Existen instantes en que las ganas de desaparecer superan a las de comer croquetas, y aquel era uno de ellos. Su corazón latía con fuerza mientras Aron la miraba con una mezcla de ira y confusión; sabía que estaba a punto de estallar por haberle ocultado la nota.
—Claudia, te estoy hablando —apretó su brazo con fuerza—. ¿Por qué tienes esta nota de Yon?
Claudia lo miró fijamente, la tristeza nublando sus ojos.
—Él te dijo que me la dieras, ¿verdad? —gritó Aron, incapaz de contener su furia.
—Sí... —confesó Claudia al fin—, pero esto no es verdad. Es solo para alejarte.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó, su voz cargada de enojo.
—Porque sí, Aron, porque sí —replicó ella segura—. Cuando le di lo que le mandaste, lloró con cada palabra y me dijo que cómo podía amar a alguien que no le daba señales de su amor. Él te ama, solo que cree que no lo mereces.
Aron se dejó caer en el sofá, y una lágrima surcó su rostro. Claudia se acercó y lo abrazó con fuerza.
—Tronco, lo siento —susurró, con la voz quebrada.
—No, tiene razón —respondió él—. Lo mejor será que siga con mi vida.
—Pero cariño, no creo que esa sea la solución —intentó ella, aunque él la calló con la mano.
—Ya está decidido. No estoy para esto, de verdad —dijo, levantándose y dirigiéndose a su habitación.
Claudia deseaba gritarle que era un cobarde, que no se merecía a Yon. Su frustración burbujeaba, intensa y amarga.
Tomó su celular y abrió la notificación que había causado todo el conflicto:
Número desconocido:
"Hija, por favor, te lo suplico. Mañana es el último día para pagar la escuela de tu hermana. Ten un poco de humanidad; no congeles tu corazón."
Una lágrima se deslizó por su rostro. Quizá debía hacer precisamente eso: congelar su corazón y dejar de sentir por quien no debía.
Esa tarde se dirigió al banco y realizó la transferencia. La otra hija de su madre no tenía la culpa de nada.
Minutos después, recibió una llamada de su padre.
—¿Alo? —contestó, aún con el corazón agitado.
—¿Por qué coño, si volviste a Madrid, no me habías llamado?
—Perdona... ¿desde cuándo te importa mi vida?
—No seas grosera, hija. ¿Qué sucedió? ¿Por qué volviste?
—Nada... la señora madre de Yon me transfirió a la Universidad Autónoma de Madrid para tenerme controlada.
El silencio se instaló. Claudia recordó los años pasados, los disparos, la caída, el miedo que se le había clavado en el pecho.
—No lo sé —dijo finalmente—. De todas formas, seguro nadie me recuerda allí.
—Claro... la gente no olvida que le dispararon a una chica en medio del campus.
Su mente estaba llena de fantasmas. Recordó el impacto del primer disparo en su pierna, la caída inmediata, y cómo un segundo disparo, que iba directo a su corazón, fue detenido por algún milagro invisible.
—Ya cállate, no quiero hablar de eso —susurró, intentando alejar esos recuerdos.
—Hija, andate con ojo con esa gente —advertió su padre.
Cambió de tema:
—¿Sabes quién me escribió para pedirme dinero? Mi madre.
—¿Y no se lo mandaste, verdad? —preguntó él, incrédulo.
—Me dijo que era para el colegio de su hija...
—Te lo he explicado mil veces: ella te abandonó, y aún así la sigues ayudando.
—Todos merecen una segunda oportunidad, ¿no?
—¿Ella te la dio a ti? Regresó cuando pudo a buscarte... no, ¿verdad?
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POLOS OPUESTOS
Storie d'amorePara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
