El sexo abrupto en sangre es una manera de liberar, de la forma más macabra, esos deseos impuros que surgen desde el interior. Es algo que nace desde las entrañas, desde esa sombra que habita el alma y lo cubre todo; la oscuridad que envuelve al ser, las marcas, el sufrimiento ajeno convertido en néctar cubierto de placer. No hay belleza en ello, ni redención; solo una necesidad cruda, para nada natural. Tal vez algo extraño… pero imposible de reprimir.
Sus ojos marcaban el límite entre la demencia y el profundo dolor físico que le estaba provocando. Su cuerpo yacía sobre la cama, envuelto en sangre; eran rayaduras por doquier, todas hechas por mí. La navaja que logré tomar de su bolsillo me sirvió para convertir el acto en un barrial carmesí mientras teníamos sexo.
Mi rostro, bañado en sangre, y mi cuerpo mostraban también moretones y chupones que él me había dejado. Nunca habíamos tenido un sexo normal.
-Estás demente -le digo.
-Eres mi obra maestra, Cadie -dice con una sonrisa de oreja a oreja -La única que se pudo adaptar y volverse máster en el sadismo sexual.
Apenas podía moverse. Quería regarle alcohol y gasolina, prender su cuerpo aún en vida. Por su culpa, ahora era un demonio, uno fuera de control, y me era imposible pensar en un regreso. Soy alguien que nadie conoce, una desconocida para todos aquellos chicos, para mi padre, para mi hermano, para él.
La sangre recorría mi cuerpo. Sentía su cuerpo débil bajo el mío. Le había hecho correrse más de lo que podía aguantarse en un estado normal, pero por más placer que le causaba, así mismo era el dolor que intentaba producirle. Mis uñas estaban llenas de su carne. Mi boca tenía ese sabor a metal al arrancar piel. Le prometí que no me detendría, y eso cumplí.
-Eres... -le costaba hablar -una maldita psicópata, Cadie.
Sonreí.
-Recuerda que tú hiciste todo lo que soy ahora.
Escupe sangre, y me produce asco el estado en el que está. Está débil, y su gente no sabe lo que ha pasado en la habitación… o eso creo. Siento que mi cuerpo ha liberado toxinas y se ha absuelto un poco de la droga que me pusieron dosis tras dosis. Debo encontrar una manera de dar con Dafne y tratar de sacarla de aquí.
- ¿Dónde está Dafne? -lo ahorco fuerte, y escucho un crujido venir de él -No me hagas matarte, Deok. ¿Dónde está mi amiga y qué le hiciste?
-Ay, amor, me excitas.
- ¿Qué le hiciste? -repetí, con los dedos aún clavados en su cuello.
Deok se reía. Aunque le faltaba el aire, aún reía.
-No te preocupes… -balbuceó -Está viva. O eso creo.
Lo solté. No por misericordia, sino porque necesitaba que hablara.
- ¿Dónde?
-Está… abajo. En el sótano. No está sola, Cadie. No soy estúpido -sonrió con la boca ensangrentada -Pero debo decir algo: ninguna como tú…
Un golpe. Otro. No pude evitarlo. Mi cuerpo actuó antes que mi mente. Golpeé su rostro una, dos, tres veces. Sus labios se partieron. Su risa murió.
Busqué algo. Un arma. Una llave. Cualquier cosa. La habitación en la que estaba no decía nada de Deok, porque aunque sea un psicópata y ahora secuestrador, siempre le ha gustado el orden y lo limpio. Irónicamente, es una persona obsesivamente ordenada y limpia. A lo lejos, una cámara titilaba en rojo. Me estaban viendo.
Tenía que actuar rápido.
Cadie… -su voz era apenas un hilo -Si bajas… no saldrás. Di órdenes.
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Across the Balcony
Fiksi RemajaDentro de mi corazón eres esa luz que no importa la distancia, siempre brillarás en mi
