Álvaro despertó en el sofá de la casa de su padre sin recordar ni cómo había llegado allí. Supuso que la noche anterior habría regresado caminando porque Claudia, enfadada por la pregunta que él le hizo, insistió en volver sola. Y, por supuesto, él terminó siguiéndola a distancia para asegurarse de que no le pasara nada.
"Debería haberla dejado a su suerte", pensó, masajeándose la frente. "No puedo ser más flojo."
Cuando entró en la cocina, se encontró con ella. La muy jodida estaba allí plantada con unas gafas rosas colgándole del cuello, un bikini del mismo color y, encima, un traje negro de boxeadora. Rosalía a su lado parecía una aficionada. Álvaro sabía que esa mezcla entre "rosita fresita" y "linterna verde" no desaparecería tan fácilmente, ni aunque se vistiera normal.
—Buenos días, Peppa Pig —saludó él con una amabilidad evidentemente falsa.
Claudia no respondió. Se sentó a desayunar sin dedicarle ni una mirada.
—¡Holaaa! ¡Que te estoy hablando! —insistió él, ya irritado.
Ella dio un sorbo a su café y, sin cambiar la expresión, preguntó:
—¿Nos vamos a la playa, no?
Álvaro sonrió, dispuesto a recuperar el control.
—Por supuesto. Hoy podrás ver el cuerpecito hermoso que tengo aquí debajo —dijo tocándose las abdominales bajo la camiseta. Y lo cierto era que estaba estupendo.
Claudia levantó una ceja y deslizó hacia él el móvil, mostrando una fotografía de un tal Miguel, un repartidor tremendamente atractivo.
—Hermoso es él.
—¿Y ese quién es? ¿Tu novio? —preguntó Álvaro. El chico de la foto definitivamente estaba más bueno que él, para qué negarlo.
—Algo así... no recuerdo exactamente en qué quedamos, pero cuando regrese a Madrid pienso solucionarlo —añadió ella con sorprendente seguridad.
Álvaro deslizó las fotos y soltó una carcajada.
—Uy, pero si son el uno para el otro. Los reyes de Orterolandia.
Claudia frunció el ceño.
—Mejor persona que tú seguro que es.
—Ni siquiera me conoces para decir eso —protestó él.
—Ni pienso hacerlo.
—Te mueres por hacerlo —se burló Álvaro antes de retirarse a cambiarse la ropa.
⸻
El viaje a la playa fue largo. Las playas de Lisboa eran preciosas, pero gélidas por el Atlántico. Álvaro estaba de mal humor. Claudia, en cambio, parecía encantada de pedir sangría tras sangría.
El móvil de Álvaro vibró:
Llamada entrante: "Lucifer".
Su madre.
—Dime, madre —respondió con desgana.
—¿Qué tal tus días, mi pequeño?
—Estamos en la playa —respondió secamente.
—Mmm... interesante. ¿Y cómo se porta la chunga?
Álvaro miró a Claudia: estaba pidiendo otra sangría al camarero, sonriendo como si no existiera el concepto "mediodía sobria".
—Bien, madre. Muy bien. Ahora mismo está pidiendo algo de beber.
—Una sangría, seguro. Esa no toma nada que tenga clase.
Álvaro abrió los ojos. ¿Y ella cómo lo sabía?
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POLOS OPUESTOS
Roman d'amourPara Claudia tener a la gente que quiere bajo sus alas es tan ley cómo llevar un outfit neón al menos dos veces por semana. La diversión y el derroche son su sello hasta que un inexplicable evento cambia completamente su realidad . Despertar en una...
