cap 31 - bonitos instantes

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La vida después de Álvaro no era tan terrible como había imaginado. Sin embargo, desde que supo que él y Mina pasaban tanto tiempo juntos, no pudo evitar sentirse celosa. ¿Cómo había confundido aquello con amor? Si realmente la amara, no habría seguido adelante con tanta rapidez. La decepción por su actitud era un peso que le dolía, aunque fuera ella quien había cometido el error.

Yon le había advertido antes que su madre no tomaría ninguna medida legal contra su padre y que lo mejor era mantenerse alejada de todo ese asunto. Claudia había seguido su consejo al pie de la letra.

Ese tiempo de corazón roto lo había dedicado a estudiar. No había mejor terapia para desconectar el cerebro que entregarse por completo a los libros. Itzan la había ayudado mucho durante el semestre, y aunque hoy no podía estar, había dejado a su sustituta perfecta para prepararla para el examen de mañana.

—¿Con qué, Benedetti? No, bellísima su obra —comentó Georgina, hojeando el libro con detenimiento.

—Tía, concéntrate. Necesito seleccionar uno de sus escritos para hacer un análisis profundo en el examen de mañana —dijo Claudia, ya un poco estresada por la distracción de Georgina.

—¿Por qué no lo haces sobre este? —señaló Georgina otro texto, uno tan profundo que se podía sentir la esencia del autor en cada línea. Una reflexión sobre quiénes somos y las barreras que debemos romper para convertirnos en lo que deseamos ser. Claudia pensó que si elegía ese, acabaría llorando sobre el folio del examen.

—No lo sé, tía. Es muy difícil de analizar; prefiero este —dijo señalando "Táctica y estrategia".

—Pero este es bellísimo —comenzó a leer Georgina, mientras Claudia escuchaba recordando el amor de Yon y Aron. Al menos algunos tenían su happy ending.

—Habla sobre la poca necesidad de dejar pequeñas huellas en los otros cuando puedes dejar una gigante e imborrable —dijo Claudia, recordando a Álvaro—. La estrategia de permanecer en la mente y el corazón de alguien, aunque intente borrarte, de modo que tu presencia jamás pueda irse completamente.

—Tía, no quiero ser agonera, pero no es este escrito aún más intenso que el otro. Te dará una crisis existencial en el examen —rió Georgina.

—Tienes razón, colega. Mejor sigo buscando otro texto; estos son demasiado profundos —susurró Claudia.

Mientras continuaba estudiando, alguien tocó el timbre. Se apresuró a abrir y allí estaba Yon.

—Aron no está —dijo seca.

—Lo sé. Está en mi casa. Vengo a hablar contigo —dijo Yon, y lo último que Claudia deseaba era hablar de Álvaro.

—Pasa, vamos a mi cuarto —aceptó, resignada.

Se sentaron, y Claudia cruzó las piernas, intentando armar un muro de indiferencia.

—Tú dirás —dijo.

—Vengo a hablar sobre Álvaro —tragó en seco. De lo último que quería hablar era de él.

—No creo que haya nada que hablar, Yon —respondió, tratando de contener su frustración.

—Tú sabes que te quiero mucho, pero debo estar del lado de mi hermano. Lo utilizaste como un juguete y rompiste su corazón —dijo Yon con firmeza.

—Cometí un error, Yon. Me he disculpado tantas veces que no me queda aire —replicó Claudia, molesta.

—Fue más que eso. Lo hiciste en un momento en que solo pensabas en ti misma y en lo que querías —dijo Yon, con una honestidad que dolía como un golpe.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora