cap 8 - te voy a destruir

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Álvaro se acababa de despertar cuando alguien entró silenciosamente en su habitación y lo abrazó por detrás. Sintió una caricia suave recorrer su espalda, un roce que lo hizo gemir de felicidad aunque intentó disimularlo. Instintivamente, giró y le lanzó un almohadazo a la intrusa.

—¿Qué haces, amor? —dijo una voz conocida.

Era María, su exnovia. Y, a pesar de todo, verla le aceleró el corazón.

—¿María? ¿Qué haces aquí?

—Nada... si Mahoma no va a la montaña... —respondió con semblante triste—. Quedamos en vernos, ¿recuerdas?

Álvaro no pudo evitar fijarse en lo preciosa que estaba. La forma en que la luz de la mañana acariciaba su piel lo hizo sentir la urgencia de besarla.

—Estás guapísima —le dijo, pícaro.

—Tú tampoco te quedas atrás. ¿Hacemos algo juntos? —le preguntó, acercándose peligrosamente—. Me contaron que estabas enfadado con Claudia.

—En Chueca todo se sabe —respondió, divertido.

—Bueno, ¿qué tal si vamos a darnos un baño en casa de la duquesa? —dijo, con picardía. Álvaro sonrió, recordando su plan favorito.

—¿Cómo sabes que Lucifer está fuera de la ciudad? —bromeó.

—Porque lo llamé, tonto. Que no creas que te engaño —contestó ella, juguetona.

Se cambiaron. María eligió un bañador rojo escotado que hacía resaltar cada curva. Álvaro no podía dejar de mirarla; no se imaginaba a nadie más con ese traje de baño.

En la piscina, la cercanía de sus cuerpos generaba una tensión palpable. Cada roce, cada sonrisa era un desafío.

—¿Me extrañabas? —preguntó Álvaro, divertido y provocador.

—Mucho... no sé qué haces con esa chica —contestó María, insinuando celos.

Álvaro meditó por un instante. Podría decir la verdad, pero la mentira le aseguraba control y tiempo.

—Yo la amo —dijo, y María le creyó.

—¿Entonces por qué quisiste quedar conmigo, Álvaro? ¿Soy solo un juguete?

—No, reina... podemos seguir viéndonos, pero en un plan más light. No puedo ofrecerte nada más que eso —explicó, con la voz baja, casi arrastrando las palabras, disfrutando la tensión que le generaba el juego.

María se acercó y empezó a desnudarse. La distancia entre ellos se volvió casi insoportable.

—La amas tanto como a mí —susurró, con un dejo de tristeza y deseo.

—María, tú eres única —respondió, evadiendo la pregunta. La atrapó entre sus brazos, y un beso intenso los consumió. Sus manos exploraban, acariciaban y despertaban un deseo que parecía no tener fin. Cada embestida, cada roce, cada gemido los acercaba más a un límite donde la pasión y la obsesión se mezclaban.

Pero, en su mente, Claudia seguía ahí, el recuerdo del beso prohibido taladrando su razón.

Claudia

Claudia regresó a casa de Álvaro con una mezcla de enfado y deseo. Saludó a la señorita del servicio y se sirvió una bebida mientras planeaba su tarde. Un mensaje de Georgina le recordó la fiesta de Diego. Sonrió con picardía y decidió acostarse un rato, preparándose mentalmente para su plan.

Cuando su teléfono vibró, era Miguel. Su corazón se iluminó.

—Mi bombón —dijo, juguetona.

—Tu voz es más sexy de lo que recordaba —respondió él, calmando un nudo en su pecho.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora