47.

680 111 12
                                        

𝐍𝐀𝐑𝐑𝐀𝐃𝐎𝐑 𝐎𝐌𝐈𝐂𝐄𝐍𝐓𝐄

La mañana llegó envuelta en una luz suave que se filtraba por las cortinas entreabiertas.

Tn había despertado temprano, no por nervios, sino por una necesidad casi instintiva de preparar el espacio. No era una limpieza obsesiva; solo había barrido la cocina, puesto café en la cafetera y echo un poco de HotCakes. Quería que cuando él entrara, sintiera que la casa lo esperaba con los brazos abiertos, no con reproches silenciosos.

El timbre sonó a las diez en punto. Tn abrió la puerta descalza, con el cabello recogido en un chongo desordenado y una sonrisa tímida.

César estaba ahí, con maletas en un lado y una bolsa de pan dulce en la otra. Se miraron un segundo, como reconociéndose después de un largo viaje.

—Buenos días —dijo él, con voz baja pero cálida.

—Buenos días —respondió ella, y se hizo a un lado— Pasa.

Entró despacio, dejó las maletas junto al sofá y miró alrededor. Todo olía a hogar: café, canela (el aroma favoritode ella), y a HotCakes recién echos.

—Traje conchas y orejas —dijo, levantando la bolsa— Pensé que… podríamos desayunar juntos.

Tn sonrió de verdad esta vez.
—Perfecto. Ya tengo el desayuno listo.

César soltó una risa suave, la primera en mucho tiempo que no sonaba amarga.

—Gracias. No tenías que…

—Quería —lo interrumpió ella— Quería que al llegar sintieras que esta sigue siendo tu casa.

Se sentaron a la mesa en silencio al principio. Solo el sonido de los cubiertos y el tic-tac del reloj. Pero no era un silencio incómodo; era uno de esos que se están aprendiendo a llenar de nuevo.

—¿Cómo dormiste? —preguntó él, rompiendo el hielo.

—Mal —admitió ella— Pero mejor que las noches anteriores. Sabía que hoy volvías.

César asintió.
—Yo tampoco dormí mucho. Mis hermanos no me dejaron en paz. Carlos me dijo que si te hacía sufrir otra vez, me iba a dar con la guitarra en la cabeza.

Tn sonrió, imaginándolo.

—Y Luna me dejo un mensaje esta mañana antes de irse a la escuela: “Si no la abrazas como se debe, te golpeo”. —César negó con la cabeza, divertido— Creo que todos estaban más nerviosos que nosotros.

Ambos rieron.

------

Después del desayuno, César se levantó.
—¿Te ayudo con algo?

Tn dudó un segundo, luego asintió.
—Tu ropa… podemos acomodarla juntos, si quieres.

Fueron al dormitorio. Abrieron las maletas en silencio al principio. Camisas, jeans, playeras que olían a la casa de sus papás. Tn las colgaba en el clóset mientras César doblaba calcetines y los guardaba en el cajón.

—Esta camisa… —dijo ella de pronto, sosteniendo una colot gris vieja— Te la regalé en nuestro primer aniversario.

César se acercó por detrás y la abrazó suavemente por la cintura.
—La sigo usando porque me recuerda a ti —murmuró contra su cabello— A cuando todo era más fácil.

𝙎𝙞,𝙎𝙞 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩𝙪 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣}Donde viven las historias. Descúbrelo ahora