『Transgresión』

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El clic de la cerradura dió por finalizado su altercado con Vox, pero puertas adentro la guerra apenas comenzaba. Al voltear vió a su dueña recostada sobre la pared del vestíbulo, esperándolo con los brazos cruzados y una mirada cargada de reproches. 

—Eso fue humillante —Casi podría creerla sobria, pero lo veía en sus movimientos aletargados y en el arrastre de las palabras—, no tenías porqué hacerlo.

—¡Ah! Pero podría argumentar lo mismo. Desplegaste un espectáculo bastante irreverente está noche —replicó con autosuficiencia. Se hizo un silencio antes de que él decidiera continuar—. ¿Qué ocurrió allá? —preguntó, con la voz más baja de lo usual.

—¿Qué? —parpadeó perpleja, sin comprender del todo.

—Los dos sabemos que tú adorable fascinación por las bebidas fuertes suele florecer bajo presión. 

Ella se encogió de hombros, queriendo restarle importancia, pero él la conocía. Demasiado bien.

—Por no mencionar lo habladora que te vuelves con unas copas de más...—Alastor caminó a su alrededor con la gracia de un buitre estudiando su futura degustación— bajo supervisión, claro no sería más que un detalle pintoresco...¿Pero ahí? Fue descuidado —Le atinó un golpecito en el centro de la frente con dos dedos—. Torpe. 

Rebecca apretó los párpados arrugando el entrecejo, sin lograr apartarse.

—Entonces dime... ¿qué sucedió? —susurró, cerca. Muy cerca. Al abrir los ojos lo tenía a un suspiro de distancia. Se esforzó por sostenerle la mirada. La verdadera interrogante asomaba entre los pliegues de su tono, como un secreto a voces.

"¿Qué te hicieron?"

—¿Por qué te lo diría? —La frase pareció derretirse al salir de sus labios, una modulación torpe —¿Para escuchar una hora entera de tu discurso de desaprobación acerca de lo que hago o dejo de hacer?

Silencio. Ella odiaba su silencio y el peligro que presagiaba.

—Estoy cansada, Alastor, solo deja que me vaya a dormir —intentó alejarse, pero en cuanto se propuso dar un paso el tacón izquierdo tambaleó haciéndola trastabillar—. ¡Maldición! ¡Estos estúpidos zapatos!

—¡Ah-ah! —entonó con negativa y con un certero chasquido materializó una silla detrás de ella. Un empujón suave bastó para hacerla perder el equilibrio y caer sentada con torpeza—. Cuida tus pasos, querida. No querrás que esos tacones te traicionen antes de llegar a tu alcoba —musitó inclinándose.

—¡Ey! Puedo hacerlo por mi cuenta —se quejó, aferrándose a una dignidad que se le escurría entre los dedos.

—No dudo de tu ímpetu... pero en este estado, no lo creo necesario —Sus manos hábiles alcanzaron la hebilla del zapato y su tacto frío la estremeció.

El pelirrojo espió su reacción por un momento, aún desde abajo podía verla tan pequeña y cohibida. Una imagen engañosa y magnífica, que solo parecía tener lugar en esos momentos entre los dos. Esperaba que nunca nadie tuviera la dicha de apreciar esa faceta suya. Así ese fragmento agrietado del espejo le pertenecería para siempre.

—De verdad...— Rebecca se rindió a mitad de la oración, al oírlo tararear embelesado en la tarea. Y por fin se fijó en sus orejas de ciervo, emergiendo entre mullidas prolongaciones de cabello rojizo. No era justo lo mucho que deseaba acariciarlas. ¿Podía permitírselo? Solo una caricia inocente, un pequeño desliz. Se acercó envolviendo la suavidad de su pelo con la yema de los dedos.

Alastor cesó todos sus movimientos al sentirla marcar un vaivén rítmico y repetitivo. Un sonido de estática llenó el aire, como ese que se oye cuando la conexión se pierde. El segundo tacón cayó en la alfombra con un golpe seco.

Attached | Alastor x OCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora