Luego de la cena en casa de su madre, a Alvaro no le apetecía decir ni una palabra a Claudia. El regreso a casa resultó más complicado de lo que había imaginado.
Claudia subió y se cambió de ropa como si fuera a acostarse a dormir allí mismo, con una normalidad que él no podía comprender.
—No, que va, ni se te ocurra quedarte aquí —dijo muy enojado.
—Alvaro, déjame explicarte... —intentó ella.
—No, que regreses con Aron. Por eso te gusta tanto estar en casa con él, ¿no?
—Alvaro, solo escúchame cinco minutos, por favor.
—Vale, pero solo cuatro —respondió él, mirándola mal.
Claudia suspiró y comenzó a explicarle con calma:
—Esa noche estaba muy cabreada porque te vi con Mina todo el tiempo y, al llegar a casa, me puse a beber como si no hubiera mañana. Perdí la noción de todo, y en la peda... lo hicimos. Pero fue solo eso, ni siquiera lo recuerdo. Además, Aron es gay. Está enamorado de tu hermano.
Alvaro la miró incrédulo.
—Y mi hermano de él, Claudia, hasta las trancas.
—Bueno, eso... —respondió ella, rara.
—Con que estabas celosa de Mina, ¿no? —dijo él, acercándose, divertido.
—Sí, lo estaba —asintió ella, triste.
—Mmm... interesante —dijo él, recostándose a su lado y mirándola a los ojos—. Cuando vuelva de Suiza, quiero que hablemos con calma.
—Te vas mañana —susurró ella, triste.
—Sí, el vuelo sale a las 12 del mediodía. Tengo que estar en el aeropuerto con Mina dos horas antes.
—¿Mina? —repitió Claudia, molesta.
—Basta ya de celos —dijo él—. No eras tú la que estaba muy bien con Miguel.
—No es lo mismo.
—¿Ah, no? ¿Por qué no? —preguntó él, curioso.
—A Miguel lo conocí antes de ti.
—Interesante... ¿quieres decir que después de mí no hay nada? —canturreó, juguetón.
—Qué gracioso el cantante —respondió ella, y él la miró fijamente, acercándola a él.
—Sabes una cosa —dijo él, besándole la mejilla.
—No, no lo sé —respondió ella, besando su mejilla.
—Me muero de deseos de besarte —dijo él, sincero.
—¿A mí nada más o a Mina también? —bromeó ella.
—A ti, tonta, a ti. Quiero besarte toda la vida —se sinceró aún más.
—Y yo a ti —susurró ella.
Se besaron durante toda la noche, sin atreverse a ir más allá. Sus labios se entendían a la perfección. Alvaro quería hacerla suya, pero sabía que la primera vez debía ser inolvidable; quería que aquel día quedara grabado para siempre.
Al despertar, encontró a Claudia todavía dormida.
—Buenos días, gruñona —dijo, besando sus labios—.
Ella lo miró coqueta.
—¿Me puedo despertar así todos los días? —preguntó, adorable.
—Claro —respondió él, besándola nuevamente.
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POLOS OPUESTOS
RomancePara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
