CAPITULO 40

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SEO AGUST IN:

He aprendido que no todos los dolores se gritan; algunos simplemente se sienten en el pecho, como un nudo que aprieta más con cada recuerdo y solo queda el dejarlo pasar.

Aterricé en el aeropuerto de Incheon. Está lloviendo y, de repente, una camioneta se atraviesa.

- ¿Alguien solicitó un auto?

Frunzo el ceño al ver a Ji Hoo.

- ¿Qué haces aquí?

-Sí, yo también te extrañé, Hyung. Súbete ya.

Doy la vuelta al auto y me subo de copiloto.

-Fui informado, así que Markus me prestó su avión y logré llegar antes que tú. Minnie también llegó y está ayudándoles.

- ¿Kim?

Asiente con la cabeza y conduce, adentrándose en la ciudad.

-No voy a preguntarte cómo estás. Por eso, al menos, quiero estar para ti.

-Estoy bien -miento.

-Puedes mentirles a muchas personas en este mundo, pero no a mí, Hyung. Te conozco lo suficiente, y sé que la amas tanto como para que esto que acaba de pasar no te afecte.

Chasqueo la lengua, un poco molesto. Park Ji Hoo no solo era mi amigo, también llevaba años trabajando conmigo. Prácticamente éramos inseparables, y sabía que me conocía como la palma de su mano.

Él ríe y oprime varias veces el claxon para que los autos avancen.

-Gracias -es lo único que pronuncio.

- ¿Por qué exactamente?

-Por estar para mí, aunque no te lo pida.

-Tú has estado para mí cuando nadie lo supo. Me ayudaste a superar lo de mi familia, a poder conducir sin miedo, a hablar con las chicas sin temor a que me rechacen.

Paso mi mano por su cabello y lo despeino un poco, provocando una sonrisa tierna de su parte.

-Cadie te mandó algo, por cierto.

- ¿Cadie?

-Está en la guantera.

Hay un sobre. Lo saco.

Agust In…
No sé ni cómo empezar esto. Ya rompí muchas hojas escribiendo tonterías que seguro te harían reír de mi caligrafía. No sé cómo estás, no sé cómo van las cosas con Halley, pero de alguna manera me siento responsable por todo. No he sido una amiga leal, y sé que ella me odia. Por mi culpa, Dafne y su bebé murieron. Jamás debí entrar a sus vidas. Y sí, sé que me estás regañando en tu mente, pero sabes que, de alguna u otra manera, soy responsable de todo este caos.
Cada vez que cierro los ojos, revivo las cosas una y otra vez. Siempre intento salvarla, pero fallo. Me enseñaste mucho acerca de la amistad y de no juzgar, porque reconozco que lo primero que hice al conocerte fue eso: juzgarte mal. Halley es muy afortunada de tener a alguien como tú.
No sé si algún día volvamos a vernos. Mi familia cree que estoy mal y piensan llevarme lejos. Jong Woo, por otro lado, duerme cada vez menos para no soltar mi mano. Minnie, desde que llegó, ha sido un amor y ha intentado que él descanse, pero realmente es muy terco. Ji Hoo, el alma de Woo Sang reencarnada en él, ha hecho que mis cargas no sean tan pesadas. Siempre me saca una sonrisa y me pasea por el jardín contándome una historia diferente.
¿Qué estaríamos haciendo ahora si todos estuviéramos juntos en Seúl? A lo mejor Dafne preparando una nueva fiesta, Seok In asignándonos más trabajo en la maestría, para luego llamarme a medianoche y preguntarme si necesitaba ayuda. Hosung insistiendo en que lo acompañe a comprar ropa y luego a comer hamburguesa. Ahdara y Halley inventando cualquier excusa para que Tae no esté en la empresa y haga rabiar a su padre. Tener esas charlas profundas y filosóficas con Jun Ho en el césped. Salir con Ji Hoo al campo de tiro y competir para ver quién es mejor. Y luego, por la noche, compartir bajo las estrellas y tener en medio un par de balcones que me separan del chico de hoyuelos que hace que mi corazón lata a mil.
A lo mejor ya no pueda vivir nada de eso otra vez...
Solo espero que tú no me odies. Has sido mi consejero, mi psicólogo, un buen amigo para mí. Extraño ese café antes de entrar a clases y escucharte con esa voz ronca. Me diste valor para continuar con mi vida, y eso siempre lo voy a recordar.
Te voy a extrañar mucho, Agustino. En verdad.

Cierro el sobre con cuidado, como si fuera de papel de arroz que pudiera deshacerse con solo tocarlo mal. Me quedo en silencio, mirando por la ventana mientras las gotas de lluvia resbalan, como si la ciudad también llorara.

Ji Hoo no dice nada, y eso lo agradezco. Él sabe cuándo hablar y cuándo simplemente estar.

-Ella no tiene la culpa de todo esto -susurro después de un rato-. El maldito de Deok la tiene. Pero todos estamos cargando una parte del dolor.

-Y, aun así, tú cargas más de lo que deberías, Hyung -responde con calma, sin apartar los ojos del camino-. Lo haces desde siempre.

Aprieto los dientes. La carta de Cadie me dejó un hueco en el pecho. No por lo que dice, sino por cómo lo dice. Con culpa. Con esa maldita sensación de que el mundo colapsó porque ella respiró cerca de nosotros. Cuando, en realidad, lo único que hizo fue intentar ser humana.

-No la odio -le respondo al papel cerrado entre mis dedos-. No podría. Pero nada de esto es fácil.

-Y Halley…

-Halley está rota, y no sé si yo soy la pieza que le falta o la que termina de quebrarla.

Ji Hoo asiente suavemente.

-Tal vez ninguna de las dos, Hyung. Tal vez solo tienes que estar. Sin arreglarla. Sin salvarla. Solo estar. Como tú lo hiciste por mí.

Lo miro. Ji Hoo siempre fue el más caótico, el más tierno, el más frágil de todos... y míralo ahora, dándome lecciones de cómo seguir respirando. Me dan ganas de llorar, pero en vez de eso le revuelvo el cabello otra vez.

- ¿Por qué me haces hablar como si esto fuera un drama barato?

-Porque lo es. Solo faltan los violines y una cámara lenta.

Ambos reímos, aunque por dentro sé que mi pecho sigue ardiendo.
Abro el sobre de nuevo, lo leo una vez más, y me repito a mí mismo que no puedo cambiar el pasado.
Pero tal vez sí pueda decidir qué hacer con lo que queda.

Across the BalconyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora