Cuando vio los papeles del divorcio sobre la mesa, solo pudo pensar en una cosa: Claudia había firmado.
Intentó contener las lágrimas mientras los abría. La situación lo afligía tanto que sentía cómo algo dentro de él moría poco a poco. Cada instante en que comprendía que ya nada los uniría venía acompañado de infinitas dudas: ¿había hecho bien en alejarla? ¿Era eso realmente lo que quería?
El hecho de que nada más los conectara lo hizo desplomarse en el sofá para leer con calma. En el borde de la hoja, encontró una nota con la letra inconfundible de Claudia:
"Si la mitad que me corresponde no son sus besos, su risa, su compañía... no quiero ninguna mitad. Yo te amo de verdad. Qué pena que no supe cuidar mejor ese amor."
De sus ojos brotaron lágrimas que no podía contener. Que ella renunciara a todo había sido como un balde de agua helada sobre su rostro, dejándole un frío gigantesco en el pecho.
Leyó y volvió a leer aquellas palabras, perdiendo la voluntad de mantenerse alejado. Quiso escribirle, decirle que nadie la amaba como él y que podían olvidar todo lo pasado. Corrió a hacerlo, comenzó a escribir un mensaje en su móvil... y lo borró al instante. Era demasiado tarde. El daño que había causado no se justificaba con sus deseos de reconciliación. Además, Claudia había puesto en riesgo demasiadas cosas con sus acciones, y la confianza, una vez rota, era casi imposible de reconstruir.
Tenía que seguir adelante. No habría segundas partes en esta historia que, quizá, ni debió tener una primera.
Se dirigió a su cita con Mina, intentando dejar atrás todo pensamiento de Claudia. Ella hablaba sin parar, pero su mente estaba en otro lugar.
—¿Estás bien? —preguntó Mina tras casi diez minutos de su silencio.
—Ya estoy divorciado —dijo Álvaro, y las palabras le dolieron como una sentencia de muerte.
—¿Firmó? —lo miró preocupada.
—Sí... renunció a todo —susurró él, sintiéndose destrozado.
—¿Y tú qué harás? —preguntó, con tristeza ante su rostro apagado.
Tomó su mano.
—Ya tomé una decisión. Estamos comenzando algo —dijo fingiendo felicidad. Sabía que solo estaba cubriendo el vacío que sentía por dentro. Fingir que Mina podía borrar a Claudia era engañarse a sí mismo.
—Eso me deja más tranquila —murmuró ella, acariciando su mano, y Álvaro correspondió el gesto con suavidad.
—Tú me haces feliz. Desde el primer día conecté con tu bondad. Me siento orgulloso de estar a tu lado —dijo él con sinceridad. Sabía que madurar significaba aceptar inicios y finales, y debía aprenderlo de una vez.
Intentó bromear para aligerar el ambiente:
—Pero bueno, habló el suertudo. La suertuda eres tú, que no todos los días sales con un duque.
—No sé yo... con la situación actual igual a lo de duque le queda poco —rió Mina.
—Porque mi madre será reina pronto —sonrió él—. La reina de corazones que corta la cabeza a quien le sale de chochete.
—¡Qué idiota! ¿Por qué te llevas tan mal con ella si es majísima? —preguntó Mina, divertida.
—Fiama majísima... es Lucifer SA —dijo Álvaro, haciendo una mueca de extrañeza.
—Pues conmigo es un amor —sonrió Mina.
—Será porque no eres una muerta de hambre —respondió él, y ella rió.
Se acercó, besó sus labios con suavidad. No eran los de Claudia, pero a partir de ahora serían los que tendría que besar... y no estaba nada mal.
—Eres un príncipe de cuento —dijo Mina, acariciando su mejilla.
Tal vez ese era su final feliz: empezar de cero con alguien con quien encajaba, alguien que podía ser su compañera en lo bueno, lo malo y lo realmente jodido. Estaba feliz. Aunque en su corazón solo viviera una persona, había decidido perdonarla mentalmente. Ya no cargaba el peso de lo que pudo ser. Ahora solo quería que Claudia también estuviera bien. Recordarla le haría sonreír... siempre.
