Se aseguró de que las dos jóvenes entraran al castillo. Arabella miró en su dirección, aun cuando él desapareció frente a sus ojos. No estaba seguro de que ella lo sabía, pero ese gesto no era de una princesa. Más bien parecía aprendido por una persona que conocía demasiado.
Cuando las dos desaparecieron de su vista él volvió a su refugio. Abrió un portal y se metió. En unos segundos, quedó frente a su gran escritorio. El desorden se desplegaba frente a sus ojos azules. Dio un soplido de agotamiento y dejó caer el peso de su cansancio sobre sus manos.
—¿Largo día, Ambrosius? —preguntó una vocecilla a un lado.
Él levantó la cabeza y la miró. Una pequeña hada revoloteó hasta quedar a su lado.
—Los rumores son cierto, la princesa de Camelot es un peso pesado —dijo Avelia y sonrió—. Ánimos, señor gruñón, al menos no viste a tu ex, a tu padre o...
—Es su nieta —interrumpió Zafiro—. Y en comparación con su padre, ella si tiene magia.
—Uh, ¿Crees que Merlín sea capaz de educarla?
Zafiro revoloteó los ojos, buscando una respuesta. Lo mejor sería, según él, que la joven se mantuviera alejada de las enseñanzas del maestro hechicero. Sabía que ya tenía un aprendiz y el viejo seguía siendo el mismo mal maestro que lo fue con él.
—No —respondió—. Ella no esta en Camelot todo el tiempo.
—De lo que se a salvado —dijo Avelia—. ¿La princesa? ¿Qué piensas de la bruja de vasija?
—Un problema —respondió sin rodeos—. Mal educada, con magia impredecible. Mandó a Merlina a por el camino de la muerta.
—Uh, Merlina —dijo Avelia, sonriente—. Ya te encariñaste. Por suerte llegaste a tiempo para evitar que se las devoren vivas.
El hada se puso de pie, agitando las alas, soltando polvillo dorado en el proceso. Levantó vuelto, estirando los brazos y bostezando.
—Por cierto —dijo, adormilada—. ¿Por qué dejaste tu recetario en el castillo?
—Fue un regalo para Morgana —respondió Zafiro—. No dejé más nada allí. Ya vete —ordenó con suavidad.
El hada se agitó en el aire hasta que no quedó mas que polvillo en su lugar. Zafiro se quedó un poco mas, y sacó del bolsillo el pedazo de papiro que escribió hace años y era la receta para una pócima floral.
Se había olvidado de escribir en el reverso de que era peligroso ir al bosque en busca de los ingredientes salvajes sin un guía adecuado. Hizo aquello unas semanas antes de marcharse del castillo y dejó a medio escribir gran parte del recetario.
Bostezó. El día había empezado mucho antes de ir hasta la zona del bosque en donde un troll salvaje andaba suelto. Estuvo saltando de portal en portal, arreglando una serie de anomalías mágicas durante horas.
Se estiró en el lugar y se quitó la capa de los hombros. Se sintió liviano, tanto que el sueño le cayó aun mas de golpe. Al sentarse en el sillón, fue cuestión de unos minutos para dormirse. Casi como si lo hubiesen hechizado.
No oyó nada, y por doce horas se encontró sumido en una reconfortante oscuridad.
Al día siguiente, despertó por el inusual movimiento en el taller. Una columna de luz solar caía sobre su rostro, haciendo que le fuera mucho mas difícil abrir los ojos. En su intento de ver lo que sucedía, divisó la difusa figura de alguien de pie frente a él.
Zafiro despertó de golpe y se puso de pie. El azul de sus ojos fue mucho mas brillante e intenso, al igual que sus manos. Se detuvo cuando la persona frente a él tuvo mas claridad y bajó la intensidad de su magia al ver el enojo y la tristeza en el verde de su mirada.
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Glitter & Gold.
FanfictionPorque hay veces en que los protagonistas brillan más que sus historias, y por eso que estás deben ser contadas. Sabemos que Arabella impuso temor con un vestido rosa, que Circe escapó de su trágico destino cientos de veces, que Hisirdoux surco si...
