33.

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El viento que bajaba de las colinas traía consigo el olor metálico de la sangre y el humo.
A medida que Jungkook y Namjoon se internaban en la niebla, los sonidos del campamento quedaban atrás, reemplazados por un silencio roto únicamente por el crujir de sus botas y el lejano retumbar de algo que no era trueno.

En el otro extremo del abismo, Taehyung observaba cómo el encapuchado encendía tres antorchas negras, clavándolas en el suelo en un patrón circular. El fuego que brotaba de ellas no era natural: ardía con tonos verdes y violetas, proyectando sombras que parecían moverse por voluntad propia.

—Una vez que empiece —dijo el encapuchado—, no podrás retroceder. La Sombra sentirá tu presencia. Y querrá tentarte.

Taehyung no respondió. Sus dedos se cerraban con tanta fuerza sobre el cuchillo ritual que los nudillos le palidecían. En lo más profundo de su ser, sabía que no solo iba a enfrentar a un enemigo… iba a enfrentar la parte de sí mismo que había jurado enterrar.

Mientras tanto, en un risco oculto a pocos kilómetros, Jungkook divisó el resplandor extraño que se alzaba sobre la niebla. Su pulso se aceleró.

—Ahí —susurró—. Está ahí.

Namjoon no apartó la vista del resplandor, pero su mano se apoyó brevemente en el hombro de Jungkook.
—Recuerda lo que dijimos: si Taehyung eligió el otro camino… no podremos salvarlo.

El eco de un grito inhumano rompió el aire, profundo, como si surgiera desde las entrañas de la tierra. La niebla se agitó y el suelo tembló bajo sus pies.

Taehyung dio un paso adelante, el filo del cuchillo reflejando las luces antinaturales.
—Que venga —murmuró—. Esta vez no voy a huir.

Y la oscuridad, como si hubiese estado esperando esa invitación, comenzó a ascender.

El suelo se abrió con un rugido, y del abismo emergió una columna de humo vivo, ondulante, que se retorcía como un animal hambriento. No era del todo humo ni del todo sombra: en su interior brillaban ojos imposibles de contar, todos mirándolo a la vez.

Taehyung sintió un latido ajeno dentro de su pecho, un pulso que no era suyo.
—Al fin… —susurró la Sombra, su voz resonando tanto en el aire como dentro de su mente—. El hijo pródigo vuelve al origen.

El encapuchado retrocedió dos pasos, clavando su bastón en el suelo para activar un círculo de runas que comenzó a brillar bajo sus pies.
—No respondas a nada que diga —le advirtió con dureza—. Si te escucha, sabrá cómo abrirte.

Pero ya era tarde. La Sombra se deslizó hacia adelante, fragmentándose en múltiples siluetas que imitaban rostros conocidos. Jungkook, Namjoon… incluso Chaewon, pequeño y vulnerable.
—¿Qué defenderás cuando todo lo que amas ya esté aquí? —susurró, extendiendo una mano hecha de pura noche.

En ese momento, a través de la niebla, Jungkook y Namjoon irrumpieron en el claro. El resplandor verde y violeta los cegó por un instante, y lo primero que vieron fue a Taehyung, con el cuchillo alzado, frente a una criatura que parecía devorar la luz misma.

—¡Taehyung! —gritó Jungkook, corriendo hacia él.

Pero la Sombra giró, y el grito se convirtió en un coro de voces burlonas.
—Míralo, Jungkook… todavía cree que puede elegir.

Namjoon alzó su arma, pero una presión invisible lo obligó a arrodillarse. Sentía como si cada error de su vida fuera una cadena que se apretaba más y más.

Taehyung, jadeando, miró a Jungkook. Su voz fue apenas un susurro:
—Si me equivoco… mátame.

El cuchillo ritual comenzó a arder en su mano, y el suelo tembló con tanta fuerza que las runas del encapuchado empezaron a quebrarse.

La Sombra sonrió.
—Entonces, empecemos.

Nota del autor: Ya estamos entrando en la recta final de esta historia. ✨

𝐏𝐑𝐎𝐇𝐈𝐁𝐈𝐓𝐄𝐃 𝐋𝐎𝐕𝐄 - 𝗧𝗔𝗘𝗞𝗢𝗢𝗞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora