CAPITULO 38

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Las mujeres suelen tener un sexto sentido. Se activa justo en el momento de peligro, pero si estás en peligro constantemente... eso lo complica todo.

Como todas las tardes, Ava salía de la biblioteca para caminar a casa cuando aquel sentido, ese que nace de la ansiedad, surgió.

Las calles suelen estar transitadas normalmente en Nueva York, pero hay sectores que conectan la universidad con los dúplex o habitaciones para estudiantes que, aunque sean las diez de la mañana o las tres de la tarde, son completamente distintos. Sobre todo, si eres una mujer.

Ava caminaba por esas calles casi vacías, rodeada de casas de colores fríos y tenues, y departamentos algo viejos. Cada paso se sentía diferente. Caminaba, y al mismo tiempo oía pasos detrás. Pero al girar la cabeza no había nada, ni siquiera un animal. Apenas pasaban algunos autos. Eran las cinco en punto.

Con la mano sujetando la tira de su bolso y la respiración cada vez más agitada, decidió hacer lo más estúpido... pero también lo más sensato. Subió la música al cien por ciento y caminó hasta su dúplex. Una vez en la entrada, respiró hondo, vio los primeros escalones hacia su piso, y al abrir la puerta de su habitación, entró sin dudar.

Dentro respiró tranquila. Las manos le temblaban. Era su primera experiencia así. La primera de muchas, pero aún no lo sabía. Se tocó el vientre, conteniendo las náuseas; el dolor de su ciclo se intensificó. Corrió a tomar agua y una pastilla para el dolor, el mundo le da vueltas. Se quitó los auriculares con rabia y los tiró sobre la mesita pequeña que usaba para cocinar o estudiar los fines de semana. Sobre ella quedaban migas, una taza sucia de café, dos pañuelitos descartables usados y un lápiz a medio terminar. 

las paredes se cerraban a su alrededor, se sentía sucia, su piel ardía, su garganta estaba seca, con las manos comenzó a frotarse la cabeza, pero no sabía el porqué, por cinco minutos se quedó ahí se cuclillas al suelo.

luego miró a su alrededor. Estaba segura. no entendía por qué antes se había sentido así, tomo aire y se relajó, se puso de pie, camino a la cocina y puso el agua a hervir. Mientras observaba la tetera, río. Pensó que se estaba volviendo loca... y lo dejó pasar.

Tres días después, en la universidad, se despidió de tres chicas. Llevaba jeans azules y camisa blanca, una trenza que caía sobre su hombro derecho, sin brillo labial, aretes de perlas pequeños y las uñas sin pintar. En las manos sostenía tres papeles que revisaba mientras caminaba por el pasillo. Uno decía "Fichas para maestros", otro "Preescolar avanzado" y el último tenía imágenes de niños y un maestro: era un folleto para un taller de orientación.

Ladeaba el cuello varias veces mientras caminaba y los revisaba, hasta que los papeles terminaron en el suelo. Se había chocado con alguien por andar distraída. Bajó de prisa a recogerlos.

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⏰ Última actualización: Jul 27, 2025 ⏰

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