𝐂𝐄𝐒𝐀𝐑 𝐏𝐀𝐑𝐑𝐀.
Llegué a la plaza un poco antes de la hora que había quedado con Luna para recogerla. Ella estaría con unas amigas en una tienda y yo solo debía pasar por ella después de hacer unas compras que me había encargado mi mamá. Una salida cualquiera, algo rutinario... o al menos eso parecía.
Me estacioné, apagué el motor y me quedé unos segundos sentado, observando el movimiento de la gente. Niños corriendo con globos, parejas tomadas de la mano riendo como si nada en el mundo pudiera romper ese instante. Familias enteras caminando juntas, cargando bolsas de compras, compartiendo un helado. Todo era tan cotidiano, pero para mí se sentía como un recordatorio cruel. Como si cada escena viniera a restregarme en la cara lo que yo ya no tenía: a ella, a Tn, a mi lado.
Saqué el celular y le marqué a Luna.
-Ya llegué. ¿Dónde estás? -le pregunté, mientras me pasaba la mano por la cara, tratando de despejarme.
Luna: En una tienda de accesorios, pero voy a tardar un poquito. Mis amigas todavía están viendo cosas. Si quieres entra por mí o espérame tantito -me dijo con esa voz ligera que siempre tenía.
Suspiré. No tenía prisa, pero tampoco quería quedarme sentado en el carro como un tonto.
-Está bien, avísame cuando salgas -respondí.
Colgué, guardé el celular en el bolsillo y bajé. El aire fresco de la tarde me golpeó el rostro, mezclado con el murmullo constante de la plaza: música saliendo de las tiendas, el eco de las risas, el sonido de pasos apresurados sobre el piso.
Decidí caminar un poco, matar el tiempo. Tal vez comprar un café o simplemente perderme entre la gente hasta que Luna estuviera lista.
Avancé sin rumbo fijo, observando los escaparates llenos de colores, el reflejo de las luces en los cristales. Trataba de mantener la mente ocupada, pero siempre había un rincón dentro de mí que inevitablemente volvía a ella. A su risa, a su forma de mirarme, al silencio incómodo que se instaló entre nosotros, al las peleas, a este tiempo que me había pedido .
Pero sobre toda a la pregunta constante que no me dejaba en paz: ¿por qué?
Di la vuelta en un pasillo de la plaza y fue entonces cuando la vi.
Mis ojos se detuvieron de golpe, como si alguien hubiera presionado pausa en todo alrededor. A unos metros, frente a una vitrina, estaba ella. Tn.
Por un instante pensé que estaba alucinando, que mi mente me estaba jugando una mala pasada. Pero no. Era ella, con su cabello cayendo libre sobre los hombros, con esa forma tan suya de moverse.
No estaba sola. Luis estaba con ella.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda y, sin pensarlo, me escondí detrás de un pilar cercano. No sé por qué lo hice; fue un acto instintivo. Tal vez porque no quería enfrentarla, tal vez porque el simple hecho de verla con él me hizo temblar por dentro.
Me quedé ahí, en silencio, con el corazón golpeando fuerte contra el pecho. No quería escuchar, lo juro. Pero entonces su voz me alcanzó, clara, como si el universo hubiera decidido que esas palabras debían llegarme aunque yo no lo quisiera.
Tn:...yo sentía que César ya no me quería. Antes de que dejara de amarme, preferí pedirle un tiempo... por miedo.
No hubo ruido de plaza, no hubo voces de gente, no hubo nada más en ese momento. Solo esas palabras cayendo sobre mí como un golpe seco, como un puñal directo al pecho.
Me quedé paralizado. El aire se me fue de golpe, como si alguien me hubiera vaciado los pulmones.
¿Eso pensaba de mí?
¿De verdad creía que yo había dejado de quererla?
Cerré los ojos con fuerza, apretando la mandíbula, tratando de contener el torbellino que se desató en mi interior. Porque no era enojo lo que sentía... era dolor. Un dolor profundo, indescriptible. Ella, la mujer a la que más amo, pensaba que mi amor se había apagado, cuando la realidad era todo lo contrario: cada día la amo más, cada día la necesito más.
Quise dar un paso hacia atrás, huir de ahí antes de escuchar algo más que pudiera terminar de destrozarme. No quería saber qué respondía él, no quería imaginar sus gestos ni la forma en que la miraba mientras hablaban. No soportaría verlo.
Así que me giré, con la respiración pesada, con los ojos ardiendo, y caminé en dirección contraria.
No recuerdo bien cómo llegué hasta la tienda donde estaba Luna. Solo sé que mis pasos eran rápidos, casi mecánicos, como si quisiera poner la mayor distancia posible entre mí y esa escena.
Cuando la encontré, ella me recibió con una sonrisa luminosa, ajena a todo lo que acababa de suceder en mi mundo.
Luna:¡César! Mira lo que me compré -me mostró unas pulseras, moviéndolas para que brillaran bajo la luz.
Yo me forcé a sonreír, inclinándome para besarle la frente.
-¿Lista? -pregunté con la voz más neutral que pude.
Ella asintió, feliz, sin notar nada raro.
De camino al carro, me hablaba de la escuela, de sus amigas, de un chico que le gusta. Yo asentía de vez en cuando, respondía con frases cortas, pero por dentro estaba muy lejos.
Porque esa frase no dejaba de rebotar en mi cabeza, clavándose como espinas imposibles de arrancar:
"Antes de que dejara de amarme, preferí pedirle un tiempo."
Eso era lo que ella creía de mí. Que mi amor había empezado a desvanecerse.
Y yo... yo no sabía cómo cargar con ese peso.
Amarla era lo más natural del mundo para mí. No había un solo día en el que no pensara en ella, en el que no quisiera abrazarla, besarla, recordarle lo que significaba para mí. Pero me había guardado tanto, había callado tanto, que quizá le hice creer lo contrario.
Ahora entendía su miedo, pero eso no hacía que doliera menos. Al contrario, lo hacía insoportable. Porque mientras ella dudaba de mi amor, yo sentía que cada segundo que pasaba sin ella me arrancaba un pedazo más de alma.
Manejando hacia casa, escuchaba la voz de Luna de fondo, pero en realidad mi mente estaba en otra parte, dando vueltas en un mismo punto: cómo hacerle entender que nunca dejé de amarla, que nunca la solté, ni siquiera en los días más oscuros.
El problema era que, aunque yo lo supiera, aunque estuviera grabado en mis huesos, ella ya había decidido alejarse. Y si lo hizo por miedo, ese miedo ahora también se había instalado en mí: el de que nunca volviera.
La amaba. Con todo lo que soy, con todo lo que tengo. Y no había peor condena que saber que ella pensaba lo contrario.
Las amo chulas, vayan a seguirme a Tiktok!
@addabuc
Esta igual que aquí preciosisimas, voy a estar subiendo spoilers y contenido súper wow.
Creo que nunca eh dicho por aquí lo feliz que estoy
por el regreso de los plebes. A las que
podrán ir o han ido a estos conciertos que tendrán disfrutenlo mucho!.
Que guapote que esta el César, ojalá que me haga un hijo.🙏🏻
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𝙎𝙞,𝙎𝙞 𝙚𝙧𝙚𝙨 𝙩𝙪 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣}
Romansa𝙋𝙚𝙧𝙢𝙞𝙩𝙚𝙢𝙚 {𝘾𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙋𝙖𝙧𝙧𝙖 𝙮 𝙏𝙣} 💌𝑺𝒆𝒈𝒖𝒏𝒅𝒂 𝑻𝒆𝒎𝒑𝒐𝒓𝒂𝒅𝒂💌 -Y es que eres tú La mujer que yo soñaba Que algún día me acompañara Y poderla presumir [...] No fue falta de amor. Fue falta de palabras. Entre silencio...
