BIN AHDARA:
-No tenías que acompañarme.
-A lo mejor sea la última vez que nos veamos -dice con una sonrisa triste.
- ¿Qué? ¿De qué hablas?
-No volveré a Corea, Ahdara… jamás. Anoche terminé con Agust In y necesito distanciarme de todos ustedes. No me lo tomes a mal, pero fueron demasiados años compartiendo todo junto a mi hermana… y esto me está haciendo daño. Te quiero, gracias por todo -dice, abrazándome antes de marcharse, dejándome paralizada.
Salgo de mi trance y recojo mi maleta. Tae Hyo me espera junto al auto y corro hacia él para abrazarlo.
-Hey, pequeña, ¿qué pasa?
Lloro. Porque es lo único que puedo hacer: llorar bajo su abrazo, bajo su protección.
-Hey… me estás asustando, cariño.
-Vámonos, por favor -es lo único que logro decir.
Él me acomoda en el asiento del copiloto, ajusta mi cinturón de seguridad y luego se sube al auto.
-Debo pasar por la oficina a dejar unos papeles y luego vamos a mi apartamento, ¿está bien?
Asiento, totalmente ida, sin saber realmente qué ha dicho.
La ciudad se ve tan hermosa como la recordaba. Y, sin embargo, las lágrimas vuelven. Me costaba entender lo que estaba pasando. Sentía que nada tenía sentido. Era como estar atrapada en un mundo paralelo, sin salida, sin aire.
Tae Hyo conducía en silencio. De vez en cuando me lanzaba una mirada de reojo, como intentando descifrar qué ocurría dentro de mí, más allá de todo lo que ya estábamos viviendo. No decía nada, y eso era lo que más agradecía. El silencio se sentía como un bálsamo entre tanto ruido interno.
Nos detuvimos frente al edificio donde trabaja. Apagó el motor y giró hacia mí.
-Tardaré solo unos minutos, ¿sí? No te muevas de aquí -acarició mi mejilla con suavidad-. Si necesitas algo, llámame.
Asentí, aunque no estaba segura de haberlo escuchado del todo. Lo vi alejarse mientras yo me quedaba atrapada en mi propio abismo.
Apreté las manos sobre mis piernas.
¿Halley realmente no iba a volver?
¿De verdad había terminado con Agust?
¿Así, de golpe?
Las palabras "jamás" y "última vez" retumbaban como campanas de funeral. Sentí una punzada en el pecho. Afuera, la ciudad seguía su curso, indiferente. Gente caminando, risas lejanas, carros pasando… todo avanzaba como si nada hubiera cambiado. Pero para mí, el mundo acababa de romperse un poco más.
Cerré los ojos y apoyé la cabeza en la ventana. El vidrio frío me ayudó a regresar al presente, al menos un poco.
Poco después, Tae Hyo volvió al auto, con el ceño levemente fruncido al verme tan apagada.
-Listo. Vámonos a casa, ¿sí?
No respondí. Solo lo miré, y en ese instante supe que él también lo había entendido. Que esta no era una crisis cualquiera. Que algo dentro de mí se había roto para siempre.
Me tomó de la mano sin decir una palabra y comenzó a conducir.
Yo solo quería desaparecer. O al menos detener el tiempo. Porque si me movía un poco más, si daba un paso más… iba a romperme por completo.
Y aún no sabía si alguien iba a ser capaz de recogerme después.
Me ayudó a recostarme en su cama y luego se ubicó a mi lado.
- ¿Cómo está Jun Ho? -es lo único que se me ocurre decir para romper el silencio.
-Mejor. Ya no necesita que lo estén sedando. Se está adaptando… o eso creo.
-No te ves nada bien -digo, observándolo. Tiene unas ojeras bastante marcadas.
-Estoy bien, muñeca. Te lo aseguro. Solo han sido días sin dormir bien para cuidarlo, es todo. Ahora que está mejor, podré descansar… contigo -hace una pausa mientras acaricia mi rostro-. ¿Quieres ir a verlo? No ahora, pero en estos días. Le hará bien verte -dice casi con miedo a que también pueda rechazar a Jun Ho tal como lo hizo Halley.
Asiento con la cabeza, mientras la vista se me nubla por las lágrimas que amenazan con salir.
-Yo también quiero verlo.
Habíamos decidido ir todos a la clínica para saludar a Jun Ho. Seok hablaba con uno de los médicos para que no hubiera problema con el ingreso. Le habíamos comprado su leche de plátano favorita y unas flores alegres.
Agust In llegó junto a Ji Hoo y me abrazó al verme.
-Hey, ¿estás bien?
Asentí.
Logramos entrar a la habitación. Jun Ho miraba el gran ventanal de su cuarto.
- ¡Buenos días! -grita Ji Hoo, llamando su atención.
Él sonríe de lado al vernos.
- ¿Qué hacen aquí? ¿No deberían estar trabajando?
Me acerco a él y lo abrazo.
-Lo siento -me susurra al oído-. No me odies, por favor.
Le abrazo más fuerte.
Todos lo saludan con entusiasmo. Yo intento mantenerme serena para que nadie note el torbellino que aún llevo dentro. Porque todo esto nos iba a tomar tiempo. Pero mientras tanto, necesitábamos esto: apoyo, unión, compañía.
No sé qué vendrá después de todo esto. Pero mientras tengamos a alguien que nos abrace sin pedir explicación, que nos espere en silencio, que nos mire sin juzgar… entonces aún no estamos solos.
Y si el alma se nos rompe un poco más cada día, que sea al menos por haber amado de verdad. Porque mientras sigamos aquí, vivos… nos queda la posibilidad de reconstruirnos.
ESTÁS LEYENDO
Across the Balcony
Teen FictionDentro de mi corazón eres esa luz que no importa la distancia, siempre brillarás en mi
