Finalmente

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El avión estaba a punto de despegar y la voz del piloto sonaba a lo lejos, distante y extraña:

—Por favor, abrochen sus cinturones y pongan en posición vertical el respaldo de sus asientos.

Alguien tocó su hombro. Álvaro reaccionó con rapidez, sobresaltado. La voz que escuchó parecía familiar, pero no podía ubicarla.

—Por favor, despierte, señor —dijo una azafata, con una calma que lo desarmó.

Abrió los ojos y la reconoció. Era ella... o alguien idéntico a alguien que conocía de hacía mucho tiempo. Confundido, frotó sus ojos. Frente a él, el asiento mostraba la aerolínea de aquel vuelo y todo parecía sacado de otro tiempo.

—Perdone, señorita, ¿qué día es hoy? —preguntó, la desorientación apoderándose de su voz.

—Señor, qué viajecillo nos ha dao... primero el cambio de asiento, ahora esto. ¿Puede dejar de tocar las narices? —respondió otra asistente, con acento español, claramente molesta.

El cambio de asiento. La cabeza de Álvaro daba vueltas. No podía ser: ¿estaba reviviendo el vuelo donde conoció a Claudia?

—Estamos en febrero de 2020, señor —dijo la azafata intentando calmarlo.

—No, no es posible... —murmuró Álvaro—. Ayer era abril de 2021.

Su mente no podía asimilarlo. Todo lo que había vivido con Claudia, los meses de ruptura, los recuerdos de Malasaña y los viajes, parecían evaporarse en un instante. Era como si el avión los hubiera transportado a una realidad paralela donde nada había sucedido todavía.

Giró la cabeza y la vio a ella, sentada a su lado. Claudia. Su rostro mostraba la misma mezcla de confusión y reconocimiento que él sentía. Silencio. Ninguno se atrevía a hablar, como si un hilo invisible los mantuviera en equilibrio precario.

—Hola —rompió ella, con voz tímida—. Yo creo que...

—Creo que debemos bajarnos del avión, ha aterrizado —respondió Álvaro, interrumpiéndola. No sabía si quería enfrentar lo que había ocurrido entre ellos. Si todo había sido un sueño, no tenían nada de qué hablar; si no lo era... tampoco quería adelantarse.

—Vale —dijo ella, sin añadir nada más. El silencio estaba cargado de lo que no se había dicho, de lo que aún podían sentir.

Al salir del avión, la realidad parecía normal, pero nada lo era. Todo seguía como en febrero de 2020: él con su vida previa, ella con la suya, y sin embargo, un eco de lo que habían vivido flotaba entre ambos. Cada paso en el aeropuerto era un recordatorio de lo que podría haber sido.

—Álvaro, espera —gritó Claudia. Él se detuvo, sorprendido. ¿Cómo sabía su nombre? ¿Cómo podía estar aquí?

—Tuvimos el mismo sueño, ¿verdad? —preguntó ella, y su corazón latió con la fuerza de un relámpago.

—Lo soñé yo también —respondió él, sonriendo, y de repente todas las dudas y confusiones se disiparon.

Ella acarició su mejilla, y cada toque le transmitía una certeza inexplicable: esto no podía ser solo un sueño. Era más que recuerdos; era una conexión que trascendía el tiempo, una realidad paralela donde sus sentimientos siempre habían existido.

—Recuerdas cada momento que vivimos —susurró—. Nuestras risas, nuestras peleas, la magia de estar juntos no desapareció. Que te amo no es un recuerdo; es la verdad de lo que siento ahora mismo.

Cada instante a su lado evocaba Lisboa, los besos, las discusiones por los apodos, las noches de cine improvisadas. La distancia y el tiempo no podían borrar eso.

Se acercaron y entrelazaron sus manos. Álvaro no pudo resistir más y besó suavemente sus labios, sintiendo que cada segundo que había pasado separados había sido una preparación para este momento.

—Debo irme, Miguel me espera —dijo Claudia, separándose, pero su mirada no se apartó de él.

—De vuelta al mundo real —susurró él, mientras ella desaparecía entre la multitud, dejando un vacío que, paradójicamente, se sentía reconfortante.

Álvaro abrió su teléfono y buscó cualquier forma de contactarla. Nada estaba registrado: ni fotos, ni mensajes, ni contactos. Y entonces, recordó su cuenta de Instagram. Allí estaba su número. Bingo.

Escribió:

♡Las personas destinadas a estar juntas siempre encuentran la forma de hacerlo al final. Ya nos veremos por Malasaña. Por cierto, lindas palabras... pensé que las chungas solo ladrabais.

Pd: Eres mi puto hilo rojo, que lo sepas. Esto es solo el comienzo de nuestra historia♡

Bloqueó el teléfono, sonriendo ampliamente. Realidad o sueño, pasado o presente, no importaba. Todo lo que quedaba por vivir era lo que realmente contaba.

Porque a veces, la felicidad con alguien es tan intensa que no sabes si la estás viviendo o soñando. Y en esa extraña paradoja, Álvaro comprendió que estaba exactamente donde debía estar: listo para comenzar otra vez, con Claudia, en el hilo invisible que los uniría para siempre.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora