SONG TAE HYO:
"Vive tu vida y ama sin miedo, desea con fuerza, sin límites… Tú eliges tu propio destino."
Tomé la silla de ruedas nuevamente y la giré para que tuviera una mejor vista. Extendí bien las cobijas sobre sus piernas y lo observé. Su mirada seguía perdida en el crepúsculo de la noche.
-Solo suéltalo -le dije, recostándome en el césped para acompañarlo una última hora antes de que Hosung llegara a cuidarlo.
- ¿El qué?
-Jun Ho… En algún momento vas a explotar. Mejor ahora, ¿no lo crees?
-La extraño -dijo sin dejar de mirar el cielo-. No le hice las cosas fáciles los últimos meses.
- ¿Te arrepientes?
Asintió con la cabeza.
-Debí prestarle más atención, debí ser quien estuviera solo para ella pese a lo mucho que me importara Cadie. Pero al final… Dafne era la dueña de mi corazón. Era mi chica. Esa rubia me volvía loco, y, aun así, la amaba.
Justo en ese momento, unas luciérnagas comenzaron a aparecer, obstruyendo nuestro campo de visión, pero creando una imagen hermosa frente a nosotros.
-Hablando del rey de Roma -dijo sonriendo.
- ¿Eh?
-Dafne adoraba las luciérnagas. De alguna manera… siento como si ella estuviera aquí.
Y era cierto. Las luciérnagas danzaban sobre el campo como si el cielo se hubiera roto en destellos de luz… y en cada parpadeo de su resplandor, volvíamos a verla: su risa, su bondad, su forma única de iluminar incluso las noches más tristes.
-Es cierto, amigo.
-Chicos…
Volteamos al escuchar la voz de Hosung tras nosotros.
-Oigan -venía con una sonrisa en el rostro-, logré obtener la salida, así que esta noche podrás quedarte conmigo.
Jun Ho miró a Hosung y luego a mí.
- ¿Salir?
-No más olor a hospital, amigo. Necesitas ver el mundo exterior, volver poco a poco a tu ritmo de vida. La vida es una sola.
-Eso no implica que la vayas a olvidar -dije, tomando su mano para que sintiera que estábamos con él. No se trataba de lanzarlo al mundo sin un salvavidas-. Se trata de avanzar, y hacerla sentir orgullosa.
-Por ella, por tu hijo… e incluso por Cadie -dijo Hosung, agachándose para quedar a nuestra altura.
*
Volví a mi apartamento, y ella dormía profundamente. Me cambié, tomé del cajón el cofre que había comprado -y por el cual me gané un gran problema con mi familia-. Subí a la azotea y lo abrí, viendo cómo brillaba el diamante en su interior.
Ni ella ni yo estábamos preparados para esto. A decir verdad, lo compré sin pensarlo demasiado. Después de la trágica pérdida de nuestra amiga, me di cuenta de que, aunque seamos jóvenes, no somos eternos.
Mi padre nunca permitió esta relación. Siempre la atormentaba con citas a ciegas, o trayendo chicas a la empresa con las que pudiera salir. Ahdara, al trabajar para él, tenía que soportarlo todo.
-Tae Hyo… -escuché su voz adormilada.
Tomé el cofre y lo guardé en mi bolsillo.
-Aquí -dije.
Vino frotándose los ojos. Había llorado, eso era seguro.
-Pensé que dormías -dije, acercándola a mí y recostándola en mis piernas, mientras retiraba el cabello de su rostro.
-No puedo. Estoy cansada de no poder.
¿Debía decirle lo que sentía? Quería prepararle algo impresionante, algo tal vez lujoso, pero... ¿y si tan solo...?
- ¿Me estás prestando atención? -dijo, tomando mi rostro. Me había dejado llevar por mis pensamientos mientras ella me hablaba.
-Necesito decirte algo, aunque me da miedo que huyas de mí. Puede que sea un tonto… tal vez un error… no lo sé.
- ¿De qué hablas?
Me rasqué la cabeza, temeroso, y saqué el cofre del bolsillo. Se lo extendí. Ella frunció el ceño, sin entender bien de qué se trataba.
-Solo ábrelo y dame tu respuesta cuando lo creas conveniente.
Ella lo abrió, y se tapó la boca, sorprendida.
-Song… ¿esto se trata de lo que estoy pensando?
Me levanté y asentí con la cabeza.
-Por eso te digo que no tienes que darme una respuesta ah...
No terminé la frase. Se estiró todo lo que pudo y atrapó mis labios en un beso. Por inercia la levanté para tenerla a mi altura y profundizar el beso.
-Acepto, cariño.
Pude ver en ella una sonrisa que no aparecía en su rostro desde hacía mucho tiempo.
-No digas que es un error, porque no lo es. Por favor.
Bin Ahdara:
No sé si esta carta te la daré algún día, o si quedará guardada entre mis cosas como tantas otras que nunca entregué. Pero necesito escribirte… porque hoy mi alma encontró un poco de paz.
Te miré esta noche mientras dormías, y sentí que el mundo podía detenerse en ese instante. No por la calma… sino porque entendí que incluso en medio del caos, de la pérdida, del dolor, todavía hay amor. Todavía estás tú.
No compré ese anillo para cumplir con una tradición, ni para escapar del vacío que dejó Dafne. Lo compré porque me di cuenta de que, si no te tengo a ti, todo lo demás pierde sentido. Porque incluso cuando el mundo se me vino abajo, tú seguiste ahí, con tu voz serena, aguantando el peso de mi mundo sin decir una sola queja.
No quiero hacer promesas eternas, ni escribir cuentos de hadas… solo quiero aprender a vivir contigo. Con tus días buenos y los malos, con tus silencios, tus miedos y tus sueños. Quiero sostenerte cuando no puedas más. Quiero que seas mi hogar.
Tal vez me equivoqué muchas veces. Tal vez no supe cuándo era el momento, pero esta vez… te elijo con todo lo que soy.
Gracias por quedarte. Gracias por no soltarme cuando yo ni siquiera sabía cómo aferrarme a mí mismo.
Song Tae Hyo.
ESTÁS LEYENDO
Across the Balcony
Teen FictionDentro de mi corazón eres esa luz que no importa la distancia, siempre brillarás en mi