⸻
Claudia
Las vacaciones de abril habían llegado, y Claudia ya tenía sus planes trazados. Pasaría unos días con su madre y Lulu en Valencia, y luego se iría a Mallorca con Miguel, Ester e Itzan, a quien había animado a unirse. Había sido un tiempo difícil, pero el ejercicio de la soledad le había resultado gratificante. Había descubierto una nueva Claudia: más segura, más libre. Sabía que debía vivir el presente, porque la felicidad era efímera, como el destello de una fotografía.
Tal vez perder a Álvaro la había ayudado a encontrarse a sí misma, a amar de otra manera. Si no sacaba algo positivo de todo esto, se sentiría culpable, y ya era demasiado tarde para eso.
Recogió sus cosas y se dispuso a despedirse de Aron. Lo encontró en su sillón, inmerso en búsquedas profundas en Netflix. Sonrió al pensar en cómo había cambiado su perspectiva sobre él hasta ese momento.
—Cariño, me voy. Pórtate bien —dijo, lanzándole un beso antes de dirigirse a la puerta.
Él salió de su habitación y la abrazó. Ella correspondió, sintiendo que por primera vez no debía temer que él se alejara al volver.
—¿Estás bien? —preguntó Aron, tomando su rostro entre sus manos—. Te voy a echar muchísimo de menos —y la abrazó nuevamente, con ternura.
—Algún día nuestros caminos se separarán, ¿no? —dijo ella con una sonrisa triste.
—No sigas con eso del aeropuerto y el parque de atracciones —bromeó él—. Yo soy adicto a tu parque de atracciones. Me quedaré toda la vida encerrado allí —y Claudia sonrió, feliz de escucharlo decirlo, aunque sabía que lo decía para consolarla.
—Te amo muchísimo. Nunca te he dado las gracias por estar ahí —susurró Claudia desde lo más profundo de su ser.
—¿Qué gracias ni qué leches? Estoy aquí porque tú eres mi vida. Siempre lo estaré. Somos familia, somos uno —besó su frente.
—Nada, entonces... a esperar mi final feliz. Espero no llegue a los 80 años —bromeó Claudia, imaginando su versión anciana, rodeada de gatos y tazas de avena, viendo novelas turcas.
—Claudia, estás tan enfocada en eso que no ves que ya llegó —dijo Aron, sorprendiéndola. —Tal vez tu final feliz no incluya al hombre de tus sueños; tal vez se trate de ti, sola, empezando de nuevo.
Y cuánta razón tenía. Empezar de nuevo era exactamente lo que ahora deseaba. Sonrió amplia y feliz.
—Tienes razón, Aron. Mi final feliz será seguir adelante —dijo, con determinación.
Se despidieron con el amor que los caracterizaba, y Claudia se dirigió a la estación para tomar el metro a Valencia. Mientras esperaba, recibió un mensaje de Ester:
"Ya estamos a nada de vernos. Me muero de ganas de darte un abrazo que te reconforte por todo lo que has pasado. Lo que hoy te duele se curará, y mañana saldrá el sol. Siempre nos tendremos, pase lo que pase. No hace falta convivir años con alguien para que forme parte de ti. Vendrán infinitas felicidades. Te quiero, amiga."
Claudia leyó el mensaje y sintió cómo cada fragmento roto de su ser comenzaba a recomponerse lentamente.
Era infinitamente afortunada. Tal vez este final feliz no apestaba tanto. Tal vez compartir sus días con Lulu la haría más feliz que nada. Tal vez tenía amigos a la distancia que no necesitaban estar físicamente para decir presente.
Ya no necesitaba retener a nadie; cada quien era libre en este aeropuerto de la vida, tomando el destino que deseara y volando a donde quisiera. Claudia sonrió... muy, muy feliz.
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POLOS OPUESTOS
RomansaPara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
