El regreso a casa se hacía interminable. Alvaro moría de deseos de ver a Claudia. Aún no entendía cómo esa loca podía causarle tal efecto.
Al llegar a la salida del aeropuerto, intentó romper el hielo con Mina.
—Mina, estuviste muy callada hoy... si es por lo del beso de ayer, perdóname —dijo, apenado. Se había pasado de copas.
—No, qué va. Es mi hermana, su coche tuvo un accidente y está en el hospital. Me avisaron antes de abordar —interrumpió Mina.
—¿La que vive en Bilbao? —preguntó él.
—Sí, esa misma, y estoy preocupada.
—Tranquila, todo va a estar bien, ¿vale? —la abrazó fuerte—. Nos vamos en el mismo taxi, y pedimos que haga dos rutas. Al final, ambos vivimos cerca de Puerta del Sol.
—Sí, casi vecinos, you know —rió Mina.
Tras dejar a Mina en su casa, Alvaro subió rápidamente al suyo. Para su sorpresa, encontró a Claudia estudiando en el despacho del piso de arriba.
—Pero bueno, si estudia y todo... la chunga aplicada —soltó mientras dejaba su equipaje y se le acercaba.
—Buenas tardes, señor duque —dijo Claudia, sin inmutarse.
—¿No me vas a saludar?
—No te lo mereces —respondió, girando la silla y dándole la espalda.
Alvaro no lo dudó. La tomó de la silla y la cargó sobre él.
—¡Bájame, tonto! —gritó Claudia, divertida.
—No, hasta que me digas lo mucho que me extrañabas.
—Ya te gustaría —contestó con una sonrisa traviesa.
Juntó sus labios con los suyos en un beso tierno mientras la devolvía a tierra. Claudia le acariciaba el cabello, acercándolo más, sin dejar de besarle. Ambos deseaban ir más allá. Alvaro acarició su trasero y la continuó besando, hasta que un sonido en la puerta los interrumpió: alguien había llegado con llave. Su madre, pensó fastidiado.
Se separaron, pero él sostuvo su mano con suavidad.
—No quiero que nuestra primera vez sea tan poco especial —se sinceró, con cariño.
—¿Ah, no? ¿Y cómo quieres que sea? —respondió ella, coqueta.
—Ya te sorprenderé, bonita. Lo haré.
—Te extrañé, sabes —acarició su mejilla.
—Y yo a ti —dijo él, acercándose.
—Me gustas mucho, Alvaro —confesó Claudia. Él deseaba haberlo dicho primero.
—¿Tú a mí no? —preguntó él, en tono burlón.
—Ah, no —dijo ella, indiferente—. Mira, Alvaro... de verdad no puedo creer... —empezó, hasta que él puso su mano sobre su boca.
—Tú a mí no me gustas, Claudia... tú me encantas. Tanto que me siento tonto a tu lado. Quizás... solo quizás, ya te necesito un poquito en mi vida.
—Yo a ti —le respondió, besándolo con intensidad.
Alguien interrumpió:
—Llevo tres horas allá abajo y nadie pensaba atenderme.
—Ay, Yon, eras tú —respiró aliviado Alvaro—. Pensé que era Lucifer.
—Está en Italia, se fue a gestionar unos negocios en Palermo —explicó él.
ESTÁS LEYENDO
POLOS OPUESTOS
RomancePara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
