—Creo que estoy borracha.
Miro a Ariel con los ojos como platos, y empieza a reírse como una loca.
—¡Ariel!
Estamos en la cocina, recogiendo la cena y haciendo tiempo hasta que den las doce. Ella se lleva las manos a la boca y Charli se ríe, sentada sobre la encimera. Esta última lleva una camisa de papá, con tal de cumplir con el régimen totalitario "de gala" que Jennifer impuso. Naturalmente, le queda enorme.
—Si no te he visto beber —añado, desconcertada—. ¿Cuándo has bebido?
Ariel me mira con ojos de súplica, sin dejar de reír.
—Tú no te preocupes. Por favor, no se lo digas a Jennifer.
Parto un trozo de la tarta que ha hecho con un tenedor, y la miro como diciendo "sabes de sobra que no haría eso". Probando suerte, Charli pregunta:
—¿Puedo tomarme yo una copa?
—Ni hablar —digo yo.
—¡No! —exclama Ariel a su vez—. Eres menor de edad.
—¡Tú también! —protesta, señalándola.
—Chicas —dice entonces Ariel, como si fuese a llorar—. Os quiero mucho.
Charlotte pone los ojos en blanco, pero no la interrumpe.
—Siempre he querido... —Ariel da un brinco por el hipo—. Siempre he querido tener hermanas.
Charli y yo compartimos una mirada y en cuestión de segundos, rompemos en carcajadas. Sinceramente, a mí también me ha subido un poco el alcohol.
—Deberíamos hacer un juramento —prosigue entonces, solemnemente—. Juremos que nunca, nunca jamás nos contaremos la verdad.
Frunzo los labios.
—Querrás decir que siempre nos contaremos la verdad.
Ariel parece confundida por un momento.
—Sí, eso he dicho. Y también que siempre estaremos ahí las unas para las otras.
—Eso son dos juramentos —señala Charli.
Haciendo caso omiso, nuestra hermana extiende ambos meñiques. Yo sonrío. Charli suspira, pero salta para caer al suelo y ambas nos acercamos. Entrelazamos nuestros meñiques y Ariel parece satisfecha.
—¡Diez, nueve, ocho, siete, seis...!
Media hora después, todos engullimos las uvas de forma desesperada. Papá se atraganta y como una redacción en cadena, Charli escupe una uva y Ariel empieza a llorar de la risa. Con todo, ninguno abandonamos. Kiwi maúlla, claramente molesto por nuestros aspavientos.
—¡... cinco, cuatro, tres, dos, uno!
El programa de televisión nos avisa de que ya es año nuevo, y Charli y papá soplan por sus matasuegras como locos. Mis dos hermanas se ponen a saltar, una costumbre filipina para fomentar el crecimiento. Es más bien una tradición para niños pequeños, pero entonces se me ocurre que eso es lo que son. Incluso Jennifer sonríe y propone que levantemos nuestras copas y hagamos un brindis. Sólo somos nosotros cinco esta noche.
—¿Por qué deberíamos brindar? —pregunta papá.
—Nova, di tú algo —sugiere Charli.
Río con incomodidad al sentir toda la atención sobre mí. Poco a poco, noto una especie de nube oscura aterrizar sobre mi cabeza, la misma que lleva ya un tiempo acompañándome.
—En realidad, sí hay algo que debería contaros.
Todos me miran, aún más interesados y curiosos. Por un momento, me pregunto si es egoísta decirlo ahora, en este preciso momento. ¿De verdad tienes que arruinarles el día de hoy? Luego considero que si sigo esperando al momento idóneo, seguramente jamás llegará. No puedo evadir la nube para siempre.
ESTÁS LEYENDO
Infame
Genç KurguNOVA MASIPAG no es una buena persona. Sin embargo, sí es una de las gimnastas con más promesa de los Estados Unidos. Con su talento y ambición, iba en camino de las Olimpiadas. Pero cuando sufre un accidente en televisión nacional, Nova se ve obliga...
