Ser causa, no consecuencia

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Llega un momento en la vida en el que se nos acaban las excusas.

Siento decirlo así, pero a partir de cierta edad ya no podemos seguir echando la culpa al resto de lo que hacemos o dejamos de hacer. No podemos seguir culpando eternamente a un padre o madre ausente por no habernos cuidado, ni tampoco a esa persona que nos molestaba en el colegio, o a ese trauma que nos causó cierta situación...

No estoy diciendo que no duela, claro que duele y todo eso explica por qué a veces nos comportamos, explica los miedos y las inseguridades, pero no lo justifica, porque al final del día, eres tú el que acaba actuando mal también  y la única persona que puede cambiar eso eres tú.

A pesar de todo ese dolor, tienes que ser tú quien decida sanar para convertirte en quien realmente quieres ser, en lugar de gastar tu energía buscando culpables.

Tengo una amiga a la que, hace unos años, un profesor intentó hundir. Le dijo a la cara que no iba a llegar a nada en la vida, que sacaba muy malas notas y que, simplemente, no valía para estudiar. Ese comentario le dolió muchísimo, le generó una frustración enorme. Lo fácil hubiera sido rendirse, creerse esas palabras y dejarlo todo. Pero su pasión fue más fuerte que la opinión de aquel hombre. Decidió darle una lección, no con palabras, sino con hechos. Hoy está terminando la carrera de sus sueños, estudiando lo que realmente ama.

Con esto lo que quiero decirte es que eres tú quien toma las decisiones de tu vida. Si dejas que las cosas malas que te han pasado decidan por ti, estás perdido.

Ojalá dejemos de darle el poder de nuestra felicidad a los fantasmas del pasado. Ojalá entendamos que, aunque no elegimos lo que nos hicieron, sí eliges qué hacer con ello ahora.

Así que toma las riendas de tus acciones y demuestra al mundo lo que realmente vales.

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