Taehyung no podía dejar de mirar al pequeño. Sus ojos, oscuros como la noche sin luna, eran iguales a los de Jungkook, pero había algo en su expresión —esa calma serena al ser abrazado— que le recordaba a su madre. A él.
—Chaewon... —susurró, acariciando con torpeza las pequeñas mejillas sonrosadas del bebé—. No tienes idea de cuánto lamento no haber estado desde el inicio.
Jungkook se mantuvo de pie frente a ellos, con los brazos cruzados y la espalda rígida. No respondió. Lo observaba todo, cada mínimo gesto, cada palabra que Taehyung decía como si estuviera midiendo si debía confiar, aunque fuera una pizca.
—Es extraño —añadió Taehyung, con la voz cargada de un afecto contenido—. Siento que te conozco, pequeño. Como si hubiera esperado este momento toda mi vida sin saberlo.
Jungkook apartó la mirada, luchando contra el nudo en su garganta.
—Lo siento —murmuró Taehyung entonces, alzando la vista hacia él—. No por lo que pasó conmigo… sino por lo que te hice a ti. Nunca debiste vivir con miedo. Nunca debí permitir que otros decidieran por mí.
—Ya es tarde para eso —respondió Jungkook sin dureza, pero con una tristeza palpable en su voz—. Me rompiste, Taehyung. Y no solo a mí... A todo un pueblo que yo tuve que aprender a levantar cuando tú te encargaste de destruirlo.
El silencio volvió a caer entre ambos. Solo los sonidos suaves del bebé, que ahora se aferraba a la tela del pecho de su padre, parecían llenar el aire.
—¿Por qué no te deshiciste de mí cuando pudiste? —preguntó Taehyung en voz baja—. Hubiera sido más fácil para ti… sin mí de por medio.
Jungkook cerró los ojos por un momento, su mandíbula tembló antes de contestar.
—Porque aún te amo. A pesar de todo. Porque no sé cómo arrancarte de mí sin arrancarme a mí mismo.
Taehyung parpadeó. No esperaba esa confesión. De hecho, había temido que nunca volviera a escucharla.
—Yo también… aún siento algo. Y si pudiera volver atrás…
—Pero no puedes —lo interrumpió Jungkook, firme pero sin odio—. Y no sé si alguna vez podré perdonarte del todo. Pero este niño… él no tiene que cargar con lo que hicimos. Él merece crecer sin esta guerra absurda.
Chaewon bostezó, como si validara las palabras de su madre con inocencia. Jungkook se acercó entonces, con las manos extendidas. Taehyung se los entregó con cuidado, sus dedos rozándose apenas al intercambiar al niño.
Ese roce fue un disparo a su memoria.
Taehyung lo sintió como un puñal suave pero certero. En su mente, un destello se encendió: una imagen, Jungkook a su lado en un jardín secreto del palacio, sus manos entrelazadas bajo un cielo de fuego. El recuerdo era confuso, borroso, pero real.
—¿Qué fue eso? —preguntó, llevándose una mano a la cabeza.
Jungkook lo miró de lado.
—¿Viste algo?
Taehyung asintió lentamente, aturdido.
—Fue como… una vida pasada. Algo que no sé si viví o soñé.
Jungkook bajó la mirada hacia Chaewon, que ahora dormía en sus brazos.
—Pasa a veces. Cuando el alma está tan rota… empieza a buscar las piezas que perdió.
—¿Crees que podamos recomponer lo que éramos?
Jungkook se quedó en silencio. Luego levantó la vista y clavó sus ojos oscuros en los de Taehyung.
—No lo sé. Pero no lo haré por nosotros… lo haré por él.
Y sin añadir más, se giró y salió de la choza, cerrando la puerta tras él con suavidad.
Taehyung se quedó solo, sintiendo en su pecho el eco de lo que pudo ser… y lo que aún podría ser, si el mundo les permitía reconstruirse.
Pero sabía que los días siguientes no serían fáciles. Jungkook podía perdonar, pero los demás… los otros Omegas, los soldados, el pueblo que había sangrado por su culpa… no lo harían tan fácilmente.
Y aun así, por primera vez en mucho tiempo, Taehyung tenía algo por lo cual luchar de verdad.
Chaewon.
Y quizá, si el destino les concedía una segunda oportunidad, también por Jungkook.
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𝐏𝐑𝐎𝐇𝐈𝐁𝐈𝐓𝐄𝐃 𝐋𝐎𝐕𝐄 - 𝗧𝗔𝗘𝗞𝗢𝗢𝗞
Fanfiction❝Tienes un olor exquisito, creí que tu maldita raza había sido exterminada pero te conservare como mi nuevo juguete.❞ La raza Omega ha sido exterminada, el Imperio de los Alfas ascendió al poder luego que un brote extraño hiciera que los Omega perdi...
