cap 16 - tactica o estrategia

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Alvaro estaba concentrado en clase cuando su teléfono vibró y lo sobresaltó: un mensaje de Georgina.

"Por fa Alvaro, Claudia me pidió que la recogieras en la estación a las 5. No podré ir porque estoy liadísima, ve tú, vale, besos."

Alvaro frunció el ceño. ¿Por qué Claudia no le había pedido a él que la recogiera directamente? Oh, claro, se le había olvidado el mínimo detalle de que ella no quería ni verlo. Si hubiera sido por ella, jamás se habría vuelto a cruzar con él.

Aun así, lo esperaba en la estación. Al verla, su corazón dio un vuelco. Claudia estaba diferente. Su rostro conservaba la familiaridad de siempre, pero su estilo había cambiado: chupa de cuero negra, camiseta blanca, vaqueros de mezclilla y Vans. No era el outfit que solía usar, pero le sentaba espectacular. Su belleza lo dejó sin aliento.

Al verla, Claudia puso cara de WTF.
—Bienvenida —dijo Alvaro, acercándose para abrazarla.
—Quita, quita... ¿dónde está Georgina? —contestó ella, evidentemente molesta de descubrir que había sido él quien la recogía.
—No pudo venir, así que lo que ves es lo que hay —Alvaro abrió los brazos con una sonrisa.
—Qué vida más triste la mía —se quejó Claudia.
—¿Y es ahora que te das cuenta? —bromeó él, provocándola.
—Imbécil —le replicó, fulminándolo con la mirada.

—Bueno, ¿tienes hambre? Seguro estás muerta de hambre, porque nunca rechazas comida. Vamos a un restaurante nuevo, libanés —propuso él, riendo por dentro, sabiendo que lo que ella deseaba era un McDonald's.
—No, que va. Me voy en un Uber a McDonald's —contestó Claudia con su habitual desfachatez.
—Qué poca clase tienes —rió él.
—Lo menos que puedo hacer en esta vida de mierda es lo que me hace feliz, ¿no?
—¿Y qué más te hace feliz, Claudia? —pensó él, pero lo único que le daba felicidad era verla a ella.
—Tú... no —lo empujó y se alejó, dejándolo solo.

Alvaro se centró en preparar el bar con su hermano. Mañana era el cumpleaños de Yon y la inauguración de Intimissimi, y todo debía estar perfecto.

—Ya estoy aquí —dijo Mina, una amiga y compañera de universidad, siempre positiva y con una energía contagiosa.
—¡Qué bueno que llegas! —respondió Alvaro—. Serás un gran apoyo en todo esto.
—Pero si es lo más bello que ha dado el mundo árabe —dijo Yon, bromeando.
—Tío, eres un salido —rió Mina.
—Dime que me escapo contigo hoy mismo —propuso Yon, provocando la risa de todos.
—Bobo —le sacó la lengua Mina.

Se pusieron a organizar el local. Todo debía tener un ambiente oscuro, íntimo y un poco creepy, perfecto para Halloween.

—Me encanta este lugar, es tan... íntimo —comentó Mina.
—Ja, ja, ja —le respondió Alvaro—. Sabes que esa es la idea del local.

—¿Y bueno, qué tal con la esposa? —preguntó Mina, curiosa, refiriéndose a Claudia.

Alvaro recordó la noche de los shots, cuando había confesado sus sentimientos por ella:

Flashback:
Diez shots de tequila habían bastado para abrir su corazón:
—La extraño demasiado —confesó.
—¿A tu esposa? —preguntó Mina.
—Sí, la quiero, me gusta mucho.
—Es normal, por eso están casados.
—No, tú no entiendes. Nuestro matrimonio es falso, solo no nos divorciamos por un acuerdo de gananciales que pronto se anulará. Pero la verdad es que yo la quiero, y ella no lo sabe.
—¿Y por qué no se lo dices?
—No es fácil, somos agua y aceite, no tenemos nada que ver.
—Pero el corazón quiere lo que quiere, Alvaro.

Fin del flashback

—Ya se fue a comer sola, luego imagino que a su casa —comentó Alvaro, suspirando—.
—Alvaro, declárale ya, dios, no paras de hablar de ella y te mueres de celos de ese chico que estaba con ella en Barcelona.
—Claro, porque sé que ella no lo quería y solo lo hacía para molestarme.
—Bueno, deja de charlar y a ordenar, que esto no se hace solo.
—Oye, iremos a juego por fin, ¿no? Tú de Cleopatra y yo de faraón, ¿verdad?
—Por supuesto, tu esposa se pondrá muy celosa.
—Esa es la idea —sonrió él.

⸻

Mientras tanto, Claudia estaba con Aron, que desde que llegó se mostraba distante. Sabía que la ausencia de Yon lo tenía triste.

—Amigo, hablemos —propuso Claudia.
—¿Qué quieres hablar, Claudia? Lo perdí... lo perdí y me parte el alma saber que todo fue mi culpa —respondió Aron, abatido.
—Pero hablaste con él —insistió Claudia.
—Sí, claro... pero me mandó a la mierda. Me dijo que estaba cansado de mí y que solo quería casarse y olvidarlo —explicó Aron.

Claudia lo escuchó y le propuso un plan:
—Hagamos una sorpresa para él, algún detallito manual, romántico... seguro lo derrite.

—Vale —respondió Aron, animándose.
—¿Y de qué irás disfrazada?
—De diablilla —se colocó en una postura sexy, provocadora.
—Uff, qué hot, Dios... seguro te verás estupenda. Yon este año seguro se disfrazará de eso.
—Seguramente —contestó Claudia, sonriendo—. Pero no te hundas, figura. Hoy solo estaré un rato en la fiesta, me regreso a las 11 y nos ponemos piripis, ¿qué dices?
—Que me voy a comprar un alcohol ya mismito —dijo Aron, levantándose con rapidez.
—Espérame ya listito —dijo ella, y lo besó efusivamente antes de salir.

Se llevó el coche de Aron, mientras llamaba a Ester para ponerse al día.

—Guapa, ¿cómo va todo? —preguntó Claudia.
—Liadísima sin ti —contestó Ester, decepcionada.
—Imagino... ¿y Miguel?
—Ni hablar, me evita desde que te dejamos en la estación.
—Uy, ¿y eso por qué? —preguntó Claudia.
—Vale, en Navidad caigo allá seguro. Tenemos una conversación pendiente.
—Perfecto, allí te espero —respondió Claudia y colgó.

El bar estaba espectacular. La decoración de Halloween, los disfraces, el ambiente oscuro... todo parecía sacado de una película de terror. Claudia entró sin hacer ruido y vio a Yon al fondo.

—¿Qué pasa, cuña? —lo abrazó.
—Pero si vienes haciendo honor a mi madre —bromeó él.
—Lucifer Coloriccio me llamó esta noche —sonrieron a la par.
—Cari, te traje algo, de parte de... ya sabes quién.
—Sí, ya sé —dijo Claudia, con el ceño fruncido al recordar a Alvaro.

Dentro del paquete había una nota con un poema de Benedetti. Una lágrima rodó por la mejilla de Yon.

—Este poema es para ti —dijo con voz temblorosa.
—Te entiendo tanto, Yon —respondió Claudia, empatizando con su dolor.

Yon salió a tomar aire, y Claudia buscó a Georgina. Pero entonces la vio: Alvaro, con una chica, ambos disfrazados de Cleopatra y faraón. Su sangre hirvió.

—Buenas noches, amor —dijo Claudia, sarcástica, y besó a Alvaro efusivamente.
Él quedó atónito, sin saber cómo reaccionar.

—Y tú eres... —señaló a la chica.
—Mina, amiga de Alvaro —contestó él.

—Oh, bueno... yo soy su ESPOSA —la voz de Claudia estaba cargada de celos y furia.

Alvaro la tomó del brazo y la apartó:
—Hablemos un momento a solas —dijo, serio.

—¿Qué crees que haces? —le preguntó desafiante Claudia.
—Nada, solo me presentaba —contestó Alvaro, calmado—.
—No entiendo tus berrinches. Tú hasta ayer estabas con Miguel.
—Corrección: estoy con Miguel —replicó ella.
—Qué triste... —se acercó, muy cerca de sus labios—. Que quien te bese no sea quien quieres, muy triste.

Claudia retrocedió, respirando agitadamente.
—Mina me cae genial, la estoy conociendo... si surge algo, surgirá —dijo él.
—Me da igual, macho, haz lo que quieras —replicó Claudia, furiosa.

Se fue a la barra, donde se bebió la coctelería de media hora, vigilando a Alvaro y su cercanía con Mina. Su sangre hervía; estaba lista para irse de allí en cualquier momento.

—Oye, Claudia —gritó Yon—. Dale esto a Aron.
—Vale —respondió ella, guardando el papel que decía: "Déjame en paz... ya no te quiero". Era mejor que Aron no lo viera.

Más tarde, la noche continuó con risas, alcohol y reguetón. A la mañana siguiente, Claudia despertó desnuda, abrazada a Aron.

—Aron, despierta —susurró.
—¿Qué pasa?
—¿Qué pasó ayer? ¿Te acuerdas?
—Sí... follamos —contestó él sin vergüenza.

Claudia bufó, avergonzada, mientras intentaba recomponerse. El caos no parecía tener fin; su vida era un no parar.

POLOS OPUESTOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora