cap 22 - sobredosis

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Narración de Claudia

Universidad. Otra mañana más, la mar de aburrida, al lado de ese chico que no decía ni mu. Durante toda la semana sentado a su lado, solo le había hablado una vez después de presentarse:

—¿Me dejas 20 euros para llevar a mi hermana pequeña al cine? Es que ponen Frozen 2 y ahora no tengo pasta —dijo con cara de circunstancias. Claudia pensó que seguro era para irse a fumar porros.

—¿Y tú cómo me los pagas? —preguntó, curiosa.

—No sé... en cuanto pueda te los devuelvo —añadió, apenado. No era el típico chico cachondo de "te pago en especies". Qué alivio.

—Con que me hables en clases, suficiente.

—Perdona, es que soy muy tímido.

—Tranquilo, toma —le dio 50 euros—. Llévalo al cine y luego cómete un McDonald's.

—Gracias, aunque prefiero Burger King —lo miró mal. Ese tío se había ganado su odio por desprestigiar McDonald's, pero se calmó.

—Como quieras —pensó—. Con este me va a costar la amistad.

Después de clase, Claudia fue a casa de su padre. No estaba. ¿Dónde estaba este hombre? Sabía que probablemente estaría en Alcalá de Henares, en su lugar habitual.

Al llegar, los recuerdos más desagradables la invadieron. Un prostíbulo nunca era un lugar agradable, y más para alguien que había trabajado allí contra la voluntad de su padre, pagando un precio muy alto por ello. Recordó la noche en que un hombre obsesionado con ella le disparó en la pierna.

Entró al lugar y saludó a Roxan, quien la recibió con cariño.

—¡Pero si es la hija del jefe! ¿Cómo estás, querida? Tu padre me dijo que te casaste.

—Sí, me casé —le enseñó el anillo, aunque todo parecía un sueño.

—Enhorabuena —la felicitó Roxan.

—Tu padre está en el despacho, hoy abrimos temprano.

—Vale, subiré a verlo entonces.

Subió al despacho y encontró a su padre "poniéndose morado", como cada tarde.

—Hija, ¿qué haces aquí? —la miró extrañado, apagando el porro.

—Quiero que dejes de usar la cuenta esa de Suiza, papá. Alvaro no se merece esto. Que desaparezca esa cuenta.

—¿Qué dices, hija? ¿Acaso te enamoraste del idiota?

—Papá, ya tienes suficiente dinero limpio con los tres pubs abiertos. Cierra este lugar, por favor.

—¿Qué dices, papá?

—Pues sí, hija. Aunque allá las chicas son solo strippers, también tenemos nuestro negocio de escort.

—Papá, no puedo creerlo... porque he ido al de Madrid y nunca vi a una stripper.

—Son días seleccionados, reina. ¿Crees que tu padre no sabe lo que hace?

—No, no lo sabes... estás loco, papá, loco.

—Claudia, no me jodas... sé que pusiste el piso de Malasaña a nombre de Aron y a ti como beneficiaria, al igual que tus miles de dólares en tu cuenta personal a nombre del "contigo detrás". Eres más lista que yo, bonita. Si mi barco se hunde, tú no mancharías tus manos de princesa.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Porque yo pago todo, reina —gritó molesto—. ¿Pero tú de quién vives? ¿Quién te compra las prendas, tu carro del año, el de Aron, tu carrera, la de él, tus viajes? Son horas y horas de chicas dando su cuerpo aquí, los que pagan todo, bonita.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora