La canción de Adele que está sonando en la tienda me está deprimiendo un poco, pero no la cambio. En su lugar, dejo que me mueva por las diferentes emociones que van apareciendo y, cuando aparecen, no las aplasto ni las escondo. Empiezo a darme cuenta de que cuánto más dejo que transcurran, menos control tienen sobre mí.
Durante los siguientes días, no hago otra cosa que trabajar y llevar y recoger a mis hermanas del colegio. He conseguido que Xander me dé más horas en la tienda, así que ahora trabajo a jornada completa. Me resulta más gratificante de lo que esperaba, aunque me muera de cansancio al final del día. Ahora que me tomo más en serio mi trabajo (no me queda otra, es lo único que mi castigo me permite hacer), presto más atención a los pequeños detalles que ocurren durante mis turnos. Hay personas realmente agradecidas. Más de una vez, veo la cara de felicidad de alguien que por fin ha dado con el vinilo que no encontraba por ninguna parte. La verdad es que no tiene precio.
En casa, sigo yendo con pies de plomo. Creo que todos nos sentimos un poco violentos, y soy consciente de que tengo gran parte de la culpa. Pero también noto un esfuerzo conjunto para que las cosas se sientan normales, dentro de nuestra anormalidad. Jennifer cumplió con su promesa y me castigó a la mañana siguiente. Aunque me crispa tener que obedecer sus órdenes —supongo que obedecer no es algo que me salga de forma natural—, tampoco protesto. He dejado de luchar contra las arenas movedizas y me he quedado quieta, aun sabiendo que me acabarán tragando.
—¿Qué opinas? Molan, ¿eh?
Xander me muestra las camisetas que ha hecho para que las llevemos como uniforme. Son estilo béisbol, con las mangas y el cuello de color azul y VYNIL PRIX impreso sobre blanco en una letra retro. Cuando las vi, lo primero que pensé es que a Charli le fliparían. Ahora ambos las llevamos puestas, y la mía me queda un poco pequeña, pero tampoco me quejo.
—He pensado que podríamos venderlas —comenta entonces, mientras abre un paquete de monedas y las mete en la caja para que tengamos cambio—. Y más cosas, como bolsas de tela, y tazas.
Asiento mientras escucho a mi amigo, y no puedo evitar sonreír. Se nota que le emociona la idea. Estos días hemos estado teniendo mucha clientela con motivo de las fiestas, por lo que Xander contrató a un par de adolescentes temporalmente como refuerzo.
—¡Cuidado con eso, Cyrus! —exclama él, señalando al chico con su vaso de café—Es Aretha, hay que ser gentil cuando tocamos a Aretha.
Por si hace falta aclararlo, está hablando del vinilo, aunque parezca que hable de la cantante en carne y hueso.
—Me parece muy buena idea —digo al fin, porque realmente lo pienso.
Esta es la hora más tranquila, la de la comida, por lo que podemos relajarnos un poco después de la mañana tan caótica que hemos tenido. Decido que voy a ordenar un poco a la vez que Xander pregunta:
—¿Te va bien si me voy al descanso ahora?
Estoy a punto de decirle que sí cuando alguien irrumpe en la tienda, haciendo que el cascabel suene de mala manera. Es Sasha. Sujeta algo en su mano derecha, y no tardo en reconocer qué es. Es un sobre.
—¿Qué es esto? —inquiere, cabreada.
Xander me mira con los ojos bien abiertos. Claramente, por un segundo teme por mi vida, pero no le preocupa demasiado ya que se va a comer igualmente.
—Estoy en la parte de atrás si me necesitas.
Sonrío con los ojos entrecerrados y Sasha y yo nos quedamos a solas, al menos dos metros de distancia entre nosotras.
—Estoy esperando —me informa, con las cejas alzadas.
Me esfuerzo por mantener la tranquilidad. Hago un gesto hacia el exterior y abro la puerta. En cuestión de segundos, estamos en la calle, mis manos en los bolsillos de mis pantalones.
ESTÁS LEYENDO
Infame
Roman pour AdolescentsNOVA MASIPAG no es una buena persona. Sin embargo, sí es una de las gimnastas con más promesa de los Estados Unidos. Con su talento y ambición, iba en camino de las Olimpiadas. Pero cuando sufre un accidente en televisión nacional, Nova se ve obliga...
