CAPITULO 46

1 0 0
                                        

MARKUS MEIER:

La lealtad es un concepto difícil de encerrar en palabras, porque no se trata solo de compromiso o fidelidad; es un lazo silencioso que se fortalece con el tiempo, con las vivencias, con el dolor compartido. Y cuando se trata de la familia, esa lealtad adquiere un peso distinto: no hay distancia, conflicto o circunstancia capaz de quebrarla por completo. Es una fuerza que trasciende lo racional, que responde más al corazón que a la lógica, y que, aunque a veces duela, nunca desaparece del todo.

Abro la puerta y no veo a mi hermana, me alarmo y pregunto a los guardias.

-Tranquilo, esta con su novio y otro chico en el jardín.

Salgo corriendo y la veo en la silla de ruedas, puedo reconocer a Hosung su otro abogado, pero ¿qué hacía aquí?

Me acerco a ellos y veo a mi hermana un poco pálida.

- ¿Que hacen con Cadie aquí afuera? Pronto tendrán que darle sus medicamentos.

-Hola a ti también Markus.

- ¿Qué haces aquí Hosung?

Me complicaba ver a otro de sus amigos aquí, papá y yo estábamos ultimando detalles para llevarnos a Cadie, ya había avisado a su novio, pero tener otro de sus amigos no estaba en mis planes y menos que sea su abogado.

No pretendía ser el malo, pero mi hermana ya había pasado por mucho, con el psicópata de su ex que casi la destruye, ella necesitaba algo de calma, era una heredera que no podía cumplir su trabajo gracias a todo el estrés postraumático con que estaba cargando, se las devolvería, pero en el tiempo en que supiese en que esta lista, soy su hermano menor, pero quiero lo mejor para ella.

Me arrodillé frente a ella, buscando su mirada. Tenía los ojos fijos en algo que no podía ver, perdida, como si no estuviera del todo allí.

- ¿Cómo te sientes? -pregunté con suavidad.

-Cansada -susurró Cadie, y la palabra se sintió como una aguja enterrándose en mi pecho.

Hosung cruzó los brazos, con la mirada clavada en mí. No estaba cómodo. Lo entendía. No confiaba en mí, ni en mis decisiones. Y lo peor… es que tampoco podía culparlo.

- ¿Por qué no la dejas descansar un poco más? -dijo con tono firme-. Hace apenas unas horas que pudo dormir sin sobresaltos. Apenas estamos logrando que recupere un poco de estabilidad emocional y física.

-Acabas de llegar y ya crees que sabes mucho ¿no es así?

-Chicos -dice Jong Woo.

- ¿Y crees que aquí lo logrará? -repliqué, sin elevar la voz, pero con el peso de la realidad en cada palabra-. Necesita un ambiente seguro, no una clínica expuesta donde cualquiera puede entrar. No quiero volver a correr el riesgo de perderla.

Cadie bajó la cabeza. No quería escuchar discusiones. No quería más decisiones tomadas por otros. Pero también sabía que no podía decir mucho… aún no.

-Markus -intervino Hosung, esta vez con un tono más controlado-. Yo también quiero lo mejor para ella. Si de verdad quieres ayudarla, escucha lo que necesita, no lo que tú crees que necesita. Su novio, sus amigos, sus abogados… todos han estado aquí no para juzgarla.

-Ya Jong Woo te dijo ¿no?

- ¡Chicos! -grita Cadie -por favor, ya basta, enserio, dejen de discutir, no me traten como una niña y tampoco hablen como si yo no existiese, estoy aquí, puedo escucharlos, ¿no se dan cuenta?

Tomo la silla de ruedas y la llevo conmigo -Solo déjenme hablar con mi hermana a solas, no se metan.

Camino en silencio empujando su silla por el sendero del jardín. Los árboles altos dejan caer sombras largas y frías sobre nosotros. Sé que está molesta, pero también sé que necesita que alguien tome las riendas… al menos por ahora.

Me detengo junto a la fuente y me arrodillo otra vez frente a ella. Esta vez no hay rabia. Solo preocupación.

- ¿Cuándo fue la última vez que te miraste al espejo, Cadie?

Ella no responde. Mira hacia la superficie del agua, como si pudiera encontrar allí la versión de sí misma que perdió.

-Estás más delgada, tus ojos están vacíos y apenas puedes dormir. No puedes seguir así. No puedes sanar en un lugar donde todo te recuerda lo que te rompió. ¿No lo ves?

Cadie frunce los labios, como si estuviera conteniéndose. El silencio entre nosotros es espeso.

-No quiero que me lleves a ningún lado sin preguntarme -susurra al fin, apenas audible-. No quiero que decidan por mí, Markus. Ya hubo suficiente control, suficiente encierro… suficiente dolor.

-No lo haré -digo con firmeza-. No otra vez. Pero necesito que me digas tú qué necesitas. Que me mires a los ojos y me digas qué quieres hacer con tu vida. No te estoy obligando a irte… solo te estoy pidiendo que me dejes protegerte a mi manera, no me lo permitiste antes y mira lo que pasó.

Ella gira su rostro hacia mí. Sus ojos están húmedos, pero también hay una chispa, diminuta, temblorosa… pero viva.

-Solo… no me alejes del todo de ellos dice al fin-. Me sostuvieron cuando nadie estaba para mí. No les cierres la puerta por favor.

-Solo te llevaremos a Casa, a Suiza, es por un tiempo, te prometo que cuando estes bien podrás regresar a Corea.

-Está bien, se perfectamente que represento un peligro para ellos, que tal vez no sabrán manejar la situación si me llego a salir de mis casillas, de que tal vez Jong Woo, aunque sepa hasta donde puedo llegar sea el más expuesto a mi salud mental desequilibrada. Y me alegra tenerte, pero por favor, hazlo sin que se den cuenta.

Asiento, sabiendo a que se refiere.

Across the BalconyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora