Si quieres saber adónde voy durante las próximas horas, siento decirte que no tengo ni puñetera idea, porque no me acuerdo de nada. Seguro que si todavía fuera la paciente de Delaney, me diría que el trauma había borrado lo posterior a la discusión con Jennifer porque a veces tu cerebro simplemente no puede con todo, o algo así. Pero ya no soy la paciente de Delaney y lo más probable es que matara el rato en alguna cafetería perdida de la mano de Dios.
Sasha y yo estamos frente al escenario, entre el público. El Espresso Express todavía se está llenando, pero parece que va a venir mucha gente. A lo lejos, veo a Xander hablando animadamente con Zion, el cual se parte de la risa. Oigo algunas notas y acordes de instrumentos siendo afinados. Escucho el murmullo de las voces pero, por lo general, tengo la horrorosa sensación de ser completamente ajena a este momento. Como si ya hubiera empezado y yo llegase demasiado tarde.
—Nova.
La voz de Sasha me hace pegar un salto, pero es lo suficientemente amable como para no burlarse, y finge que no lo ha visto.
—¿Estás bien?
—Sí, sí. —Asiento automáticamente, y luego suspiro—. No. No, la verdad es que no.
Sonríe de lado y me rodea con la mano, frotando mi brazo de arriba abajo.
—Eh, es normal. ¿Quieres que vaya a buscar a Xander?
—No, no, ni hablar. No voy a decírselo, mira lo feliz que está... —Me giro hacia donde lo he visto por última vez, sólo para ver que se ha evaporado—. ¿Dónde está?
—¿Decirme el qué, zorras?
Sasha y yo pegamos un grito al ver a Xander frente a nosotras, y él se parte de la risa. Sasha ríe con una mano en el pecho, antes de explicar:
—Básicamente, que Nova acaba de salir de la última cena.
Y nunca mejor dicho, porque no pienso volver.
—Su madre —aclara Sasha—. Es... Bueno, es lo peor, tal cual.
Xander frunce el ceño y abre mucho los ojos, como pidiéndome que se lo explique, pero yo sonrío y hago ochenta ademanes.
—No, no, no. No vamos a hacer esto. —Xander abre la boca, pero yo lo interrumpo—. Gracias por preocuparos, pero esta noche no, ¿vale? Si vamos a hacer algo será hablar de lo genial que es tu interés amoroso, ver un concierto y luego salir pitando de aquí.
Parece que mi amigo va a volver a protestar, pero entonces esconde una sonrisa.
—Sí que es bastante genial —reconoce—. ¿Sabes que también le gusta jugar a los bolos? ¡A los putos bolos, como te lo digo! ¿Podéis creéroslo?
—Buena pregunta. —Finjo estar pensativa y miro a Sasha—. ¿Podemos creérnoslo?
Ella ladea la cabeza, y se lleva la mano libre a la barbilla para finalmente chasquear los dedos.
—Sí, no nos sorprende nada.
Entonces Xander se ríe solo y lo complementa con un "ohhh". Frunzo el ceño, aguantándome la risa.
—¿Qué?
Sonríe y mete las manos en los bolsillos de su chaqueta, abstraído.
—Nada, es que no me había dado cuenta hasta ahora, pero... Haríais muy buena pareja.
Sasha abre mucho los ojos y yo casi me atraganto con mi propia saliva. Soy más consciente que nunca de mi mano en su cintura. Xander parece perfectamente satisfecho con el ambiente incómodo que ha creado, hasta que por fin Sasha rompe el silencio.
—¿Queréis algo de beber?
—Sí, por favor —respondemos a la vez.
Ella alza un pulgar y cuando se marcha en dirección a la barra, Xander se dobla de la risa. Incrédula, le doy un empujón y casi se cae al suelo.
—"Haríais muy buena pareja" —lo imito con voz aguda—. ¿Tú eres tonto?
Él se lleva la mano a la barriga. Todavía recuperándose, me señala.
—No me lo puedo creer. Estás roja.
—Y tú estás enfermo.
Asiente frenéticamente.
—Obvio —me asegura, y suelto un bufido de risa—. Pero, por otro lado... Tú ayudándola con la rehabilitación, ella a vender las entradas del concierto... Y ¿eso de hablar en primera persona del plural? "No nos sorprende"... No lo sé, Rick, parece gay.
—A ti todo te parece gay.
Me mira casi ofendido, pero luego se encoge de hombros en plan "bueno, también es verdad". Vuelvo a hablar casi tan pronto como he terminado.
—Y hablando de gays, ¿ves a Mac por algún sitio?
Xander suelta una risa estrepitosa.
—Muy bueno. Y, no. O sí.
Alzo una ceja y me giro hacia la puerta. Me doy cuenta de que Mac acaba de entrar. Una sonrisa se abre paso entre mis labios. Se está quitando la chaqueta, y debajo lleva un jersey azul oscuro. Siempre le decía que me encantaba cómo le quedaba ese color. Pero seguro que no se acuerda de eso, ¿no?
Estoy a punto de ir hacia él, pero entonces se pone a saludar a mis padres y a Charli, así que me detengo bien rápido. Además, las luces del local se empiezan a atenuar, anunciando el inicio del concierto. Sasha vuelve a nuestro lado justo a tiempo, y esta vez, guardamos un tanto las distancias.
Me esperaba una sinfonía o algo así, pero el concierto es más estilo concurso de talentos: cada uno hace su número. Es fácil identificar quién es hijo de quién pues al principio y al final, los respectivos padres se ponen a aplaudir como locos. Xander intenta no poner una mueca ante la chica que desafina con el violín. Después de la cuarta actuación, desconecto por completo.
Escaneo el lugar con la mirada. Me doy cuenta de que, en realidad, estoy buscando a Mac. Lo busco y lo encuentro, porque cuando pongo mis ojos sobre él, ya me está mirando. De repente, siento vergüenza. Nos vamos mirando y apartando la mirada, como si estuviéramos en el instituto. Ha venido solo, seguro que tiene mejores cosas que hacer... ¿Qué está haciendo aquí?
Una vez más, me quedo en mi sitio pues me doy cuenta de que Ariel se ha subido al escenario. Me pongo a aplaudir y gritar y le doy un codazo a Xander para que haga lo mismo. Va súper guapa: se ha hecho una coleta alta y lleva un mono, botas y una americana a cuadros. Creo que se ha puesto mi pintalabios rojo. Ella sonríe casi con timidez, y me sorprendo cuando se acerca al micrófono.
—Hola, soy Ariel —saluda y ríe con nerviosismo—. Antes de tocar mi canción, quería daros las gracias a todos por haber venido y contribuido en nuestra pequeña causa. De verdad, me hace muy feliz, y no lo olvidaré, así que... gracias. Y gracias a la señorita Henning y a Espresso Express por hacer esto posible.
Todos aplaudimos, aunque pronto me doy cuenta de que no ha acabado. Entonces me mira.
—También dar las gracias a quien hizo que me diera cuenta de que no todo lo que brilla es oro —bromea, y la gente ríe—. La canción que voy a cantar es un poco triste, pero la Navidad puede serlo para algunas personas. Y no pasa nada.
Aprieto los labios, notando que se me aguan los ojos. Sentada frente al piano, Ariel comienza a tocar River de Joni Mitchell. Empieza a cantar, y su voz es gentil y sincera y se equivoca en alguna nota pero a nadie le importa.
—I wish I had a river so long, I would teach my feet to fly... I wish I had a river I could skate away on. I made my baby cry...
Se me hace difícil no pensar en mi familia, en que no sé a dónde iré cuando esto termine. En que soy incapaz de tratarme bien, y que no me había dado cuenta de lo cansada que estoy hasta ahora. Rodeada de toda esta gente, tomo conciencia de que estoy sola. Y empiezo a comprender que yo tengo la culpa.
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Infame
Novela JuvenilNOVA MASIPAG no es una buena persona. Sin embargo, sí es una de las gimnastas con más promesa de los Estados Unidos. Con su talento y ambición, iba en camino de las Olimpiadas. Pero cuando sufre un accidente en televisión nacional, Nova se ve obliga...
