cap 28 -Indestructibles

74 5 1
                                        



Claudia no podía dejar de pensar en lo ocurrido. Que Álvaro hubiese salido de casa ayer a hablar con su madre y que no supiera nada de él hasta hoy solo podía significar una cosa: algo grave le había contado. Seguramente Yon ya le había soltado la bomba. Habían descubierto la cuenta. Con el corazón acelerado y la desesperanza clavada en el pecho, Claudia se dirigió a la casa de Yon con la esperanza de que todo fuese una falsa alarma.

Al abrir la puerta, Yon la miró con el rostro demacrado, como si hubiera recibido la peor noticia de su vida. La tensión que llenaba la sala era casi tangible. Claudia respiró hondo antes de entrar:

—Álvaro, ¿está todo bien? —preguntó, intentando mantener la calma mientras cruzaba el salón.

—¿Tú qué crees, Claudia? ¿Está bien? —respondió Álvaro con voz fría y cortante.

El aire se volvió pesado. Cada palabra, cada pausa, hacía que el corazón de Claudia latiera con fuerza.

—Álvaro, no sé a qué te refieres... ¿qué pasa? —preguntó, nerviosa, con el temblor empezando a notarse en sus manos y su voz.

Él se acercó con la mirada encendida por la ira, tan intensa que Claudia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—No tienes nada que decirme, nada que yo deba saber —dijo, casi susurrando entre dientes.

—Álvaro, yo... —intentó explicarse, pero las palabras se enredaban en su garganta. ¿Cómo podía decirle la verdad sin que la odiara?

—Tú y tu padre estaban lavando dinero con mi nombre, ¿verdad? —exclamó Álvaro, lleno de furia.

—Álvaro, te lo puedo explicar —trató de calmarlo, acercándose con cuidado.

—¿Cómo pudiste hacerle esto a la persona que te ama? —su rostro se ensombreció y sus ojos se oscurecieron con una mezcla de ira y dolor.

—Alvaro, escúchame, por favor —susurró Claudia, tratando de que la voz no le temblara.

—¿Qué clase de persona es capaz de aprovecharse así de alguien a quien ama? —la pregunta resonaba como un golpe.

—Yo no te amaba en ese tiempo, vale —confesó, bajando la cabeza, con lágrimas surcando sus mejillas—. Me caías mal, joder, y mi padre me convenció de hacer esto. Tú me parecías un ser horrible, me tratabas fatal. Luego le pedí que parara, pero no me hizo caso. Yo no quería que esto continuara. Tienes que creerme. Por eso cancelé la cuenta y extraje el dinero. Lo último que deseo en esta vida es hacerte daño.

—La cancelaste porque tu padre se enteró de que Yon lo sabía... todos, ¿lo hiciste solo para salvar tu dinero? —preguntó Álvaro, desconcertado y herido.

—Alvaro, las cosas no pasaron así —intentó explicar Claudia, nerviosa—. Tú no entiendes nada...

—Si en verdad me amaras, hubieras decidido contármelo y solucionarlo juntos, Claudia. ¿En serio crees que soy malo? —dijo con furia contenida—. Mírate al espejo, la verdadera mala está justo allí.

Se sentó en el sofá, y Claudia se acomodó a su lado, intentando rozar su hombro. Él la apartó con un gesto brusco.

—Lo superaremos juntos, Álvaro, te lo prometo —susurró, con voz trémula—. Esto solo fue un error, y te pido perdón por permitir que algo así nos alejara.

—¿Superar qué, Claudia? —gritó él, caminando de un lado a otro—. ¿Cómo voy a superar que estuviste aprovechándote de mí, aun diciéndome que me amabas? Estaban poniendo a mi nombre dinero de la prostitución. ¡Eres lo peor!

—Alvaro, fue un error... por favor, no me odies por esto —rogó Claudia, acercándose, casi suplicando.

—Lo que hicieron fue un delito, Claudia —contestó él, con voz grave—. Tratar de legitimizar dinero corrupto. No te das cuenta de lo grave que es esto.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora