KIM JONG WOO:
Miré como se había quedado dormida, bese su cabeza y salí de la habitación, Hosung estaba dormido en la sala de espera, ya que no dejaban que nadie se quedara en la habitación de Cadie en la noche.
-Hosung le removí.
- ¿Que paso?
-Debes ayudarme, necesito hacerlo hoy.
- ¿Te la llevaras hoy?
Asiento con mi cabeza. -Él se la llevara cuando nos descuidemos, estoy seguro, así que, por favor, ayúdame. Si yo la tengo, la llevare a Corea pronto, solo quiero asegurarme de que se sienta segura y amada, quiero demostrarle que voy a todo por ella.
-Está bien, pero estamos rodeados de muchos guardaespaldas de los Meiers.
-Tengo un plan. Solo que necesito que este sedada, y tú sabes cuanto le aplicaban a Jun Ho. Tengo un Jet que me esperara hasta las 3 am.
Asiente y nos ponemos manos a la obra.
-Ya casi, Cadie… solo un poco más -susurré para mí mismo.
Volví al pasillo y bajé la cabeza al ver pasar a uno de los guardias. Actuaban como si la estuvieran cuidando, pero no era protección lo que ofrecían… era vigilancia. Vigilaban cada uno de sus movimientos, de sus visitas, de sus emociones. Como si fuera un objeto frágil que se debía mantener bajo vidrio.
Caminé hasta la pequeña sala donde Hosung trabajaba en silencio, preparando lo necesario. Pero yo no podía quedarme quieto. Volví a mirar la hora. 1:47 a.m.
Respiré hondo y me froté el rostro. Estaba haciendo esto por amor. No para salvarla de ellos, sino para que ella pudiera, por primera vez, salvarse a sí misma sin que nadie más le diga cómo debe hacerlo.
Me senté, pero no dejaba de mover los pies.
- ¿Y si no despierta tranquila? ¿Y si cree que la secuestré? -susurré, más para el vacío que para Hosung.
Cerré los ojos. Recordé la forma en que me había tomado la mano esa tarde, su voz quebrada diciéndome "gracias por no rendirte de mí".
Eso era todo. No podía rendirme ahora.
-Te amo, Cadie -dije en voz baja, sin que nadie me escuchara-. No necesito que lo sepas ahora. Solo necesito que tengas la oportunidad de elegir. Aunque no me elijas a mí. Aunque solo quieras respirar sin mirar atrás.
La alarma del celular vibró. 2:25 a.m.
Me puse de pie.
El momento había llegado.
El jet estaba listo. Hosung había cumplido con su parte, y Cadie estaba profundamente dormida. Todo iba según el plan… pero aún podía detenerme. Podía volver a esa habitación, sentarme a su lado, besarle la frente y decirle que lo había pensado mejor.
Pero no lo haré.
Ella necesita aire, mar, distancia… necesita un mundo donde nadie le recuerde todo lo que ha perdido. Y yo también. La quiero lejos de las reuniones familiares, de los informes médicos, de las órdenes que otros dan sobre su cuerpo, sobre su vida. Quiero que vea un amanecer conmigo, sin miedo. Quiero que se ría, aunque sea una sola vez sin culpa.
Ibiza. Una isla donde nadie nos conoce. Donde no somos la hija Meier, ni el heredero Kim enamorado, ni la chica rota.
Solo tú y yo, Cadie.
Sin nombres.
Sin expectativas.
Solo el viento y nosotros dos.
Me acerqué al ventanal de la clínica y vi cómo una de las camionetas se movía discretamente en dirección al hangar privado. Todo estaba funcionando.
Acaricié el pequeño sobre que llevaba conmigo. Pasaportes falsos que había preparado un tiempo con ayuda de Minnie, por si Markus decidía mover cielo y tierra para retenerla. Pero no quiero usarlos.
Quiero que despierte, me mire, y aunque sea por un segundo… elija quedarse.
Elija vivir.
Respiré hondo.
-Te llevaré a un lugar donde puedas volver a reír -murmuré.
Y salí a buscarla, a llevarla, a salvarnos.
*
El ruido del jet me asustaba que pudiera despertarla, pudimos sacarla sin sacar sospechas.
-Jong Woo súbete, ellos la subirán, tranquilo -dice mi hermana que también fue arrastrada a esta locura.
-Hosung, ¿Dónde está?
-Ya le dije que se regresara a Corea, ya esta comprando el tiquete de regreso, tranquilo, tu vete con Cadie, yo me iré en un rato para Miami de regreso -dice mostrándome el tiquete -solo dedícate a hacerla feliz y comunícame cuando lleguen.
Asenti.
Me subi al jet sin mirar atras, vi que subian a Cadie en la camilla y luego la ubicaron en una gran cama, aun traia consigo el suero donde le habiamos inyectado la dosis para mantenerla sedada. Serian 4 horas de vuelo, no era muy larga la distancia, ya habiamos preparado todo para cuando llegaramos y esperaba que su familia no nos encontrara, o no por ahora.
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Across the Balcony
Genç KurguDentro de mi corazón eres esa luz que no importa la distancia, siempre brillarás en mi
