Creo que una de las lecciones más duras que he tenido que aprender es que nunca puedes estar preparado para algo. Al menos, no del todo.
Desde que tengo memoria, siempre he intentado ir por delante de los demás. En especial, por delante de mi madre. Lo cierto es que no importaba lo que hiciera: fracasaba estrepitosamente todas las veces. Es como cuando alguien está en arenas movedizas en una serie, y sólo quieres gritarle que pare de moverse. Que deje de luchar contra ello porque sólo lo está empeorando. Pero es inevitable, todos seguimos nuestro instinto. Huir o luchar. Y si eres como yo, un poco de ambos.
Pienso en ello mientras abro la puerta de casa. Y joder, vaya si da rabia aceptar que este no es tu mundo. Porque aunque vivas en él, le pertenece a otra gente.
Todos están arriba durmiendo ya, excepto Jennifer —no podía ser de otra forma. Aunque el salón está a oscuras, la luz de la tele es azul y cegadora. Al principio me pienso que alguien se la ha dejado encendida. Pero entonces escucho la cadena del baño, y poco después me doy cuenta de que no es así. Se ajusta su albornoz antes de mirarme. No contaba con tener que enfrentarme a nadie, en especial ella. Espero a que me grite, a que se burle de mi inmadurez alegando que aún la necesito. Espero a recibir la bronca de mi vida. "Estoy tan decepcionada. ¿Se puede saber dónde has estado? ¿Qué te crees que es esto, un hotel? Ya puedes empezar a cantar, y que sepas que no volverás a ver la luz del sol porque estás castigada, para siempre". De algún modo, noto que tiene ganas de hacerlo.
En su lugar, se muerde la lengua. Alza las cejas, pero quien está sorprendida soy yo. Un poco rígida, se sienta en el sofá, cubo de helado en mano.
—¿Ya estás en casa?
—Eh, sí —respondo con nerviosismo—. Del todo, lo prometo. Lo siento por estar fuera tantos días. Si quieres castigarme, lo entiendo. No debería haberlo hecho, sobre todo siendo fiestas...
Entonces se ríe y me mira, casi sin dar crédito.
—Y tanto que no deberías. ¿Tanto te costaba mandar un dichoso mensaje o contestar al teléfono? Te aseguro que a veces me preocupa tu comportamiento, Nova. No te entiendo. Ya eres una mujer, no puedes tener estos arrebatos. No quiero ni saber dónde has estado viviendo. Y ya lo creo que estás castigada, señorita. Así que espero que hayas aprovechado para socializar, porque no vas a volver a ver a...
Cierro los ojos, soltando el aire lentamente. Escuchar esto es lo último que necesito, pero tú y yo sabemos que estaba al caer. Creo que Jennifer debe reparar en mi expresión, porque frena su bronca de repente. Tengo la sensación de que durante unos segundos, no hace más que reflexionar.
Asintiendo para sí misma, decide:
—Mejor dejémoslo estar. De momento. Ya estás en casa, así que... Vete a la cama, mañana lo hablaremos.
Yo también asiento, y me limpio unas lágrimas que ya no podía contener. Quiero darle las gracias por darme un poco de cancha (para variar), pero no me sale. Ya ha devuelto la mirada a la tele. Mientras me dirijo hacia las escaleras, escucho cómo vuelve a respirar.
Es así cómo me doy cuenta de que ya sabe que se lo agradezco. Porque ella tampoco me ha dicho que estaba preocupada, ni que se alegra de que haya vuelto. Pero sé que es así.
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Infame
Novela JuvenilNOVA MASIPAG no es una buena persona. Sin embargo, sí es una de las gimnastas con más promesa de los Estados Unidos. Con su talento y ambición, iba en camino de las Olimpiadas. Pero cuando sufre un accidente en televisión nacional, Nova se ve obliga...
