Actuación ante la incertidumbre

11 3 0
                                        

Imagínate una escena donde estás nadando tranquilamente y de repente te muerde un tiburón y en vez de salir del agua, prefieres perseguirlo para preguntarle por qué lo hizo si tú no hiciste nada. Suena absurdo ¿verdad?

En cuanto al tema emocional es algo que se podría aplicar en ámbitos cotidianos, los cuales revivimos más veces de las deseadas.

Esas veces que personas de nuestro entorno nos hacen daño, esos "casi algo" que a veces se van sin dar explicación y en vez de irnos y sanar esa herida que nos ha generado su ausencia o falta de claridad, lo que hacemos es quedarnos esperando a que nos den esa respuesta que necesita nuestro cerebro para lidiar con esa incertidumbre.

Y ahí es donde la metáfora cobra sentido, no podemos quedarnos a esperar a que esa persona que nos ha dañado sea la misma que nos salve de ese dolor. Hay veces que lo mejor es olvidarnos de esa explicación y aceptar que no vamos a obtener esa respuesta que tanto anhelamos.

Quedarnos esperando una explicación responde a varias necesidades que reconocemos como: cerrar el ciclo, validar nuestro dolor, y restaurar esa perspectiva que teníamos. El problema es que depositamos en la otra persona la responsabilidad de nuestra paz, lo que nos mantiene atados de cierta manera.

Nuestro cerebro está diseñado para siempre tener resueltas todas las dudas, no puede aceptar las incertidumbres y en caso de que eso suceda lo que genera es una explicación por muy absurda o ambigua que parezca para lidiar con ese vacío.

Pero, ¿quién te dice que la respuesta que te proporcione va a ser la que necesitas? A lo mejor es justo esa respuesta la que te hace sobrepensar, hace replantearte si realmente lo que te ha dicho era la verdad o simplemente era para salir del paso y dejarte de hablar definitivamente o que solo quiere tenerte para cuando le apetezca. Quizás esa explicación no sea un alivio sino una carga innecesaria. Lo que estamos proyectando pidiendo explicaciones es la validación de una herida emocional, que la otra persona acepte que nos hirió para poder sentirnos bien, pero en caso contrario lo que nos genera es que nos ata a su voluntad y esperamos hasta que llega esa respuesta.

Al final, la pregunta no es por qué se fue, sino por qué nos quedamos tanto tiempo esperando a que vuelva o a recibir esa respuesta a nuestras preguntas y cuando logramos responder eso, empezamos a sanar de verdad, empezamos a darnos la importancia que nos merecemos, porque ninguna persona nos puede llegar a dar lo que nosotros realmente necesitamos.

La conclusión a la que tenemos que llegar es que no podemos obligar a nadie a darnos una explicación acerca de lo que hace y deja de hacer, debemos ser nosotros quienes decidamos seguir adelante sin necesidad de su explicación. 

Just thoughtsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora