cap 30 - el error que somos

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Hoy era el cumpleaños de Georgina. Sin dudas, Álvaro quería asistir, pero no por ella; su verdadero impulso era la esperanza de encontrarse con Claudia. Llevaba días sin dormir bien, y si no fuera por Mina, se habría hundido por completo. Ella había sido su ancla, su luz en medio del caos, pero aún así seguía loco por Claudia, anhelando sentirla cerca, abrazarla, perderse en sus labios.

—Bueno, ¿qué crees, vestidito o vaqueros? —le preguntó Mina, mostrándole sus mejores outfits.

—¿Para dónde va la señorita? —respondió Álvaro, curioso.

—Al cumpleaños de Georgina. Nos invitó —dijo Mina, y él fingió sorpresa, aunque ya lo sabía. Solo quería disimular.

—Pues no sé si ir... —murmuró Álvaro, sintiendo un torbellino de deseos encontrados—. Pero me muero por verla... a mi delgada favorita.

—Tío, no te me decaigas. Llevas semanas sin verla; seguro ni se chocan —le animó Mina.

—Ojalá nos choquemos... una, dos, mil veces —pensó Álvaro, con el corazón acelerado.

—Amigo, que esto no sea un obstáculo para seguir adelante —insistió Mina.

—Mina, sin ti no puedo seguir adelante —se sinceró él, consciente de la verdad de sus palabras—.

—¿Qué dices, mi rey? Claro que sí —respondió Mina, acariciándole el rostro con suavidad.

—Te necesito, Mina. Eres la única que puede hacerme alguien mejor, alguien bueno —confesó Álvaro, y cada palabra estaba cargada de verdad.

—No necesitas ser arreglado —sonrió ella.

—Sí, sí que lo necesito —dijo él, casi con un hilo de voz—. Estoy roto por dentro, claro que sí.

—Necesitas seguir —afirmó Mina, levantándose hacia el baño.

—Y quiero que sea contigo —añadió Álvaro sin pensarlo, sabiendo que solo Mina podía ayudarlo a salir de este bache.

—¿Cómo que conmigo? —preguntó ella, alzando una ceja.

—Sí, cuando todo esto pase, darnos una oportunidad —contestó él, sincero.

—Álvaro, no me hagas esto —se acercó en señal de negación.

—Mina, nos gustamos. No lo niegues. Yo solo estoy herido porque me utilizaron, pero lo olvidaré —dijo, consciente de que aún deseaba a Claudia, aunque su corazón empezaba a buscar otra posibilidad.

—Álvaro, no lo sé. Déjame pensarlo, vale —respondió ella con cautela.

—Vale —asintió él, recostándose. Ya lo había intentado; el resto dependía de ella.

—Pero bueno, levantese, huevo —Mina le quitó las sábanas—. Hoy se sale, hijo de mi vida.

—Minaaaa... —la miró, resignado.

Se levantó y fue a llamar a su madre, recordando lo que Yon le había advertido: debía detener cualquier locura legal que ella planease.

—Hijo mío, ¿ya estás mejor? —preguntó su madre con su tono más cínico.

—No, igual de mal. Cuando alguien a quien amas te hace daño, no se supera rápido —contestó Álvaro, con sinceridad.

—Hijo, esos tendrán su merecido. El lunes presentaré la denuncia —dijo su madre con determinación.

—Si denuncias al padre de Claudia o a ella, olvídate de que soy tu hijo —replicó Álvaro, firme.

—Alvaro, ¿qué dices? —preguntó su madre, atónita.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora