Adicciones

35 3 0
                                        

El otro día estaba viendo videos en internet cuando me encontré con uno que me dejó pensando. Era un fragmento de una entrevista en el podcast de Jordi Wild, donde hablaban con el cantante de trap y hip hop, Kidd Keo. En ese momento del video, Kidd Keo mencionaba cómo había logrado equilibrar su vida gracias a la marihuana. Contaba que, en una conversación con su madre, le confesó que fumar le ayudaba a mantenerse estable. La respuesta de ella fue sorprendente: le dijo que, en realidad, todos necesitamos "colocarnos" con algo para sobrellevar la vida. Pero no se refería únicamente a las drogas, sino a otros hábitos o estímulos que generan cierta dependencia en las personas.

Ella le dio ejemplos claros: hay quienes son adictos al café y no pueden empezar el día sin una taza; otros encuentran refugio en la comida y comen en exceso para sentirse bien; también están quienes pasan horas viendo videos en redes sociales, consumiendo contenido sin descanso, y aquellos que se obsesionan con el ejercicio y pueden pasar hasta cuatro horas diarias en el gimnasio.
Esto me hizo reflexionar, porque, en cierto modo, tiene razón. Todas estas actividades nos proporcionan una sensación de placer o alivio, nos ayudan a sobrellevar el estrés del día a día, aunque en algunos casos sean hábitos poco saludables o incluso dañinos. Es interesante cómo, de una u otra forma, buscamos una especie de "escape", algo que nos haga sentir mejor, aunque sepamos que no siempre es lo mejor para nosotros.

Si lo analizamos con más profundidad, podríamos decir que todos los seres humanos tenemos una necesidad casi innata de buscar algún tipo de recompensa emocional. Nuestro cerebro está diseñado para responder a estímulos placenteros, mediante la liberación de dopamina. Esto está asociado con la sensación de placer y motivación, lo que explica por qué podemos volvernos dependientes de ciertas actividades.

Por ejemplo, alguien que toma café todas las mañanas no solo lo hace por su sabor, sino porque la cafeína activa su sistema nervioso, proporcionándole energía y ayudándole a afrontar el día. Del mismo modo, una persona que pasa muchas horas en redes sociales recibe pequeñas dosis de dopamina cada vez que ve un video nuevo, un “me gusta” o un comentario en sus publicaciones, entre otras actividades mencionas anteriormente.

Entonces, ¿cómo podemos saber cuándo un hábito se convierte en una adicción? La respuesta está en el control y la moderación. La clave está en encontrar el equilibrio. Es natural buscar pequeñas fuentes de placer o alivio en nuestro día a día, pero también es importante asegurarnos de que esas prácticas no se conviertan en una dependencia que nos impida desarrollarnos plenamente. La verdadera estabilidad no proviene de un solo hábito, sino de una combinación saludable de actividades que nos permitan disfrutar la vida sin caer en excesos.

Just thoughtsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora