Chapter Fourtyeight

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Afuera podía estar lloviendo; pero si le preguntabas a Honney Molina, la tormenta ya había pasado para ella (bueno, casi) tal vez no terminaba del todo, pero el ver a su mejor amiga afuera, en medio de la lluvia y recibiendo todo el merecido amor del mundo luego de todo lo que ella había pasado, había hecho que (al igual que el Grinch al final de su película) que la esperanza en su corazón, se volviera al menos tres veces más grande en una noche (cosa que, si consideramos todo el infierno que tuvo que atravesar para llegar allí, ya era un gran milagro). Que hablando de su mejor amiga; Honney se encontraba sentada en el sillón cuando Clarissa había abandonado el baño en pijama y con el cabello ahora seco, con aquellos rulos largos y perfectos que caían con dicha perfección sobre su espalda; Honney sabía que eventualmente, tendrían que hablar, sin embargo, y luego de todo lo que había pasado hasta ese momento, ya no tenía tanta prisa o al menos, no esa noche. No cuando un millón de cosas pasaban a su alrededor (y sin contar las que podrían pasar a la mañana siguiente, claro estaba) especialmente, no cuando, aún tenía decisiones que tomar, decisiones, que involucraban a Reggie, a Dylan y a ella más que nadie.
Porque efectivamente, ni siquiera el haber estado cerca de morir, parecía acercarla a la respuesta de la mayor interrogante desde el primer día que había pisado Los Ángeles; carajo, ni siquiera porque le había dicho a Reggie que lo amaba en medio de un momento de pánico, ni si quiera eso podía darle una respuesta más concreta de la que quisiera y no es que Honney fuera una cobarde (porque después de esa noche, probablemente el autodenominarse de ese modo, parecía el peor de los insultos hacía ella misma).
Inicialmente, porque ella era un ser humano, y como todo ser humano con capacidades funcionales a niveles cognitivos y emocionales (y quizá un poco fracturadas por este gran trauma, llamado vida); Honney todavía tenía sus dudas, dudas que, si ella no las manejaba con cuidado, podrían romper más de un corazón y para ese punto, Honney ya no quería más grietas (o al menos no por esa noche).
Y era justo ese pensamiento el que cruzaba por su cabeza mientras que al mismo tiempo, tenía a Honney emitiendo suspiros cansados; abrazándose a su cobija lavanda mientras el sonido distante de la lluvia afuera, golpeteaba ligeramente en las ventanas del estudio, en cierto punto, el bullicio de sus amigos ya se había vuelto ruido blanco en su cabeza, o al menos había empezado a sentirse así desde el momento que había visto a su mejor amiga junto con Jesse, afuera, en medio de la lluvia, teniendo lo que, a los ojos de Honney, podría ser el momento romántico más hermoso fuera de serie (como si no fuera ya suficiente la presión que sentía por todo lo que estaba pasando a su alrededor) pero a fin de cuentas, estando allí, bajo la lluvia, casi sosteniéndose como si hubieran sobrevivido al gran tornado que había arrastrado a Dorothy y a su fiel perrito Toto, a Oz (y sin ninguna bruja con zapatos bonitos, aplastada por una casa de por medio) quizá si habían sobrevivido a un gran tornado después de todo y aun así, Honney solo pudo mirarlos a ambos incluso después de que entrarán de regreso al estudio, no con incomodidad, ni mucho menos con envidia, era... era como si algo en su pecho se hubiera aflojado por primera vez luego de horas, tal vez días (incluso se atrevería a decir que meses en realidad) y mientras más apretaba su cobija contra su pecho, Honney más comprendía con una claridad casi dolorosa, algo que no podía ignorar ni postergar, algo que necesitaba sanar antes de siquiera poder enfrentar cualquier otra cosa:

𝑰 𝑾𝒐𝒏𝒅𝒆𝒓 ☆♡||  𝑱𝒖𝒍𝒊𝒆 𝑨𝒏𝒅 𝑻𝒉𝒆 𝑷𝒉𝒂𝒏𝒕𝒐𝒎𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora