Alvaro llevaba días sin saber de Claudia, y era evidente que ella había seguido con su vida sin siquiera recordar su existencia. La idea de olvidarla debería resultarle fácil, pero no lo era. En tan poco tiempo se había enganchado a ella como si fuera una droga, un veneno dulce que recorría cada parte de su cuerpo.
Incluso los recuerdos más triviales lo perseguían:
Flashback:
• "Pon tres cafés", pidió Yon.
Alvaro bebió un sorbo y, cuando se distrajo, Claudia rellenó su taza sin que él se diera cuenta.
• "Deja de hacer eso, tonta. ¿Crees que no te veo?" – dijo él incrédulo. – "¿Acaso me tomas por tonto?"
• "No sé de qué hablas, es tu palabra contra la mía", replicó ella, con esa sonrisa traviesa que siempre lo desarmaba.
• "Uy, pero qué acostumbrada está la chunga a estos temas legales... seguro has ido más a juicio que Al Capone."
Claudia lo miró con ojos furiosos, y él no pudo evitar reír. Adoraba hacerla enojar.
Fin del flashback
Cada detalle mínimo lo hacía recordarla: el olor de su ropa, la forma en que se movía por la casa, su risa. No sabía cuán loco estaba por ella hasta que la vio alejarse sin poder hacer nada. Debía pasar página, convencerse de que ya no había lugar para ella en su vida. Tal vez Maria lo ayudaría. Pero, ¿era eso suficiente para borrar lo que sentía?
⸻
Al llegar al ensayo de Maria, intentó concentrarse en otra cosa, pero sus pensamientos siempre volvían a Claudia.
• "¿Cómo estás, reina?" – dijo él con voz suave, tratando de mantener la compostura. – "Nos vamos a un sitio más tranquilo, te invito a cenar."
• "Claro, mi rey... a ese restaurante tres estrellas Michelin que tanto amo, ¿verdad?" – bromeó Maria, y Alvaro contuvo un suspiro. Solo quería un McDonalds, pero no podía confesarlo.
Mientras conducían, sus pensamientos se mezclaban con imágenes de Claudia: la forma en que él la había visto reír, la manera en que sus manos rozaban las suyas, incluso los momentos que nunca habían compartido físicamente pero que su mente recreaba con precisión inquietante.
Al llegar a un lugar apartado, detuvo el coche:
• "¿Qué hacemos aquí?" – preguntó Maria, con ojos grandes, sorprendida.
• "Una pequeña locura", dijo él, y ella entendió. El capote del carro cayó al suelo, el asiento se reclinó, y se dejó llevar.
Maria era rápida, intensa, y aunque él disfrutaba cada instante, su mente seguía volviendo a Claudia. Imaginaba su piel, el calor de sus besos, cómo sería tenerla debajo suyo. Quería más de ella, pero no podía; estaba atrapado entre lo que tenía y lo que deseaba, entre la realidad y la obsesión.
Esa noche durmió junto a Maria, pero su corazón estaba dividido. Antes de irse a la universidad, dejó una nota:
"Estas noches dormiré aquí contigo si no te molesta. Será un secreto entre tú y yo. Preciosa."
⸻
Al llegar al campus, vio el mensaje de Claudia en su celular. Sonrió con una mezcla de alegría y dolor: habían pasado semanas sin hablarse.
Mensaje de Claudia:
"Alvaro, como sabes, inauguran el bar por el cumpleaños de Yon. Avisaré que estaré allí, iré con una amiga y le haré un tour por la ciudad. Besos, espero que estés bien..."
El mensaje sonaba frío, distante. ¿Ya no le importaba? ¿Ya había olvidado lo que sentía por él?
• "Es cierto que yo no merezco lo que sientes, pero... ¿tan rápido te olvidaste de mí?" – escribió él, con el corazón apretado.
Claudia respondió con dureza:
"Cómo puedes ser tan egoísta... qué importa lo que sentí por ti si tú no sientes nada por nadie."
Alvaro golpeó la mesa con frustración. Quiso gritar, suplicar, decirle que él solo la quería a ella, pero la realidad era cruel: no podía.
⸻
Narra Yon
Yon tampoco estaba en paz. Cada día le resultaba un tormento no poder contarle a Alvaro lo que sentía, lo que deseaba, lo que su corazón gritaba. Estaba atrapado, dividido entre el deber, la familia y el deseo. Y ahí estaba Aron, su torbellino, interrumpiendo sus pensamientos:
• "Yon, tenemos que hablar", dijo Aron, entrando con firmeza.
• "Quizá no quiero hablar contigo, señor heterosexual castrador", replicó Yon con sarcasmo.
Pero Aron insistió, y terminaron en el almacén del bar. Allí, las palabras fluyeron entre ellos con un peso abrumador: el amor, el miedo, el orgullo y la desesperación. Yon gritó, acusó, se reveló. Pero al final, ambos sabían que estaban atrapados por algo más grande que ellos.
⸻
Narra Alvaro
El día terminó con la visita inesperada de su madre a la universidad:
• "Vengo a hacer un traslado", dijo ella con firmeza.
• "¿Traslado?" – preguntó Alvaro, desconcertado.
Su madre le explicó que traía a Claudia para que estudiara en la misma universidad, que ya no podía seguir lejos, haciendo lo que quisiera. Alvaro sintió una explosión de alegría. La posibilidad de verla, de estar cerca, lo llenaba de esperanza, pero también de miedo: ¿cómo le explicaría Claudia que su madre había tomado esa decisión sin consultarla?
Y luego vino la revelación que heló su sangre: Claudia había sobrevivido a un disparo a los 19 años, un ajuste de cuentas relacionado con su padre. Todo lo que creía conocer de su vida estaba distorsionado. La mujer por la que estaba loco no era solo un peligro para su corazón, sino que estaba inmersa en un mundo que él apenas comenzaba a comprender.
Alvaro comprendió, en un instante, que amarla era caminar entre tiburones. Y aún así, no podía dejar de hacerlo.
ESTÁS LEYENDO
POLOS OPUESTOS
RomansaPara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
