cap 4 - ya te gustaria

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El recorrido hacia Belém parecía pintado con colores vivos: la luz dorada que se reflejaba en los azulejos, el traqueteo de los tranvías amarillos, el aroma dulce de los pasteles de nata que se escapaba de cada cafetería. Claudia caminaba despacio, sintiéndose más expuesta que nunca. Ese día había decidido vestirse "normal": un vestido nude que Aron le había regalado meses atrás. El tejido suave sobre la piel le provocaba una extraña mezcla de nostalgia y vulnerabilidad, como si la ciudad amplificara todo lo que sentía.

Extrañaba a Aron.
Demasiado.

Cada calle le devolvía imágenes sueltas: risas compartidas en un piso pequeño, conversaciones nocturnas, discusiones sin importancia que siempre terminaban con un abrazo. Pero a la vez, su mente parecía cortada por la mitad, como si alguien hubiera arrancado páginas enteras de su vida.

Miguel apareció también como un eco difuso: Roma, una discusión pendiente, un vínculo roto... o quizá fragmentos de un recuerdo que ya no podía situar en el tiempo.

Mientras caminaba, abrió el móvil y empezó a escribirle a Aron. Los mensajes que redactaba eran ridículamente tiernos, llenos de apodos y bromas internas que apenas recordaba haber usado alguna vez. Cada palabra le parecía ajena y familiar al mismo tiempo, como si estuviera imitando a una versión de sí misma que no lograba recordar.

Cuando llegaron las respuestas de Aron, Claudia sintió que el suelo bajo sus pies se movía. Él describía una historia que parecía real y a la vez imposible: un romance intenso, decisiones impulsivas, un matrimonio apresurado casi por accidente... y ella en medio de todo aquello, como si hubiese vivido una vida entera sin tener memoria de ello.

Claudia sintió que estaba atrapada en una burbuja temporal: flashes de momentos vividos con Álvaro, emociones sin explicación, lapsos donde parecían haber construido una historia completa. Su cerebro trataba de encajar esas piezas con la realidad tangible, pero nada coincidía del todo.

Narra Álvaro

El día en Belém transcurrió con una suavidad inquietante. Claudia se veía distinta: tranquila, elegante, casi luminosa con su vestido nude. Álvaro no lo reconocería en voz alta, pero la encontraba más hermosa de lo que esperaba. Y eso lo confundía tanto como los flashes que seguían persiguiéndolo desde el avión: luces doradas en la cabina, asientos cambiados, risas cómplices, un roce eléctrico de manos, un "sí" que ninguno recordaba haber dicho, pero que vibraba entre sus recuerdos fragmentados.

Trató de romper la tensión como sabía hacerlo: provocando.

—¿De qué vas disfrazada, drag queen? —dijo con una sonrisa ladeada.

Claudia lo miró con una mezcla de fastidio y satisfacción.

—Voy de persona normal. Milagro, ¿no ves? —respondió mientras estiraba la tela del vestido con teatralidad.

Álvaro soltó una risa breve, pero se interrumpió cuando ella le mostró la conversación con Aron. Al leer los mensajes, una sensación incómoda se abrió paso en su pecho. No era celos; era otra cosa, algo que tenía que ver con la realidad paralela que ambos habían vivido sin recordarla.

Comprendió que existían dos narrativas superpuestas: la vida consciente y la vida vivida en el lapso. Cada mensaje de Aron parecía un fragmento de esa capa oculta del tiempo en la que él y Claudia también habían estado involucrados.

Mientras viajaban en el tranvía amarillo hacia el Barrio Alto, Álvaro volvió a notar la marca en la pierna izquierda de Claudia. Grande. Profunda.
Una herida que no encajaba con su vida actual.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Y eso? —preguntó con voz más grave de lo habitual, señalando la marca sin tocarla.

Claudia bajó la mirada.

—No lo sé... —murmuró—. No lo recuerdo.

A Álvaro se le secó la boca.
Ese era el problema: no recordaban nada, pero lo habían vivido.

Explicación del fenómeno de los lapsos (coherente pero fantástica)

Mientras caminaban por la orilla del río, Álvaro unió las piezas del rompecabezas que venía formándose en su mente:
    1.    Durante el vuelo, en el cambio de asientos, un fenómeno extraño había atravesado la cabina: un parpadeo dorado procedente de las alas, mezcla de auroras, campos magnéticos y turbulencias atmosféricas.
    2.    Ese destello había generado un lapso temporal acelerado, donde el tiempo corría distinto dentro del avión.
    3.    En ese lapso, él y Claudia habían vivido semanas enteras: se conocieron, discutieron, se enamoraron, se reconciliaron y finalmente se casaron—todo en un plano temporal que corría a una velocidad imposible de percibir en el mundo exterior.
    4.    Pero el cerebro humano, incapaz de registrar experiencias tan extensas en tan poco tiempo real, las había borrado de la memoria consciente, dejando solo emociones sueltas, gestos, flashes incoherentes.
    5.    Al aterrizar en Lisboa, la realidad seguía su curso normal: estaban físicamente casados, sus pertenencias mezcladas y sus vidas unidas... pero sin los recuerdos que justificaban ese vínculo.

Era una historia imposible.
Pero también era la única que tenía sentido.

Narra Claudia

Claudia caminaba junto al río con una mezcla de desconcierto y vulnerabilidad. Se sentía partida entre dos mundos: el real, donde apenas conocía a Álvaro, y el otro... ese invisible, vivido en el lapso, lleno de emociones que su mente sí recordaba aunque no pudiera explicar por qué.

Cada gesto de él le provocaba una sensación de familiaridad inquietante. Una ternura oculta. Una confianza que no tenía lógica.

Los flashes no dejaban de aparecer: risas en la cabina, sus dedos entrelazados, palabras que jamás habían pronunciado conscientemente... y, sin embargo, ambos sabían que había ocurrido algo entre ellos.

Cuando Álvaro volvió a mirar su herida, Claudia sintió que algo dentro de ella se removía. Él también lo entendía. Ambos lo hacían.

—Algún día —susurró Claudia, casi sin mirarlo— quizá recordemos todo.

Álvaro respiró hondo, con un nudo en la garganta.

—O quizá no... —admitió—. Pero mientras tanto... tendremos que vivirlo.

Ella lo miró entonces, no como a un extraño, sino como a alguien que había estado a su lado durante un tiempo que ambos habían perdido.

Y así, en Lisboa, entre realidades superpuestas y memorias invisibles, los dos comenzaron a aceptar una verdad inevitable: estaban atrapados en un tiempo prestado, unidos por un fenómeno imposible que había cruzado sus destinos sin pedir permiso.

Y ahora debían decidir qué hacer con ese vínculo que existía... incluso sin recuerdos.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora