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| primera persona
rain mirren.

Gran Bretaña.

una ligera brisa de aire me chocó en la cara y fue cuando abrí los ojos.

a mi lado, lando entró al auto con la respiración agitada, lo miré y cuando él me miró soltó muchísimo aire.

—rain...— habló bajito.— ¿dónde estabas?

parpadeé, ya no estaba el sol, de hecho ya estaba hasta nublado.

—aquí...—respondí.— ¿qué hora es?

miré mi celular y quise prenderlo, sin embargo, la pantalla se mantuvo en negro, suspiré, sin pila.

—¿no tienes pila?— corroboró y negué.— son casi las seis de la tarde. ¿sabes lo jodido que me sentí sin saber de ti por horas? charles salió a buscarte y me pidió esperar, ¿sabes que maldita espera me tocó sin un puto mensaje positivo?

no dije nada a sus palabras.

—rain, no desaparezcas así, me vuelves loco, en serio, en todos los sentidos.— al oírlo hablar solo miré mis manos.— no me gusta que salgas sola. y no por oírme controlador pero no me gusta no saber dónde o con quién estás, no me gusta estar tan lejos de ti, no quiero que

—ya no me pasará nada, lando.— dije interrumpiéndolo.

él se mantuvo en silencio. 

—rain, no quiero que te pase nada, en serio.— dijo mirándome.

yo miré sus ojos, sus cejas ligeramente arqueadas, sus mejillas, su cabello desordenado, la ligera barba debajo de su boca, sus labios entreabiertos, su pecho subiendo y bajando. 

—hoy fui a confesar.— solté en voz bajita.— dije todo lo que pasó y, bueno, lo hice.

lando se quedó callado.

—¿y por qué no nos dijiste?— preguntó con notable más calma.

—no quería que me estuvieran diciendo que lo que hacía estaba bien.— alcé los hombros.

él asintió y miró al frente.

hubo silencio en el ambiente.

—¿podrías avisarles que estoy aquí? lamento preocuparlos, puedes decirle a charles que se vaya a casa y a los demás también.— me acomodé en el asiento.— deberías hacerlo también, lando.

sus ojos me siguieron, pero no me bajé del auto.

—¿de verdad quieres quedarte sola?— lo oí decir. 

no dije nada.

lo miré, giré mi cuerpo en su dirección y jalé de su cuello para darle un beso.

lo necesitaba, en serio lo necesitaba.

me alejé de él notando como se quedaba quieto, como si esperara que en algún momento lo volviera a besar. pasé saliva y bajé la mirada.

—ten buen regreso a casa, lando.— dije antes de bajarme del auto.

caminé hacia la entrada de la mansión y no escuché el motor del auto de lando incluso cuando entré, aún así, me despedí de pierre, oscar y carlos quienes me abrazaron luego de verme, una muy corta plática después salieron y los motores de sus autos sonaron.

silence: háblame | lnHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora