cap 2 - INFARTADOS

330 14 4
                                        


La luz entraba por entre las cortinas y le golpeaba la cara con una insistencia insoportable. Claudia pestañeó varias veces, lenta, irregular, como si viniera de un sueño demasiado profundo. Al abrir bien los ojos, se encontró en una habitación preciosa.

No era la suya.

Su primera reacción fue simple:
¿Con quién había dormido ayer?
Desde su última pelea con Miguel, estaba que se morreaba con la farola si hacía falta. Pero aquello... aquello no tenía sentido.

Tanteó la mesita para coger su móvil, y entonces lo vio:
un anillazo de boda digno de la portada de People.

Estuvo a punto de gritar.
Bajó la sábana de golpe y descubrió que no estaba desnuda: llevaba una lencería blanca. En el suelo, un vestido de boda descansaba como si hubiera tenido vida propia la noche anterior.

No podía respirar.

¿QUÉ COJONES HABÍA PASADO?

Con el estómago encogido y los diez segundos más acojonantes de su existencia recién vividos, giró la cabeza hacia la derecha.

Y ahí estaba.
Él.

—AHHHHHHHHHHHH —gritó.

Él despertó sobresaltado.

—¿Qué pasa? ¡¿Qué pasa?! —preguntó, antes de verla—. AHHHHHHHHH, ¿pero qué haces aquí? ¿Cómo entraste, loca?

Claudia solo logró articular:

—Mírate... la... mano.

El chico levantó la mano y vio un anillo aún más ostentoso que el suyo. Abrió los ojos como platos.

—¿Qué coño significa esto? ¿Qué acaba de pasar?

—¿Tú crees que yo sé, imbécil? No tengo ni idea de qué hago aquí —saltó ella, levantándose de la cama, buscando una explicación entre las paredes.

Mientras caminaba hacia el baño —extrañamente sabiendo dónde estaba—, empezó a distinguir cosas: su estantería de clásicos, sus peluches, su colección de Ghiblis, fotos... fotos de ambos.

Fotos sonrientes.
Fotos felices.
Fotos de una vida que no recordaba vivir.

—¿Qué coño está pasando? —susurró, con la garganta seca.

Se giró hacia él, temblando.

—Creo que vivo aquí —logró decir—. Mira esto.

Le mostró las fotos. Álvaro las miró, incrédulo, pasando de la burla al desconcierto real.

—Esto no es posible... —musitó.

Claudia abrió el armario. Todas sus cosas estaban ahí. Todas.

Necesitaba una ducha urgente.

—Me voy a bañar —dijo, intentando no colapsar.

—¿Qué? ¿Mi baño? ¿Estás loca? ¡Me vas a pegar algo!

Ella le sacó el dedo del medio, se metió rápida al baño y cerró con llave.

—¡Y no te robes nada! —le gritó él.

—IDIOTA —le devolvió desde dentro.

Mientras el agua caía, Claudia tuvo un breve destello. No un recuerdo normal:
un momento suspendido en una especie de luz dorada dentro de un avión.
Como si el tiempo hubiera... cedido.
Una risa.
Una conversación.
Un brindis con copitas diminutas.
Un beso.
Un "sí".

Pero fue tan rápido que no sabía si lo había imaginado.

Narra Álvaro

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora