Claudia llevaba ya demasiado tiempo esperando en la estación. El AVE donde viajaban Miguel y Ester venía con un ligero retraso, y aquel invierno, las canciones navideñas no ayudaban.
"Creo que mi padre es un elfo" sonaba por los altavoces por tercera vez en menos de quince minutos.
«Qué asco de canción», pensó, mirando por enésima vez la pantalla de horarios.
Al fin el tren llegó, aunque a ella le pareció haber esperado una eternidad. Qué exagerada, se reprochó mentalmente, justo antes de ver a Ester salir apresurada del vagón.
—¡Amiga! —corrió Ester hacia ella para abrazarla—. Te he echado tanto de menos.
Claudia sonrió mientras le devolvía el abrazo. Ester era de esas personas que, en cuestión de días, se convertían en parte de tu vida. La adoraba.
—¿Y Miguel? —preguntó Claudia, buscando con la mirada.
—Viene ahí detrás —respondió Ester sin demasiado entusiasmo.
Miguel se acercó y la saludó con un abrazo suave. La miró un segundo más de lo habitual y dejó un beso rápido en su mejilla. Claudia notó un gesto extraño en él.
—¿Todo bien? —preguntó, tocándole el hombro.
—Todo genial —respondió él, con un tono seco e impreciso.
—Vamos —propuso ella. Ambos asintieron.
Miguel se fue directo a su casa, mientras que Ester la acompañó a la suya. Cuando lo dejaron en su departamento, Claudia rompió el silencio al fin.
—¿Podemos hablar luego? Vengo más tarde.
—No tardes —respondió Miguel—, que tu padre hará una fiesta y tengo que pasar por allí.
—¿Pasarás Navidad con mi padre?
—Como siempre, Claudia.
—Vale... —murmuró ella para sí. Miguel, el hijo perfecto. El chico que nunca hacía enfadar a su padre.
Siguió conduciendo con Ester a su lado, feliz de tenerla al fin cerca.
—Amiga, tenemos mucho de qué hablar —dijo Claudia.
—Lo sé —respondió Ester con un suspiro.
Claudia no dio rodeos.
—Ester... sé que le gustas a Miguel.
Ester bajó la mirada, apenada.
—Claudia, yo...
—Voy a terminar lo que tengo con él —anunció Claudia, mirándola con sinceridad.
—Claudia, esto es muy incómodo —confesó Ester—. No quiero que pienses que no soy tu amiga, ni que te traicioné, pero... Miguel y yo... pasó una vez. Fue algo de un día.
—Ya lo imaginaba —respondió Claudia tranquila—. Él ha estado extraño conmigo y siempre cambiaba de tema cuando te mencionaba.
Ester suspiró con culpa.
—Lo hice porque tú me habías dicho que no ibais bien. No es justificación, pero... me siento fatal.
—Esto no viene de ahora, ¿verdad? —preguntó Claudia—. Cuéntame bien.
Ester asintió, avergonzada.
—Fue en Mallorca. Verano. Nos conocimos... y pasó. Una vez, dos... diez veces. Él estaba contigo, aunque estabais disgustados. Me dijo que era la primera vez que te era infiel. Lo siento muchísimo.
Claudia pensó, casi con dificultad, que a Miguel realmente le gustaba Ester.
—Pero él es un boomerang, Claudia —añadió Ester—. Siempre vuelve a ti. Es como si estuviera obsesionado con la idea de estar contigo.
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POLOS OPUESTOS
RomancePara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
