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El crepúsculo llegó lento, tiñendo de rojo las nubes sobre el campamento Omega. Los susurros no cesaban, incluso cuando el bullicio había bajado. Todos lo sabían: el verdadero juicio apenas comenzaba.

Taehyung permanecía sentado en una de las cabañas de vigilancia, ya sin cadenas, pero bajo la mirada constante de dos centinelas. No pidió comida, no pidió abrigo. Solo pidió un cuaderno y algo con qué escribir.

Desde que fue liberado, las memorias no habían dejado de golpear su mente como un río desbordado. No eran solo imágenes: eran emociones, decisiones, pecados. Una vida entera que comenzaba a doler.
Una vida que ya no podía justificar.

Mientras tanto, Jungkook caminaba entre los árboles al borde del campamento con Chaewon dormido contra su pecho. No había hablado con nadie desde la asamblea, y todos parecían entender que necesitaba ese espacio. Pero el silencio no lo liberaba.
Solo lo hacía más consciente del vacío que aún lo habitaba.

—¿Y si me equivoco otra vez? —susurró, meciendo al bebé con dulzura—. ¿Y si vuelve a elegir el poder?

Chaewon se removió un poco y, aún dormido, soltó un leve suspiro. Jungkook cerró los ojos con fuerza. No podía permitirse caer ahora. Por él. Por su hijo. Por lo que quedaba de su gente.

Horas más tarde, Namjoon lo encontró junto al fuego, de vuelta en su cabaña.

—¿Cómo estás?

—Como alguien que acaba de liberar a su verdugo.

Namjoon no respondió de inmediato. Se sentó frente a él, cruzando los brazos.

—Recibí noticias. Un destacamento del viejo consejo imperial está en movimiento. Al parecer, la “sombra” que mencionó Taehyung… existe. Y se mueve rápido.

Jungkook frunció el ceño.

—¿Crees que sea verdad?

—No lo sé. Pero si lo es, entonces no estamos luchando contra un hombre… sino contra un ser que se ha estado alimentando del dolor y el caos durante generaciones. Una que podría destruirnos a todos, incluso con el Emperador muerto.

En ese momento, uno de los centinelas entró a toda prisa.

—¡Taehyung escapó!

Ambos se levantaron de golpe.

—¿Cómo? —exclamó Jungkook, su voz quebrándose—. ¡¿Cómo pudo hacerlo?!

—Dejó esto —dijo el soldado, extendiendo una hoja escrita a mano.

Jungkook la tomó con dedos temblorosos y comenzó a leer:

No escapo por cobardía. Escapo porque si me quedo, ustedes morirán conmigo. Ellos ya saben dónde estoy. Vendrán por mí… y arrasarán todo.
No puedo permitirlo.
Voy a ir a ellos. A cortar las raíces de la sombra desde adentro. No sé si volveré. No sé si me recordarán como traidor o mártir. Pero si logro destruir a ese ser, entonces quizás puedas perdonarme.
No por lo que hice. Sino por lo que intenté hacer al final.
Protégelo, Jungkook. Protégelo con todo lo que eres.
Yo… lo intento desde donde puedo.
—Tae.

Jungkook se quedó de pie, con la nota entre los dedos. Por un segundo, no supo si gritar o caer de rodillas.

Namjoon lo observó en silencio. Sabía que no podía consolarlo. Porque a veces, la única redención posible… era la que se buscaba lejos del perdón.

Chaewon lloró en ese instante, como si sintiera la tormenta por venir y que su padre Alfa estaba en posible peligro.

Y Jungkook, con los ojos brillando por lágrimas que no caían, miró hacia el horizonte.

—Entonces que venga la guerra —dijo—. Pero esta vez… la terminaremos nosotros.

Porque a veces, para reconstruir un imperio, primero hay que ver cómo arde.

Y las cenizas de la traición podrían ser, aún, el terreno fértil de una nueva historia.

Una donde Chaewon crezca sabiendo que el amor… también puede salvar.

𝐏𝐑𝐎𝐇𝐈𝐁𝐈𝐓𝐄𝐃 𝐋𝐎𝐕𝐄 - 𝗧𝗔𝗘𝗞𝗢𝗢𝗞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora