Perfecto, puedo editar tu texto en tercera persona, manteniendo la coherencia narrativa, los cambios de perspectiva y el tono dramático, con tensión sexual y emocional, y haciendo más fluida la lectura. Aquí tienes la versión revisada:
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Claudia
Claudia despertó al lado de alguien distinto aquella mañana. La ausencia del brazo de Álvaro sobre ella y de ese peculiar sonido que hacía al bostezar le resultaba extraña. Su rutina mañanera había cambiado.
—Buenos días, reina —le dijo él, dándole un beso tierno antes de levantarse—. Debo irme rápido a trabajar, si no tu padre me mata.
—Sabes que siempre he admirado lo trabajador que eres —respondió Claudia, sincera.
—Conocer a tu padre me cambió la vida. Él me dio todo lo que soy —dijo Miguel, con una expresión melancólica.
—Lo sé, eres su hijo varón que nunca tuvo. Hasta te dio un piso más lindo que el mío —le acarició el rostro suavemente.
—Boba —respondió él antes de meterse a la ducha.
Cuando su padre conoció a Herran, fue poco después de que Claudia obtuviera su custodia legal. Miguel, con apenas 18 años, había tenido un pasado turbulento: había asaltado cajeros, pero siempre con la intención de sostener a su familia pobre. Tenía un corazón enorme, oculto bajo su exterior rebelde. Su padre lo acogió como a un hijo tras aquel incidente que casi le costó la vida. Desde entonces, Claudia y Miguel se habían gustado desde el primer día, y tras su ruptura con Aron, él se había convertido en todo para ella. Miguel era perfecto.
—Me voy —gritó ella al acercarse a la puerta.
—¿Dónde vas? —preguntó Miguel saliendo del baño.
—A un viaje estúpido... Toledo me espera —murmuró Claudia, con fastidio.
—Menudo día gris entonces —dijo él, con una media sonrisa.
—¿Puedo dormir aquí cuando regrese? —insistió Claudia, impaciente.
—Estos días viene Frida y quedamos en ver House of Cards mientras la ayudo con sus estudios —dijo Miguel, haciendo una pausa—. Pero mira, mejor le digo que no venga; yo solo quiero hacerte el amor a ti.
—No, mira, Miguel. Que quede con Frida, yo te veo luego —respondió Claudia, medio enojada.
—Pero no te enojes, amor —dijo él, con un suspiro resignado.
—Adiós —replicó ella, cerrando la puerta tras de sí.
Aunque consciente de la felicidad de Miguel, la idea de perderlo le provocaba terror. No podía dejarlo ir; no a él.
No sabía dónde estaba la casa de campo de los marqueses y escribirle a Álvaro era lo último que quería hacer. Sin embargo, esta semana debía crear la cuenta en Suiza a nombre de ambos, para los negocios de su padre. Su firma era imprescindible.
Finalmente, decidió enviar un mensaje a Yon preguntando por la dirección. Él respondió de inmediato:
—Cucciola, hacía tiempo que no tenía mensajes tuyos. Te adjunto la ubicación, guapaaa.
—Qué coqueto este imbécil —pensó Claudia, divertida—. Yo creía que podía ser gay, pero jugaría un poco con él antes de iniciar el viaje.
—Yo creo que me equivoqué de hermano, porque te miro y digo: este dios griego me lo comería en un bocado —respondió Claudia juguetonamente.
—Pero bueno, ¿qué he hecho yo para merecer semejante halago? Ven con algo sexy, así te veo de lejos, guapaaa —contestó Yon, con su habitual descaro.
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POLOS OPUESTOS
RomancePara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
