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| tercera persona
lando norris.

Gran Bretaña.

—no...— suspiró pierre por quinta vez en los últimos cinco minutos.

se mantenía sentado con los codos sobre las piernas y el rostro entre sus manos.

todos reunidos nuevamente, no por lo que quisieran, evidentemente.

lando no se apartaba de la caja de ataúd en la que se encontraba el cuerpo sin vida de rain, de su preciada niña. de su vida.

y como dicen, si bien ambos murieron ese día, pero solo uno dejó de respirar.

—lando...— lo llamó carlos tomando su hombro.— debemos partir, su madre llegó.

lando no sacó en ningún momento el cigarro de su boca, las cenizas caían en su pantalón negro. las ojeras bajo sus ojos le daban una expresión sombría, sus labios secos y su mirada perdida. definitivamente ellos jamás habían visto a lando así.

fue entonces que recordó lo mucho que rain odiaba que fumara. pero ella ya no estaba más. y él añoraba abrazarla.

—pues que llegue...— se le escuchó decir.— no la volveré a dejar.

se sentía culpable, si tan solo hubiera insistido más, si se hubiera quedado cerca aunque pareciera acosador, esto no hubiera pasado, pero claro que no querían atormentar su existencia más de lo que ya estaba, simplemente... no debía haberse alejado.

por supuesto que no lo entendía, nadie lo hacía. su madre tan solo un poco, pero jamás imaginó que esto pudiera pasar. ella lloraba desconsolada, se le veían los ojos hinchados e incluso su piel seguía pálida.

charles no había dicho palabra alguna desde esa mañana. miles de preguntas rondaban su cabeza pensando qué fue lo que no logró hacer en todos los meses que estuvieron juntos, hasta que por fin habló mirando a lando.

—es tu culpa.— soltó con rencor.

lando lo miró sacando el cigarro de sus labios, arqueó las cejas un poco y exhaló el humo.

—es tu puta culpa.— repitió charles.— si no te hubieras largado, ella seguiría aquí.

—...ella estaba aferrada a algo que no sentía.— apenas pronunció lando.

—¿¡y qué!?— le gritó mientras sus ojos se nublaban de lágrimas.— podrías haberla ayudado quedándote a su lado, no dejándola de lado. si querías ayudarla, tenías que estar, no abandonarla. se aferró aún más cuando te fuiste, ella se... se apagó aún más.— sollozó al fin.— y es tu culpa que nos reunamos de nuevo porque ahora ella no está.

lando apretó los labios.

nadie dijo nada. de cierta forma, todos lo pensaban. no culpando tanto a lando, solo que no fue la manera de ayudarla.

—¿y qué mierda esperas que haga?— se le escuchó decir.

nadie de ellos pensaba con la cabeza fría, nadie de ellos tenía pensamientos claros, y ante eso por supuesto que iba a haber disturbios. tal vez permanentes.

—ya no está —continuó.—, dime qué se supone que tengo que hacer, ¿un ritual para resurrección? la dejé, es mi culpa, pero después ella me alejó

—¿y por qué le hiciste caso?— lo interrumpió con voz cortada charles.— ¿por qué mierda de todas las cosas le hiciste caso en la única que no debías? después de casi incluso amarrarla a ti y hacerle un amarre, ¿por qué, lando? ¿por... qué?

silence: háblame | lnHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora