Sasha me mira de forma atenta. Hemos hablado las cosas. Ambas sabemos que no es un buen momento para empezar una relación. Para ninguna, pero sobre todo para mí. Sé que tengo que priorizar mi salud mental ahora mismo. Con todo, sabemos cómo nos sentimos la una por la otra. Eso no ha cambiado.

LeBlanc comienza a meterles prisa. Sasha se vuelve hacia él y luego me mira de nuevo.

—Tengo que irme.

—Claro, claro.

Entonces suelta el aire por la nariz. Reprimiendo una sonrisa, añade:

—Te daría un beso ahora mismo.

—Yo también.

—Pero no creo que sea buena idea.

—Lo sé.

Nos seguimos mirando, preguntándonos qué hacer cuando no queremos irnos ni tampoco podemos hacer lo que querríamos. Alzando las cejas, sugiero:

—Igual, siempre que lo pensemos, deberíamos hacer algo. Como una señal. Así lo sabremos, sin que haga falta decir nada.

Sasha asiente lentamente, y luego de forma más rápida.

—¿Qué te parece... esto? —Se lleva dos dedos a cada esquina de la frente como si intentara contactarme por telepatía.

Yo rio un poco pero la imito, sonriendo.

—Me parece perfecto.


Cuando llego a mi calle, oigo notas musicales y tarareos. El volumen incrementa según me acerco a casa. Por fin, doy con las dueñas de aquel sonido errático, que proviene del garaje. Son Ariel y sus dos mejores amigas, Lucy y Kim. Mi hermana ha conectado su Fender rosa a un equipo de sonido. Las otras dos se esconden detrás de un bajo y una batería, respectivamente, con un aspecto más grunge que la última vez que las vi.

Charli está espatarrada en el sofá destartalado que deberíamos haber tirado hace años, con un cuenco de palomitas. Le lanza una a Ariel, que le da en la frente. Esta fulmina a Charli con la mirada, sus ojos delineados y brillantes, su pelo liso, una cortina. Ha vuelto al negro, su color natural, y ya no hay rastro de aquellas mechas californianas que tanto le gustaban.

—¿Y esto? —inquiero.

Con orgullo y algo de misterio, Ariel me contesta:

—Hemos decidido... empezar un grupo.

Yo alzo las cejas y aplaudo, emocionada.

—¡Me encanta! ¿Ya tenéis nombre?

Ariel abre la boca y la vuelve a cerrar, volviéndose hacia sus amigas.

—Aún no. Pero tenemos ideas.

—"Muerte súbita" —propone Charli.

—Ya te he dicho que no.

—"Los demonios de Charlie" —dice entonces, y luego se señala—. O "Charli", si me compráis los derechos de autor.

—No —repite Ariel, impaciente—. Creo que no estás entendiendo el concepto de nuestra banda.

Aguantando una sonrisa, pregunto:

—Bueno, ¿y qué música vais a tocar?

—Rock, seguramente —me informa Ariel.

—O sea, que no sabéis ni eso —la chincha nuestra hermana.

Yo me río y Ariel también lo hace, a su pesar.

—¡Charli! ¿Por qué estás siendo tan mala?

—Si vais a hacer esto, tendréis que aprender a afrontar las críticas —se justifica.

—Vale, pero ¿tienen que venir de mi propia hermana? ¡Ni siquiera nos has oído tocar!

Charli hace un gesto con la mano que dice "pues venga, al lío". Yo niego con la cabeza. Divertida, me cruzo de brazos y me quedo ahí de pie, a la espera. Ariel me sonríe mientras se cuelga la guitarra.

—Me has inspirado, Noni, así que... Esta es para ti.

Kim le da a la batería y no me lleva ni tres segundos identificar la canción. "Bitch" de Meredith Brooks, de nuestras favoritas. Rio sin poder creerlo. Estoy a punto de preguntarle si me está llamando lo que creo que me está llamando, pero pronto quedo deslumbrada por la seguridad de mi hermana. Cuenta una historia con sus ojos, y le presto atención.

Yesterday I cried, you must've been relieved to see the softer side. I can understand how you'd be so confused, I don't envy you. I'm a little bit of everything, all rolled into one!

El estribillo estalla y Charli y yo nos miramos con los ojos abiertos por lo bien que suenan. Sin dejar de cantar, Ariel me dedica una sonrisa y se la devuelvo.

Lo malo de ser infame es que nadie espera nada de ti. Lo bueno de ser infame es que nadie espera nada de ti, así que puedes empezar a trabajar en el siguiente paso: perfeccionar el arte de que no te importe errar. Nadie te machaca tanto como tú, cierto. Pero eso también significa que nadie puede decirte cómo deberías sentirte.

No sé si es posible llegar a un punto en que lo que los demás dicen que eres no perjudique tu autoimagen, lo que tú quieres ser en realidad. Si algún día lo consigo, te llamaré si quieres, y te lo contaré.


InfameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora