Los días entre amigos habían pasado con una ligereza que casi parecía un regalo. Miguel y Ester se habían marchado juntos a Barcelona, algo que a Claudia le generaba una satisfacción tranquila: por fin alguien encontraba el camino correcto.
Aron y Yon, por su parte, seguían comportándose como un dúo inseparable, un par de Mortadelo y Filemón modernos, pegados hasta para ir al baño.
La vida, después de Año Nuevo, había vuelto a la normalidad.
Una normalidad distinta, más cálida.
Más estable.
Claudia y Álvaro ya vivían juntos, y eso llenaba sus días de una intimidad silenciosa: desayunos compartidos, ropa mezclada, planes improvisados, la sensación de no estar sola por primera vez en mucho tiempo.
Pero aquel día no era como los demás.
Aquel día significaba abrir una caja que llevaba años cerrada, herméticamente.
Su madre había venido de Uruguay y quería verla.
La noche anterior, Claudia por fin se había atrevido a pedírselo a Álvaro.
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Flashback
Ella estaba recostada en el sofá, jugueteando con la cuerda del jersey, sin atreverse del todo.
—Cari... a ver si mañana me puedes acompañar a un sitio —murmuró, sin mirarlo del todo.
Álvaro levantó la vista enseguida.
—Sí, claro, amor. ¿A dónde?
Claudia tragó saliva.
—Mi madre... ha venido de Uruguay. Quiere que vaya a verla. Y no sé... no quiero ir sola.
Él la besó en la mejilla, despacio, como si supiera que necesitaba calma.
—Vamos juntos. Así conozco un poco más de ti.
Claudia sonrió, apenas. Una mueca que escondía terror, culpa, vergüenza, rabia.
La verdad nunca le hacía gracia.
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Fin del Flashback
El camino a Valencia era largo y gris.
Llevaban horas conduciendo, hablando de tonterías para rellenar el aire... hasta que Álvaro preguntó lo inevitable.
—Amor... ¿me puedes contar por qué es tan mala la relación con tu madre?
Claudia sintió cómo algo se le rompía por dentro.
Tal vez era hora.
Tal vez era la única manera de liberarse.
—Me abandonó con catorce años.
Él bajó la velocidad, como si quisiera frenar también el dolor.
—Lo siento mucho, amor... —dijo, tocándole el hombro.
Claudia negó suavemente.
—No pasa nada. Sobreviví.
Álvaro le apretó la mano con cariño.
—Si no me lo quieres contar, no pasa nada.
Pero sí pasaba.
Y por primera vez, lo dijo en voz alta.
—Mi madre ejerció prostitución antes de tenerme. No era mala mamá, ¿sabes? Era joven, cariñosa... Pero cuando yo tenía diez, empezó a consumir. Debía dinero. Mucho. A la gente equivocada.
Las lágrimas le cayeron sin pedir permiso.
—Amor... —susurró él, limpiándole las mejillas.
Claudia agarró aire, temblando.
—Un día... al salir de la ESO... me siguieron unos tíos armados. Me secuestraron tres días. No había agua. Ni comida. Yo... pensé que iba a morir.
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POLOS OPUESTOS
RomancePara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
